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jueves, 23 de julio de 2026

LAMINE YAMAL: MUCHO MÁS QUE UN GRAN TALENTO, DICE "TIME"



La prestigiosa revista Time en su edición de África ha dedicado su portada al jugador de la selección española y del Barcelona Lamine Yamal, después de que La Roja haya ganado su segundo Mundial, tras derrotar a Argentina (1-0). "Mucho antes de que sonara el primer silbato en la Copa Mundial de la FIFA 2026, ya se estaba librando otra batalla. No era una batalla por el trofeo. Era una batalla por la identidad", dice el artículo, que destaca que "el fútbol siempre ha sido más que un juego".  "Ha reflejado a las sociedades en sus momentos de mayor esperanza, de mayor división y de mayor unidad. Durante noventa minutos, los debates abstractos se vuelven profundamente humanos. Tienen rostro. En 2026, ese rostro era el de Lamine Yamal", afirma Time, que asevera que el futbolista "se convirtió en una de las figuras clave del triunfo de España en el Mundial" y "llegó a representar un debate más amplio sobre la identidad, la herencia cultural y el significado cambiante de la pertenencia nacional". "Esta nunca fue simplemente la historia de un futbolista excepcional. Fue la historia de una generación", se dice en el artículo, que pone de relieve una realidad: "Cuando estos jugadores triunfan, suelen ser aclamados como héroes nacionales. Cuando atraviesan dificultades, las preguntas sobre identidad y pertenencia pueden resurgir con sorprendente rapidez. Los criterios que se les aplican no siempre son los mismos que se aplican a otros que visten la misma camiseta". Time resume el asunto con una frase contundente: "La historia de Yamal es importante no porque sea excepcional, sino porque cada vez es más común". "Una de las ideas erróneas más persistentes en torno a la identidad moderna es la creencia de que debe ser singular. Como si el orgullo de ser español disminuyera la herencia ecuatoguineana. Como si representar a Inglaterra debilitara la ascendencia jamaicana o nigeriana. Como si jugar para Francia borrara las raíces familiares senegalesas, argelinas o congoleñas. La identidad humana nunca ha funcionado así", se asegura. La revista insiste en la idea de que la relevancia de Yamal va mucho más allá de lo puramente futbolístico porque "representa algo más que un extraordinario talento":  "Representa a una generación que crece en sociedades cada vez más interconectadas, diversas y seguras de sí mismas, que heredan múltiples legados. Su historia desafía la idea de que las naciones poseen una sola identidad o una sola narrativa. La historia sugiere que nunca fue así. La vida moderna hace que esta realidad sea imposible de ignorar".

HUFFPOST  DdA, XXII/6415


martes, 21 de julio de 2026

LA SELECCIÓN ARGENTINA ES UNA VERGÜENZA: NO SABE GANAR NI PERDER


Como lector habitual del diario argentino Página/12, de tendencia progresista, lamento que cuanto se refiere al marrullero y agresivo Mundial disputado por la selección de aquella república, glosado en el siguiente artículo, no se refleje para nada en el citado periódico. Antes al contrario, se elogia el campeonato jugado por la albiceleste, una selección que no sabe ganar ni perder, dejando pendiente que la FIFA sancione con el rigor que merece su actitud al final del partido disputado frente a la selección española.

Nejemye Tenenbaum

He defendido al equipo argentino cuando mereció ser defendido, pero no hay apología por la ruin, racista y agresiva actitud de sus jugadores. Una pauta de comportamiento no solo en esta copa del mundo. En el mundial de Qatar, el Dibu hizo un gesto obsceno frente al representante qatarí, colocando su trofeo en la entrepierna, como si estuviera en un tabledance. Después, en los festejos en Buenos Aires, sostuvo en sus manos un muñeco negro con cara de Mbappé, un gesto racista. En los festejos después de ganar la Copa America en el 2024, cantaron himnos racistas y homofóbicos en el autobús, con tal desvergüenza que incluso Enzo Fernández los publicó en un video en su cuenta de Instagram. La cantidad de faltas agresivas que cometieron en este mundial fue grotesca, los árbitros los ayudaron en muchos partidos, esto reconocido por la mayoría de los comentaristas deportivos en todo el mundo. Jugaron un partido final, pobre, al contrario de una España digna, fina y en general caballerosa, y además de perdonarles una expulsión y anularle un gol válido a España, se enojaron por perder y se dedicaron a golpear a los jugadores españoles. Esto no bastó, cuando España fue galardonada con la copa, los jugadores argentinos les dieron la espalda. Parece que Argentina no sabe ni ganar ni perder, cuando ganan y cuando pierden se comportan igual, como rufianes y bullies. Es una vergüenza y su público y seguidores deberían reprocharlo, algo que no veo en redes. Es importante ganar, pero siempre honorablemente, siempre, no a base de favoritismos, corrupción y golpes.

DdA, XXII/6413

GANÓ KEYNE YAMAL


Quizá el destino de Lamine Yamal sea malgastar su fortuna y su talento entre fiestas de aduladores y novias deslumbrantes. Quizá. Pero a mí me gusta ver que la estrella de España es un chico que levantó una bandera palestina. Solo es un gesto, como lo es bailar con su hermano pequeño, Keyne Yamal. O como lo es el de Nico Williams, entregando la medalla a su madre, que tuvo el valor de cruzar el Sahara para terminar saltando la valla de Melilla.

David Pablo Montesinos

No estoy en condiciones de emitir una opinión sesuda sobre la final mundialista porque aún no he visto el partido. Digo “aún” porque tengo la grabación y supongo que en algún momento me la pondré. Pero no, no lo vi en directo.
Hay un primer motivo, y es que con eso de la tdt, la radio, movistar y los demás formatos ya no sé muy bien qué significa eso de “en directo”. Lo que puedo decirles es que durante el campeonato me he enterado de los goles de España como diez o doce segundos antes de verlos en mi pantalla, pues quienes disponen de otros canales me lo hacen saber a gritos.
El segundo es menos confesable. Recientemente mi cardiólogo me dijo que me cuidara la tensión, llámenme cobarde. Verán. Yo puedo ver perder a mi equipo sin grandes dramas, entre otras cosas porque he encajado demasiadas derrotas -futbolísticas y de las otras, que duelen más- como para ahora volverme pusilánime con una tontada tan grande como es esto del fútbol. Tuve sin embargo durante la semana el presentimiento de que pasaría lo que finalmente pasó. Bajo la excusa del “dejar jugar”, la FIFA, que lleva medio siglo pareciéndome una organización corrupta, alecciona a los árbitros para que “no se carguen los partidos”, lo cual termina beneficiando a los violentos y daña seriamente al fútbol.
Soy crítico con aquellos que confunden el fútbol con la vida. “Nuestra felicidad es efímera e ilusoria, pero ¿qué felicidad no lo es?”, he leído a una amiga argentina en estos días. Por supuesto que amamos, lloramos y sonreímos desde la pura fantasía, como cuando nos emocionamos con un poema o sufrimos el rechazo de alguien a quien queríamos. No obstante, conviene aterrizar de vez en cuando, debemos saber que el malestar de la gente está asociado a cuestiones como tener un techo, no ver a tus hijos pasar hambre o disponer de un seguro médico. Me alegró mucho el gol de Ferrán Torres, pero lo cambiaría por ver desaparecer a tipos como Trump, o puestos a mirar a la Argentina, al espantajo de Milei.
A riesgo de contradecirme voy a aprovechar el momento para decir algo que quizá haya más españoles dispuestos a escuchar en este momento, aunque solo sea porque por un rato baja el suflé de la polarización y el sempiterno encono de las dos Españas. No creo que haya que ser buena gente para ganar al fútbol, como no lo es para ser rico o para ganar Miss Universo. Pero es que este equipo que dirige un señor tan normal y sensato como Luis De La Fuente tiene la virtud de ganar exhibiendo valores admirables, como ya advertí hace dos años cuando ganó la Eurocopa. Me gusta ver la naturalidad sin excesos con la que los jugadores celebraron el título. No es ejemplar volverse loco señalando tus partes al público cuando marcas un gol, humillando a los oponentes o besando en la boca a una señora que no te lo ha pedido. Resido en un barrio donde demasiada gente vive convencida de que para sobrevivir hay que ser tramposo, duro y despiadado. Este campeonato del mundo ha derrotado esa ideología. Y quien tenga problemas de vocabulario que a esto le llame “buenismo”.
Quizá, después de todo, no vayamos por tan mal camino como nos dicen que vamos todos los días los fanáticos que han decidido que la única España que mola es la que a ellos les gusta y que un gobierno progresista es algo intolerable. Este equipo contiene vascos y catalanes, negros y magrebíes, conservadores y rojos. Un delantero que defiende al colectivo lgtbi tuvo las santas narices de saludar con evidente hostilidad a un presidente norteamericano que exhibe conductas criminales con la misma estupidez con la que no sabe apartarse de una foto donde no debe estar.
Quizá el destino de Lamine Yamal sea malgastar su fortuna y su talento entre fiestas de aduladores y novias deslumbrantes. Quizá. Pero a mí me gusta ver que la estrella de España es un chico que levantó una bandera palestina. Solo es un gesto, como lo es bailar con su hermano pequeño, Keyne Yamal. O como lo es el de Nico Williams, entregando la medalla a su madre, que tuvo el valor de cruzar el Sahara para terminar saltando la valla de Melilla.

DdA, XXII/6413

lunes, 20 de julio de 2026

A MENOS FÚTBOL, MÁS BARRO. Y ESO LO PERMITIÓ EL ÁRBITRO



España levantó la copa con talento, hielo en las venas y la cabeza erguida, firme ante la podredumbre de un rival que le dio la espalda durante la entrega.
Quedó la copa en manos españolas, Paredes atrapado en su caricatura de matón, Messi alejándose con la cabeza gacha, entre lágrimas, como Scaloni, y el vestuario argentino todavía oliendo a lo que ninguna victoria o copa logra lavar: mierda moral. Y todo esto me pone muy triste

Carlos G. Pranger

Argentina (hablo de la selección de fútbol y no de un país) tiró la final sobre el mostrador avinagrado de un bar de la A92, hecha un trapo grasiento y descolorido. Patético. Entraba la derrota en las quinielas, es cierto, aunque el revolcón en la basura existió por pura voluntad. Hacer el jabalí (los puercos me perdonarán) fue una decisión. Ese retrato terminó siendo exhibido en directo ante todo el planeta. España opuso fútbol, pulso firme y cabeza fría. Argentina prefirió repartir tarascadas, cocotazos, saliva y el matonismo de la última copa en la discoteca del pueblo.
El partido murió ahogado entre empujones y gestos de barra brava.
A menos fútbol, más barro. Y eso lo permitió el árbitro.
El orgullo argentino terminó por convertirse en una incapacidad para aceptar la derrota. Convirtieron el fracaso en gresca. Leandro Paredes encarnó la peste. Desde que pisó el campo —Scaloni lo sabía— ejerció de matón: entradas destempladas, codazos a escondidas, insultos al oído, la sonrisa del acomplejado que busca la bronca para tapar que no distingue que el balón es redondo. Una masculinidad de saldo, podrida de resentimiento.
A su alrededor, la cuadrilla aceptó el barro, encabezada por Otamendi —del origen de su apellido mejor callo y pienso en el ejemplo de Oyarzabal—, y se amontonó para encararse, para morder, para arañar en una agonía patética. Ganar admite imposturas; perder muestra la educación de un equipo. En esa prueba, Argentina quedó desnuda. Y en el centro de la quema permanecía Lionel Messi.
El tipo asistió al naufragio con las manos en los bolsillos.
Su adiós exigía otra dignidad. Acabó envuelto en cocotazos, empujones y aspavientos. En el momento exacto de exigir autoridad, Messi eligió la cueva. Es un genio con la pelota en los pies y un tullido cuando el juego pide liderazgo moral. Anticipa espacios invisibles, resuelve en un milisegundo las jugadas más complejas; no obstante, frente al colapso, prefiere la mudez. Aquel silencio escondía la más pura cobardía.
Mantuvo el mentón hundido en el pecho, los brazos caídos, la mirada fija en el césped manchado. Omitió las órdenes a los suyos, esquivó frenar la jauría, ahogó cualquier palabra capaz de salvar el honor de la camiseta. Eligió el rol de Tiresias. Compartió vestuario con Carles Puyol durante una larga década. Puyol mandaba con el pecho, pese a su cortina de rizos, con la garra, con un berrido a tiempo que frenaba al compañero irrespetuoso, que defendía la camiseta enfrentándose a los suyos si rebasaban la dignidad. Jamás habría permitido lo de ayer. Messi absorbió los títulos e ignoró la lección.
Domina la pelota; la habitación le resulta enorme.
Slavko Vinčić ejerció de cómplice. Llegó tarde a cada hachazo. Anuló goles legales. Permitió la pudrición del partido entre pechazos, amenazas y saliva. Un árbitro existe para imponer orden; el esloveno prefirió esconderse tras el silbato, temblando ante la jauría que él mismo había soltado. Dejó la final a la intemperie. La autoridad le desbordó por completo.
¿Cómo elige la FIFA a un árbitro así, con sus “problemas” legales pasados? Pensándolo bien, es solo el reflejo del mundo de los sabinianos de turno que tanto padecemos: falta de escrúpulos y rapiña en la moqueta. Porque en la moqueta del palco los carroñeros buscaban su tajada. Donald Trump inflaba el tórax entre los focos, convirtiendo la violencia del césped en un circo. La política recurre al fútbol para legitimar su autoridad: el opio del pueblo. La sombra del ausente Javier Milei también flotaba sobre la escena, usando al equipo como salvavidas de su gestión. Ante el desastre social, el poder se agazapa en el vestuario y rapiña la emoción para convertirla en propaganda.
España levantó la copa con talento, hielo en las venas y la cabeza erguida, firme ante la podredumbre de un rival que le dio la espalda durante la entrega.
Quedó la copa en manos españolas, Paredes atrapado en su caricatura de matón, Messi alejándose con la cabeza gacha, entre lágrimas, como Scaloni, y el vestuario argentino todavía oliendo a lo que ninguna victoria o copa logra lavar: mierda moral.
Y todo esto me pone muy triste.

DdA, XXII/6412

viernes, 17 de julio de 2026

PEPE LEGRÁ, QUE PARECÍA FELIZ SIEMPRE



Valentín Martín

El abuelo no pudo salvar su vida esta vez. Así que cuando se fue a los 19 años, la madre abrió la agenda de aquella chica hermosísima para buscar a los amigos y avisarles. Uno tras otro fue marcando los números de teléfono. Y descubrió con horror que no contestó ninguno: todos habían muerto antes que su hija.
Por entonces ya se había adueñado de nosotros la cultura de la muerte frecuente y silenciosa, esa que está en su apogeo ahora. Yo mismo me asombro de haberme sobrevivido tantas veces. Y perdí la cuenta de las perplejidades al repetir íntimamente el gesto maternal de la chica hermosa. Cada mañana pregunto y me encuentro con una nueva noche.
Hoy ha sido Pepe Legrá, el niño más pobre de Cuba que dejó atrás la revolución y aquí se hizo rico y alegre. Ningún hijo amó más a su madre. Ningún hombre fue amado por tantas mujeres. Nadie abrió las puertas de su casa a tantos exiliados. Una casa grande con el lujo que ahora buscan los fondos buitres para los millonarios dudosos.
El silencio llegó muy pronto. Y el desalojo de la idolatría popular fue abrupto. De nuevo se ha repetido el pie del tigre. Y su muerte le ha pillado viviendo en una residencia de ancianos pagada por amigos periodistas o no, pero que esta vez estuvieron fuera del fulgor y las crónicas.
Pepe Legrá se creía dios en su oficio y lo era. Parecía feliz siempre, y esa manera ayudó a aproximarse a la felicidad a muchos.
Extrañamente, ha vivido hasta los 90 años.

DdA, XXII/6410

miércoles, 15 de julio de 2026

EL FÚTBOL ASOCIACIÓN DA A "LA ROJA" SU VICTORIA FRENTE A FRANCIA

 

Fernando Broncano tiene la amabilidad de facilitarnos lo que se publica en el diario inglés The Guardian, con estas líneas a modo de introducción: "Tiene razón Santiago Alba Rico ("España", Lengua de Trapo, 2021) en que en lo único que no discuten los españoles es en la Selección. Dejo aquí el análisis de The Guardian que, como casi toda la prensa internacional, solo habla de los franceses y poco de las virtudes de un equipo que es capaz de hacer que grandes estrellas como Lamine Yamal se ofrezcan como defensas y recuperadores y cedan su genio al servicio del grupo. Un partido para mostrar en las clases y explicar por qué los griegos consideraban el deporte como un espacio sagrado donde se suspendían los conflictos. Un lugar de reparación, si cabe, de la humanidad herida".

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Didier Deschamps paga el precio de haberse liberado de las ataduras que le llevaron a la gloria

Jonathan Wilson en el estadio de Dallas
Francia por fin dio rienda suelta a todo su poderío ofensivo en este torneo y, sin embargo, cuando llegó la gran prueba contra España, se mostró demasiado expuesta
Miércoles, 15 de julio de 2026, 00:22
Quizá Didier Deschamps tuviera razón todo este tiempo. Durante sus 14 años al frente de la selección francesa, ha sido criticado por ser demasiado cauteloso, por dar prioridad al control y por no dar rienda suelta a su gran plantilla de jugadores ofensivos. En este torneo, el último como seleccionador nacional, Deschamps se ha relajado —al menos desde el punto de vista táctico; en sus declaraciones públicas sigue siendo tan gruñón como siempre—. Francia ha desplegado un fútbol magnífico en las últimas semanas, pero a la hora de la verdad, frente al primer equipo verdaderamente de élite al que se enfrentó, se vio arrollada. A Francia le habría venido bien ser un poco más «Deschamps».
La paradoja de este torneo fue siempre que, cuanto mejor jugaba Francia, más desperdiciados parecían los ocho años transcurridos desde que ganó el Mundial. La admiración por su excelencia ofensiva en Estados Unidos se ha visto atenuada por una sensación de pesar por la belleza y la alegría potenciales que la terquedad de Deschamps le ha negado al mundo durante la última década. Esta era la Francia que podría haber sido todo ese tiempo, jugando con brío y estilo, evocando una comparación legítima con la gloriosa Francia de principios y mediados de los 80.
España llega a la final del Mundial tras la derrota de una lamentable Francia a manos de Oyarzabal y Porro
Ahora sería exagerado decir que están a la altura de la Hungría de 1954, la Holanda de 1974 o la Brasil de 1982 como una de las mejores selecciones que no han ganado el Mundial, pero hubo un momento, antes de la victoria por 1-0 sobre Paraguay en octavos de final, en el que esa comparación podría haber parecido acertada.
Deschamps deja el cargo tras haber ganado un Mundial y haber alcanzado otra final y otra semifinal. Llegó a una final y a una semifinal de la Eurocopa. Llegar a las semifinales de cinco grandes torneos a lo largo de un periodo de 14 años suena como un logro extraordinario y, en cierto modo, lo es. Pero Deschamps ha tenido la suerte de contar con generación tras generación de jugadores extraordinarios; un trofeo con esos jugadores es quizás lo mínimo que cabría esperar. Y existe el argumento, expresado con mayor vehemencia por quienes se han cansado de su «futbol labeur», de que Deschamps, a pesar de todo su aparente éxito, frenó el avance de Francia.
¿Por qué, entonces, cambió de enfoque? Algunos lo han descrito como el pragmático por excelencia, comprometido ni con el control ni con un estilo más improvisado, sino simplemente con lo que parecía mejor con los jugadores de que disponía. El cambio radical en las percepciones es indicativo de lo poco características que han parecido las selecciones de Deschamps.
En la Eurocopa de hace dos años, Francia era considerada un equipo adusto y defensivo, que practicaba una versión poco atractiva del «fútbol de torneo» que la había llevado al Mundial de 2018, mientras que España era la versión renovada y brillante del juego de posición, capaz de mantener la posesión en el centro del campo pero realzada por la velocidad y la franqueza de sus extremos. Pero en este torneo, mientras Francia brillaba, ha sido España —con sus opciones ofensivas por las bandas mermadas por las lesiones— la que ha asfixiado a sus rivales.
Si se incluye la Liga de Naciones, son tres torneos consecutivos en los que España ha vencido a Francia en semifinales, un triunfo del fútbol de proceso.
Kylian Mbappé ha protagonizado otro torneo memorable, pero el cuarteto ofensivo fue neutralizado con facilidad por España.
Se ha barajado la teoría de que Deschamps se ha visto obligado a replantearse su estrategia por la evidente brillantez de sus opciones creativas, y quizá eso sea cierto, pero Francia ha contado con grandes opciones ofensivas —quizá no tantas ni tan variadas como las que tiene ahora— durante al menos la última década. Deschamps siempre pareció reacio a dejar que sus delanteros simplemente jugaran, a soltar el freno de mano; este partido fue la demostración perfecta de por qué.
Solo había dos dudas en esta selección francesa: en el centro del campo y en el lateral izquierdo. Fue una desgracia que precisamente esas posiciones coincidieran con los dos puntos fuertes de España. En el sentido más obvio y directo, el penalti se produjo cuando Lamine Yamal provocó una torpe falta de Lucas Digne, pero, en un nivel más fundamental, fue el resultado del dominio de España en el centro del campo.

DdA, XXII/6408

viernes, 10 de julio de 2026

MOHAMED SALAH NO SÓLO ES EL MEJOR FUTBOLISTA AFRICANO DE LA HISTORIA


Ana Cardo 

Se dice de Mohamed Salah que es el mejor futbolista africano de la historia, pero es menos conocido lo que el destacado futbolista egipcio, actualmente en la plantilla del Liverpool, ha gestionado con su fortuna personal. Salah financió de su propio bolsillo la construcción de escuelas, hospitales y redes de agua potable en Nagrig, su pueblo natal, mitigando drásticamente la pobreza de su comunidad al rescatar a cientos de familias vulnerables. A través de su fundación benéfica, el delantero egipcio ha transformado por completo la infraestructura de su región de origen, garantizando el acceso a una educación digna y a servicios de salud especializados, sin costo alguno para los habitantes de escasos recursos. Además de estas obras, Mohamed Salah entrega pensiones mensuales estables y subsidios financieros directos a madres solteras, enfermos y personas en situación de extrema precariedad, convirtiéndose en un motor de desarrollo social y un símbolo de generosidad que demuestra la solidaridad efectiva con los más desfavorecidos a la que se puede llegar a través del éxito deportivo de un solo futbolista. Ha tenido que ser a través de un Mundial de fútbol, en el que la selección de Salah fue eliminada injustamente por la selección argentina, para que sepamos que no sólo hay capacidad de lucha, entrega y buen fútbol en la selección egipcia. También hay corazón de arraigo, solidaridad con la gente más necesitada y memoria natal o de clase de la que se procede.

DdA, XXII/6403

domingo, 17 de mayo de 2026

INDIGNANTE: A TIROS CON UN IBIS EREMITA EN PELIGRO DE EXTINCIÓN

 


ECOLOGISTAS EN ACCIÓN

El cadáver de Hel, un ibis eremita de un año y medio, con un disparo mortal. Hel había nacido en Austria. En octubre de 2023, junto a otros 34 ejemplares, completó un viaje de más de 40 días seguido el ultraligero con parapente amarillo de Johannes Fritz, director del proyecto LIFE-NBI de la UE. Lo criaron Helena Wehner y Barbara Steininger, vestidas de amarillo para que las aves las identificaran como su madre. Cruzaron Europa. Aterrizaron en Cádiz, donde ibis eremitas reintroducidos forman una colonia de más de 300 ejemplares. Hel, sin embargo, era un explorador. Se alejó hacia Badajoz. Y allí, alguien con un arma decidió que su vida no valía nada. La denuncia la ha presentado Ecologistas en Acción. Piden la suspensión de la actividad cinegética en ese coto. El responsable del proyecto, Miguel Ángel Quevedo, veterinario del Zoobotánico de Jerez, no puede contener la indignación: "Después de todo el esfuerzo, de los recursos tanto humanos como económicos invertidos, de la implicación emocional de sus criadores con ellos, ocurre esto... Quien hace eso no es un cazador, es un descerebrado". La muerte de Hel no es solo una tragedia local. Es un símbolo del conflicto entre conservación y tradición. El ibis eremita es una especie en peligro de extinción. Desapareció de Europa hace tres siglos. Las poblaciones actuales proceden de reintroducciones de ejemplares de zoológicos. Cada pájaro cuenta. Cada muerte es un revés. Y la de Hel es particularmente dolorosa porque representa el fracaso de la educación ambiental: alguien vio un ave protegida, con un anillo en la pata, y decidió disparar. No por hambre, no por defensa propia, sino porque sí. Porque se puede. Porque en un coto de caza, todo lo que vuela es un objetivo.

El artículo, un reportaje desolador pero bien documentado, narra los hechos y el contexto. El proyecto de reintroducción del ibis eremita es uno de los más ambiciosos de Europa. Las aves son criadas en cautividad y entrenadas para seguir ultraligeros en sus primeras migraciones. El objetivo es que aprendan la ruta y luego la realicen por sí mismas, conectando las poblaciones de Austria y España. Hel había cumplido su parte. Llegó a Cádiz. Sobre el invierno. Pero luego, como tantos jóvenes exploradores, quiso ver más allá. Acabó en Extremadura, a 200 kilómetros de la colonia. Y allí, un cazador (o alguien que se hace llamar cazador) lo mató. No es el primer ibis eremita muerto por disparos. Otros han caído electrocutados o atropellados. Pero la muerte por bala es especialmente cruel porque es evitable. No hay necesidad de disparar a un ibis. No es una plaga. No es una amenaza para la ganadería. Es un ave protegida, reconocible (negro brillante, pico curvo, cresta erizada). Quien lo mató sabía lo que hacía. O debería haberlo sabido. La legislación española prohíbe cazar especies protegidas. Las penas pueden incluir prisión. Pero los cazadores suelen alegar "error de identificación". En este caso, parece difícil equivocarse. El ibis eremita no se parece a ninguna otra ave cinegética en Extremadura.

Las consecuencias ecológicas y morales de esta noticia son un aldabonazo contra la impunidad. Ecológicamente, la muerte de Hel reduce la diversidad genética de la población reproductora. Cada ibis cuenta en una especie que aún está lejos de ser segura. La población española tiene más de 300 ejemplares y 48 parejas reproductoras, un buen número, pero insuficiente para garantizar la supervivencia a largo plazo. La mortalidad juvenil ya es alta (50% en el primer año). Añadir muertes por disparos es añadir una presión innecesaria. Moralmente, la noticia es una vergüenza colectiva. Los proyectos de reintroducción requieren años de trabajo, financiación europea, dedicación personal de biólogos y voluntarios. Hel era un embajador de su especie. Su viaje en ultraligero había sido noticia internacional. Su muerte debería serlo también. Pero los cazadores (o al menos las asociaciones de cazadores) suelen guardar silencio o minimizar estos incidentes. No piden disculpas, no colaboran en las investigaciones. El coto de Fregenal de la Sierra, si no se toman medidas, seguirá funcionando. Y otros ibis podrían correr la misma suerte.

¿Hay esperanza? La esperanza realista está en la presión social y judicial. La denuncia de Ecologistas en Acción puede llevar a una investigación. Si se identifica al autor, podría enfrentarse a penas de prisión. La suspensión temporal del coto sería una medida ejemplarizante. La esperanza también está en la educación. Las campañas de sensibilización dirigidas a cazadores pueden reducir los errores de identificación y los disparos "por diversión". La esperanza más poderosa es que el proyecto del ibis eremita continúe. A pesar de Hel, otros 36 ibis llegaron a España en 2024. La colonia de Cádiz sigue creciendo. La población de Marruecos (la única silvestre del mundo) ha pasado de 48 parejas a cerca de 180 gracias a los esfuerzos de conservación. La especie ha salido de la categoría de "peligro crítico" a "en peligro". Es un avance. La muerte de Hel no lo revertirá, pero es un recordatorio de que la conservación no termina en la suelta. Termina cuando la sociedad entera respeta a los animales. Y eso aún no ocurre.

La pregunta que Hel, con su cuerpo sin vida y su anilla de seguimiento, nos lanza desde el coto de caza extremeño es un graznido de dolor: ¿Cuántos ibis más tendrán que morir a tiros para que los cazadores entiendan que no todas las aves son piezas de caza? La respuesta, desgraciadamente, es "muchos". Porque la cultura cinegética está arraigada. Porque muchos cazadores ven el campo como un campo de tiro. Porque la educación ambiental es insuficiente. Hel no murió por un accidente. Murió porque alguien quiso matar algo, y lo que tenía delante era un ibis. No importaba que fuera raro, protegido, valioso. Importaba que volaba. Y estaba en su punto de mira. Ojalá el autor se arrepienta. Ojalá la justicia actúe. Ojalá los cazadores de Extremadura reflexionen. Pero la única garantía es que no habrá justicia para Hel en el sentido literal. Ya está muerto. Su viaje, truncado. Su potencial reproductor, perdido. Lo único que podemos hacer es contar su historia. Y que sirva para que otro ibis no corra la misma suerte. Eso, si acaso, sería un final digno. Pero no es suficiente. Nunca lo es. Hel merecía volver a Austria. Merecía criar. Merecía vivir. Los cazadores que lo mataron le robaron todo eso. Y a nosotros, también. Porque la pérdida de un ibis es la pérdida de un pedazo de esperanza. No podemos permitir que se repita. No podemos. Hel, descansa en paz. Ojalá tu vuelo final no haya sido en vano.

DdA, XXII/6347

lunes, 11 de mayo de 2026

LEELA, LA PERRA DE ECHENIQUE

La imagen es simpática. Seguro que se va a quedar con Pablo para siempre. Vaya para él un abrazo, porque nos consta que el adiós habrá sido duro. Esa mirada se nos queda dentro y sólo muere con nosotros.

Pablo Echenique

Anoche se nos fue Leela. Estuvo por aquí un poquito más de ocho años y no paró de dar compañía, amor y felicidad ni un solo día. Dejó el mundo mejor que como se lo encontró —algo que bien podría ser el sentido de la vida— y lo hizo como lo hacen ellos: como si fuera sin querer y sin pedir nada a cambio.

Leela quiso y fue querida, corrió por un montón de campos y se bañó en un montón de ríos. Jugó mil veces con su hermano Luffy y muchas más veces todavía nos pidió comida, con esa mirada que cualquiera que la haya visto sabe que no se le puede decir que no. Como yo no se la puedo dar con la mano, aprendió a cogerla de mi boca como si fuera un pajarito. La habilidad con la que apoyaba las dos patas delanteras en la silla para hacer la maniobra era propia de un gato.
Y no es lo único que tenía Leela de gato. Tenía la lengua un poco áspera, una querencia por la soledad poco frecuente en perritos y una lista inusualmente pequeña de comidas aceptadas que escapaba a la comprensión de Luffy, que se lo come absolutamente todo sin dudar ni un segundo. Salía corriendo cuando había un ruido fuerte y había convertido la parte de abajo de mi cama en su primera vivienda.
A Leela gustaba correr al galope hasta perderse y acechar a Luffy como si ella fuera un depredador y él un gran herbívoro. Le gustaba revolcarse por la tierra y tuvo una temporada en la que eso incluía caca y animales muertos, porque Leela también era un poco terrorista a su manera. Nos hizo reír un montón de veces con su personalidad y vamos a seguir sonriendo cuando la recordemos.
Leela era noble, inteligente, única y buena y los que hemos tenido la inmensa suerte de haberla conocido nunca la vamos a olvidar.

DdA, XXII/6342

jueves, 7 de mayo de 2026

EL DESPATARRE PUEDE SER UNA ENFERMEDAD GRAVE, COMO EL CRETINISMO


Tico Pelayo

El famoso manspreading es una conducta que describe a tipos que se sientan despatarrados invadiendo los espacios de asientos ajenos en autobuses, metros, cines, salas de espera... Pero es algo más que una cuestión de espacio, de comodidad o de educación. Es también, sobre todo, una cuestión de jerarquías. Es una demostración de poder.
A ellas se les enseña desde pequeñitas a sentarse como si sujetaran una aspirina entre las rodillas. A nosotros, en cambio, nos han hecho creer que al despatarrarnos no estamos invadiendo un espacio ajeno porque todo espacio nos pertenece. Especialmente si ese espacio es el de ellas.
Así que tíos, si tenéis los huevos tan gordos que no podéis cerrar las jodidas piernas al sentaros, id al médico porque la orquitis puede ser síntoma de una enfermedad grave.
Como el cretinismo.

DdA, XXII/6338

jueves, 2 de abril de 2026

LA SEMANA SANTA, RECICLADA EN FOLKLORE DE INTERÉS Y BENEFICIO TURÍSTICO

Semana Santa y Televisión: emociones cuidadas e historia borrada

Desde 1939, las procesiones convivieron con liturgias militaristas, fascistas falangistas y nacionalcatólicas. Muchas cofradías fueron fundadas o reactivadas por excombatientes y la Semana Santa sirvió para reproducir el imaginario “cruzadista” con apoyo de la Iglesia. Con la Transición el fenómeno procesional sufrió una profunda resignificación. La liturgia, despojada de su función doctrinaria, fue apropiada por discursos municipales, identitarios y patrimoniales. La categoría de “bien cultural” o de “interés turístico internacional” sustituyó la antigua idea de cruzada. El autor del artículo cree llegado el momento de dejar de narrar la Semana Santa exclusivamente como un episodio de fervor colectivo y empezar a contarla también como un producto histórico, nacido del enfrentamiento entre la Reforma y la Contrarreforma, reutilizado por una dictadura y ahora reciclado en folclore de gran interés y beneficio turístico.

El dictador Francisco Franco durante la Semana Santa
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Lucio Martínez PeredaNueva Revolución

La Semana Santa española, lejos de constituir únicamente una manifestación religiosa o una expresión estética del barroco popular, ha desempeñado históricamente un papel político e ideológico de primer orden. Desde la consolidación del catolicismo como religión de Estado en la monarquía confesional de los Austrias, las procesiones y los rituales penitenciales fueron concebidos como pedagogías públicas de la fe y del orden social. A través de ellas se escenificaba la jerarquía, la obediencia y el ciclo del sufrimiento redentor como fundamentos simbólicos del cuerpo político.

Esta dimensión política del ritual adquirió una nueva intensidad durante el franquismo. El régimen entendió la Semana Santa como una de las matrices simbólicas de la “nacionalcatolicidad”: una síntesis entre religión y patria destinada a legitimar el nuevo Estado surgido de la guerra civil. A partir de 1939, numerosos organismos oficiales -desde las diputaciones provinciales hasta la Delegación Nacional de Propaganda- impulsaron la reorganización de hermandades y cofradías, integrándolas en el aparato ideológico del régimen. La religión popular, especialmente en Andalucía y Castilla, se revalorizó como expresión del alma nacional, mientras que los pasos procesionales se convirtieron en alegorías vivas del sacrificio, el heroísmo y la sumisión a la autoridad.

En las crónicas de la época, la imagen del Cristo redentor y de la Dolorosa fue utilizada con frecuencia para representar la España “martirizada y resucitada” por la defensa de la fe frente al “ateísmo rojo”. En ciudades como Sevilla, Valladolid o Zamora, la procesión se acompañaba de actos cívico-religiosos presididos por autoridades militares y civiles. En ese contexto, la Semana Santa funcionaba como una liturgia política: el desfile no solo convocaba a la devoción, sino que reproducía, en el espacio público, la representación jerarquizada del régimen.

Durante la Segunda República (1931-1936) la derecha española había manipulado las cofradías y hermandades para boicotear o suspender procesiones de Semana Santa en varias ciudades (en Andalucía: Sevilla, Málaga o Granada, y en Castilla : Zamora). El objetivo era culpabilizar a las autoridades republicanas de “persecución religiosa”, generando una narrativa victimista que deslegitimaba el régimen. Esta estrategia involucró a consiliarios eclesiásticos, sacerdotes en homilías, asociaciones católicas (como la Asociación Nacional de Propagandistas Católicos), prensa afín a la Iglesia y prelados. Se usó para movilizar electoralmente al votante de derechas, especialmente en 1933, presentando las leyes secularizadoras como un ataque directo a la fe (y no solo al poder institucional de la Iglesia).

Cartel propagandístico en la prensa local sevillana en 1933
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En Sevilla los boicots pese a garantías oficiales, apoyados por el cardenal Ilundain, y propaganda con octavillas como “Por causa de laicos y masones no salen las cofradías”. En Zamora (1933), las autoridades eclesiásticas suspendieron las procesiones coincidiendo con periodo electoral como maniobra para captar voto femenino. Esta propaganda creaba “lazos comunitarios” alrededor de la idea de ultraje a la religión y activaba un “teologismo político” que presentaba la República como “representación del Mal”. Los boicots cesaron en 1934-1935 con el gobierno de derechas y reaparecieron con el Frente Popular. El objetivo era culpabilizar a las autoridades republicanas de “persecución religiosa”, presentando las leyes secularizadoras (que limitaban el poder institucional de la Iglesia, no necesariamente la fe privada) como un ataque directo a la religión. Las procesiones se convirtieron en ocasiones para crear lazos comunitarios alrededor de la narrativa de “ultraje” y “sufrimiento victimista”. Esta estrategia activaba un teologismo político: la soberanía de Dios por encima de cualquier marco legislativo secular, presentando la República como “representación del Mal” y la defensa de la fe como obligación patriótica. Esta deslegitimación el régimen republicano fue un instrumento movilización electoral (contribuyendo a la victoria de derechas en 1933). Los boicots, lógicamente, cesaban con gobiernos de derechas y reaparecían con el Frente Popular.

Durante la Guerra Civil y el franquismo se pasó del victimismo anti republicano al triunfalismo nacionalcatólico. En las zonas “nacionales” las procesiones pasaron rápidamente a ser rogativas por la victoria del Caudillo y demostraciones en el espacio público del triunfalismo belicista. También se usaron para “recatolizar” territorios “liberados de la garra marxista”, con ejemplos en Huelva, Málaga o Granada (1937-1939), donde se vinculaban a la protección divina de los ejércitos franquistas.

Desde 1939, las procesiones convivieron con liturgias militaristas, fascistas falangistas y nacionalcatólicas. Muchas cofradías fueron fundadas o reactivadas por excombatientes y la Semana Santa sirvió para reproducir el imaginario “cruzadista” con apoyo de la Iglesia, extendiendo los valores del nacionalcatolicismo. En las zonas “nacionales”, las procesiones pasaron rápidamente a ser rogativas por la victoria del Caudillo y actos de triunfalismo belicista. Se usaron para “recatolizar” territorios “liberados”, reactivando la religiosidad popular (especialmente el culto mariano) y señalando la culpabilidad de los “enemigos de Dios”. La Iglesia apoyó esta instrumentalización para reproducir el imaginario cruzadista y extender los valores del nacionalcatolicismo en el espacio público.

Miquel Mateu, quien sería al primer alcalde franquista de Barcelona, vestido aún de militar, en la misa celebrada durante la Semana Santa de 1939 en la plaza de Catalunya. Rossend Torras-Fuente foto
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Con la Transición el fenómeno procesional sufrió una profunda resignificación. La liturgia, despojada de su función doctrinaria, fue apropiada por discursos municipales, identitarios y patrimoniales. La categoría de “bien cultural” o de “interés turístico internacional” sustituyó la antigua idea de cruzada.

En un texto publicado en 2025 en NR advertía sobre la peligrosa naturalización con que los medios- incluso los públicos, que deberían situarse a resguardo de la devoción y del dogma- tratan las tallas procesionales como si tuviésemos ante nosotros al propio Jesucristo o la Virgen María. La Semana Santa se retransmite hoy con la misma escenografía emocional que un acontecimiento deportivo : cámaras lentas, planos cenitales, comentaristas que susurran en tono reverencial, todo contribuyendo a una atmósfera donde la historia desaparece y sólo queda la fe convertida en espectáculo.

Sin embargo, el origen de esas procesiones no fue inocente ni estrictamente espiritual. Nacieron al calor del Concilio de Trento, cuando la Iglesia católica respondió al desafío protestante no sólo con teología, sino con escenografía. La imagen barroca, cargada de emoción y teatralidad, servía como instrumento de pedagogía y control: un pueblo que lloraba ante un Cristo ensangrentado era menos propenso a cuestionar los privilegios de los príncipes y prelados.

El franquismo entendió muy bien esa herencia. El régimen volvió a llenar las calles de “tradición”, exaltando una religiosidad exterior, uniforme y jerárquica. Las cofradías fueron presentadas como expresión del “alma española”, mientras las procesiones se convertían en plataforma simbólica del poder: bajo los palios y los himnos resonaba la unidad entre cruz y espada, ornamento sagrado de la unidad nacional.

Sorprende que, décadas después siga siendo tratada por los medios como un patrimonio místico sin fisuras, desprovisto de todo contexto histórico. Nadie sospecha que la “emoción del pueblo” es un producto, cuidadosamente embalado por el turismo religioso y por las corporaciones autonómicas que compiten por retransmitir la mejor “madrugá”. En la España contemporánea, la eficacia de Semana reside en el fervor religioso y en su función de atractivo turístico. No se trata, claro está, de negar la devoción sincera de quienes participan en esos ritos. Pero sí de recordar que el poder político en España siempre ha encontrado en la emoción religiosa un formidable instrumento de legitimación.

Creo que ha llegado el momento de dejar de narrar la Semana Santa exclusivamente como un episodio de fervor colectivo y empezar a contarla también como un producto histórico, nacido del enfrentamiento entre la Reforma y la Contrarreforma, reutilizado por una dictadura y ahora reciclado en folclore de gran interés y beneficio turístico.

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Nota del autor: Este texto es una ampliación de Semana Santa, televisión e Historia.

ASTURIAS LAICA  DdA, XXII/6304

jueves, 22 de enero de 2026

BORO HA VUELTO


Félix Población

Vimos a Ana llorar ante las cámaras de televisión después del trágico accidente ferroviario de Adamuz el pasado domingo. Su voz temblaba aún del miedo y la angustia que vivió en el vagón número 7 del tren Iryo, el primero de los descarrilados. Ella sufrió heridas leves, pero su hermana embarazada está siendo atendida en un hospital de Córdoba con heridas de mayor gravedad. Ambas residen en Madrid y viajaban de regreso de un fin de semana en su ciudad natal, Málaga, para estar con sus padres. Las acompañaba su perro Boro, mezcla de schnauzer y perro de aguas, que en el momento del accidente salió espantado del tren. Ana hizo una llamada, mientras la entrevistaban, para localizar a la mascota de su hermana Raquel y la imagen del animal saltó de inmediato a las redes sociales con un amplia difusión. Ayer, al poco de la participación en la búsqueda del PACMA, previa solicitud de permiso para ello al Ministerio del Interior, se produjo la localización  del perro a media tarde por un agente del SEPRONA, si bien por su carácter tímido y asustadizo no fue posible retenerlo y volvió a huir. El padre de ambas hermanas también había insistido en que Boro formaba parte de la familia y que para una mejor recuperación de la hija embarazada sería anímicamente importante encontrar al perro. Una vez avistado con vida, es de esperar que se pueda cumplir en las próximas horas el añorado reencuentro de la familia con el animal, un reencuentro que de seguro va a contar con la consiguiente expectación mediática. En medio de una tragedia como la ocurrida, con más de cuarenta víctimas mortales y decenas de viajeros heridos, el hallazgo y recuperación del perro viajero, cuya simpática fotografía se ha venido a convertir en una suerte de vínculo simbólico de nuestra solidaridad con el dolor de quienes han perdido a familiares y amigos, es una grata noticia. Que las dos hermanas malagueñas puedan volver a abrazarlo les reconfortará sin duda tras lo vivido. Algo de ese sentimiento nos llega también a todos después de tantas lágrimas de adiós y abrazos de condolencia por las más de cuarenta vidas para siempre ausentes*.

*BORO ABRAZADO

 

DdA, XXII/6235

martes, 20 de enero de 2026

PABLO BARRIO, LOS ÚLTIMOS SEGUNDOS DE VIDA DE UN JOVEN MAQUINISTA


Lazarillo

Desde el mismo momento en que supe de las circunstancia del choque, al descarrilar en una dirección dos vagones de cola de un tren con el tren que en ese momento se cruzaba en dirección contraria, pensé y sigo pensando en esos pocos segundos que el maquinista del segundo convoy, el Alvia que circulaba desde Madrid a Huelva, tuvo para enfrentarse al brutal impacto a 200 kilómetros por hora y tener conciencia absoluta de que eran los últimos segundos de su vida, joven y entusiasta por los trenes, la música y la fotografía. Pablo había estudiado trompa en el conservatorio de Alcorcón, ciudad en la que residía junto a su madre, profesora jubilada. Era ingeniero electrónico y llevaba cinco años como maquinista de Renfe. Su mayor pasión era la fotografía. De hecho, la única imagen suya de la que disponemos es una instantánea en la que aparece con su cámara en un país posiblemente tropical. Como consecuencia del impacto, Pablo Barrio salió despedido de la cabina, después de haber experimentado, diez minutos antes de llegar a Córdoba -en donde debería ceder según lo programado la conducción del tren a un compañero-, los segundos más angustiosos que puede sufrir un ser humano, consciente de que su muerte iba a comportar también la de muchos viajeros.

DdA, XXII/6233

miércoles, 3 de diciembre de 2025

LAS MUJERES DE "LA ROJA" NO PIERDEN EL GOZO DE SU FÚTBOL



Félix Población

Desconozco por qué un partido de la selección nacional de fútbol de España, en España, se disputa a las siete de la tarde de un día laborable, sobre todo si se tiene en cuenta que se trata del partido de vuelta de una final europea. Aclaro que la selección es la femenina, no la masculina, y que su trayectoria está cuajada de éxitos que para sí quisiera la selección de varones en sus primeros decenios en las competiciones europeas y mundiales. Vuelvo a insistir que las mujeres futbolistas de nuestro país se merecen mejor tratamiento que el hasta ahora dispensado en los medios de comunicación. Deberían reconsiderar, como ocurrió ayer en el partido de vuelta contra Alemania, que 55.000 espectadores en un estadio como el de Atlético de Madrid pocos lo imaginarían hace unos cuantos años para disfrutar del juego de las mujeres de La Roja. Porque lo que ayer se volvió a ver en el terreno de juego es que estas futbolistas disfrutan de sus excelentes aptitudes con el balón, de la precisión combinatoria que caracteriza su estilo, de su incuestionable capacidad para chutar a distancia y hacer posible goles como el tercero del equipo. Si además todas ellas muestran en el campo un juego limpio y celebran sin aspavientos y con un júbilo espontáneo sus goles, no me queda otra que escribir lo que voy escribiendo, considerando que hubo un tiempo lejano en el que como espectador de fútbol admiré las características de este deporte, antes de que lo convirtieran en un gran negocio con mucho dinero en juego y los medios de comunicación como colaboradores de un megaespectáculo de excesos ridículos, haciendo de sus protagonistas de elite unos tipos multimillonarios y fatuamente idolatrados. Sabemos que la UEFA ya está viendo también negocio en el fútbol femenino y que ha incrementado los premios dinerarios a los equipos que intervienen en las competiciones internacionales, estando aún muy lejos de los que reciben los varones, pero de momento las mujeres de La Roja siguen siendo con el balón en los pies unas jóvenes que lo disfrutan y lo dominan con descarado temple y magistral sentido asociativo. Y además, sus repetidos triunfos internacionales no han podido sustraerlas del entusiasmo, gozo y frescura con las que se iniciaron de niñas en un deporte que durante demasiados años fue privativo del sexo masculino dominante, como ocurría y sigue ocurriendo en otros ámbitos*. 

*La gran ovación del público a la futbolista de Carabanchel Jenny Hermoso al salir al campo de juego es digna de resaltar.

PRECEDENTES: SANCIONABLE SEGÚN MEDIDA


DdA, XXI/6186