Ana Cardo
Se dice de Mohamed Salah que es el mejor futbolista africano de la historia, pero es menos conocido lo que el destacado futbolista egipcio, actualmente en la plantilla del Liverpool, ha gestionado con su fortuna personal. Salah financió de su propio bolsillo la construcción de escuelas, hospitales y redes de agua potable en Nagrig, su pueblo natal, mitigando drásticamente la pobreza de su comunidad al rescatar a cientos de familias vulnerables. A través de su fundación benéfica, el delantero egipcio ha transformado por completo la infraestructura de su región de origen, garantizando el acceso a una educación digna y a servicios de salud especializados, sin costo alguno para los habitantes de escasos recursos. Además de estas obras, Mohamed Salah entrega pensiones mensuales estables y subsidios financieros directos a madres solteras, enfermos y personas en situación de extrema precariedad, convirtiéndose en un motor de desarrollo social y un símbolo de generosidad que demuestra la solidaridad efectiva con los más desfavorecidos a la que se puede llegar a través del éxito deportivo de un solo futbolista. Ha tenido que ser a través de un Mundial de fútbol, en el que la selección de Salah fue eliminada injustamente por la selección argentina, para que sepamos que no sólo hay capacidad de lucha, entrega y buen fútbol en la selección egipcia. También hay corazón de arraigo, solidaridad con la gente más necesitada y memoria natal o de clase de la que se procede.
DdA, XXII/6403

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