jueves, 15 de octubre de 2026

NAZA: CONTRA LA TECNOLOGÍA DEL EXTERMINIO



Alejandro Álvarez

Hace diez años visité el campo de exterminio de Auschwitz. Allí vi con claridad el funcionamiento de una industria perfectamente planificada para el exterminio de personas (judíos, comunistas, gitanos y otros grupos étnicos o políticos). El conocimiento de aquella maquinaria de aniquilación de personas me produjo una conmoción que, si bien no con la misma intensidad, aún siento siempre que recuerdo aquella visita y me vienen a la mente algunos de los espacios de aquel macabro lugar. Entonces, tenía la vana esperanza de que tal grado de elaboración técnica e industrial para exterminar a personas no volviera a repetirse y que la razón y la ética impedirían la reproducción de semejante barbarie.
Ayer fui al cine a ver NAZA. Salí del documental con una mezcla de rabia, indignación, impotencia, abatimiento y ganas de gritar al mundo que esto no puede ser, que Gaza es Auschwitz, que es imprescindible frenar al monstruo, no solo por el genocidio que está cometiendo con los palestinos sino porque, sabiéndolo, pues ya no es posible ignorarlo para quien no se niegue a ver la realidad, tenemos el deber ético y humano de pararlo si no queremos ser parte de esa barbarie. No podemos ser indiferentes, no tenemos derecho a mirar para otro lado, nuestra humanidad ni nuestro sentido moral no pueden permitirnos la inacción ante semejante depravación, ante tal desarrollo de la tecnología, ante tal refinamiento técnico y deshumanizado para aniquilar a un pueblo.
NAZA no nos presenta a antisionistas o antisemitas o antijudíos criticando, descalificando o injuriando a Israel sino a los protagonistas de las masacres, miembros de las Fuerzas de Defensa de Israel o miembros de su aparato de inteligencia desvelando con precisión cómo la tecnología israelí se ha desarrollado al máximo para controlar y llevar al exterminio al pueblo palestino, hasta qué punto todas y todos los miembros de ese pueblo están controlados por Israel y cómo este Estado da órdenes de matar palestinos sin importar si los aniquilados son niños, mayores o ancianos indefensos, combatientes de Hamás o mujeres cuidando a sus hijos, porque ninguno de ellos cuentan como personas, simplemente son NAZAs, "daños colaterales", unos daños que cada vez son menos colaterales y más objetivos a abatir sin otra consideración que su condición racial, individuos, independientemente de su edad o género, a los que hay que exterminar para quedarse con su tierra, borrándolos de la Historia.

Los testimonios de los que han accedido a darlos sobre las acciones y los métodos llevados a cabo por Israel en su empeño en acabar con el pueblo palestino para ocupar toda su tierra ponen de manifiesto con claridad que el Estado de Israel prioriza sobre cualquier otra consideración su voluntad de anexión de todo el territorio palestino, y esa prioridad ha llevado a quienes dirigen el Estado y a buena parte de la sociedad israelí a arrinconar o enterrar toda sensibilidad humana que cuestione ese objetivo primordial. Y para justificarlo han generado un relato que ha deshumanizado a los palestinos, los ha cosificado y les ha negado la condición de seres humanos para así no sentir culpa ante el genocidio que están cometiendo contra ellos.

La persecución que ya ha iniciado el gobierno de Israel contra los directores del documental y de quienes han participado en el mismo, desvelando las estrategias de exterminio de los palestinos, no se fundamenta en que el documental traslade mentiras sobre la actuación israelí, sino todo lo contrario, los persigue porque desvelan una verdad terrible que, por un lado, sitúa a Israel en la misma orilla genocida que los nazis y, por otro, echa por tierra las pretendidas justificaciones israelíes sobre el tan falso como manido relato del derecho a defenderse o del combate al terrorismo. Porque lo que el documental desvela, por boca de los que han estado fijando los objetivos o disparando las bombas, es que hay una planificación tan afinada como perversa para matar palestinos ya sea por bombas, por hambre o por enfermedad. Ese es el gran valor de NAZA y por eso ese documental debería ser visto por millones de personas en nuestro país y muchas más en todo el mundo. Es una tremenda lección y también una inyección de sensibilidad para poner en acción nuestros cuerpos y nuestras mentes contra la barbarie que nos acecha. Que nadie se pierda este valiosísimo documental.

DdA, XXII/6497

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