viernes, 2 de octubre de 2026

LECCIÓN DE JUVENTUD, MOTO Y TOGA DE MARIANO BENÍTEZ DE LUGO

Coincidimos totalmente con la firmante del siguiente artículo respecto al protagonista de ayer en La Revuelta: Hay una juventud insultante en José Mariano, esa juventud del espíritu que se confirma cuando confiesa que, a su edad, sigue esquivando el tráfico de Madrid a lomos de su moto. No es una excentricidad; es el reflejo de un hombre que se niega a detenerse, que viaja ligero y que conserva la agilidad mental de un treintañero. A medida que avanza la noche, la pantalla se llena de un vasto conocimiento y una experiencia asombrosa. Escucharlo es asistir a una cátedra viva de la historia judicial española, salpicada de anécdotas memorables e hilarantes. José Mariano Benítez de Lugo demostró ante millones de espectadores que la verdadera aristocracia no reside en los títulos heredados del norte de Tenerife, sino en la nobleza de poner el derecho al servicio de los vulnerables.



Fidela Velázquez

Santa Cruz de Tenerife, una noche lluviosa cualquiera de otoño.
Enciendes la televisión buscando el ruido habitual, las bromas rápidas de La Revuelta y el caos controlado de David Broncano.
Pero el programa decide romper su propio guion. Aparece un señor de 85 años, impecable, con la mirada despierta de quien lo ha visto todo y la sonrisa de quien todavía tiene ganas de pelear.
Es José Mariano Benítez de Lugo.
Lo que iba a ser una entrevista más se convierte, de golpe, en una lección magistral de dignidad, derecho y memoria histórica que te deja pegada al sofá.
Resulta fascinante observar cómo un hombre que peina canas y acumula más de 60 años de ejercicio jurídico se mueve con absoluta comodidad en un plató diseñado para incomodar.
Broncano, acostumbrado a descolocar a jóvenes creadores de contenido o deportistas de élite, se encuentra ante un titán que le rompe los esquemas a base de pura jovialidad y un sentido del humor finísimo.
Hay una juventud insultante en José Mariano, esa juventud del espíritu que se confirma cuando confiesa que, a su edad, sigue esquivando el tráfico de Madrid a lomos de su moto. No es una excentricidad; es el reflejo de un hombre que se niega a detenerse, que viaja ligero y que conserva la agilidad mental de un treintañero.
A medida que avanza la noche, la pantalla se llena de un vasto conocimiento y una experiencia asombrosa. Escucharlo es asistir a una cátedra viva de la historia judicial española, salpicada de anécdotas memorables e hilarantes.
La genialidad estalla cuando revela el mayor de los giros cómicos de su carrera en la lucha contra la corrupción: consiguió sentar a Mariano Rajoy (Mariano contra Mariano) como testigo en el caso Gürtel siendo, a la vez, su vecino y el presidente de su comunidad de vecinos. "Los escoltas me saludaban cordialmente cuando él iba andando a su manera por la urbanización y pasaba por delante de mi casa", relató entre las risas del público, desnudando con elegante ironía el peso de los poderes fácticos. "Yo era su vecino: era el presidente del presidente, porque yo era presidente de la comunidad de vecinos", se ríe.
Con la misma lucidez con la que despacha a expresidentes, analiza la crudeza de la vivienda en España, recordando con firmeza que la justicia a veces se olvida de la Constitución: "Lo que no le cobro a los pobres, se lo cobro a los ricos".
Es imposible no contemplarlo y sentir una profunda admiración por su trayectoria. José Mariano encarna el espíritu de la histórica Asociación de Abogados Demócratas por Europa (ADADE), una trinchera jurídica cuya defensa de las libertades y la legalidad democrática le ha costado más de un perjuicio personal y profesional frente a una judicatura tradicionalmente conservadora.
Su vida es un viaje de coherencia absoluta. Procediendo de un linaje aristocrático profundamente arraigado en Tenerife, donde su apellido evoca históricas posesiones y títulos nobiliarios, decidió despojarse de los privilegios de cuna. Abrazó una militancia progresista inquebrantable para convertirse en el azote de los fondos buitre y el escudo de las familias desahuciadas.
Esa pasión por transformar la sociedad y esa rebeldía contra la injusticia calaron tan hondo en su propia mesa que la historia familiar ha dejado una ironía deliciosa. El aristócrata que renunció a su destino de clase para hacerse abogado del pueblo ha terminado teniendo un hijo, Luis Benítez de Lugo, militante y candidato al Senado por Podemos. No hay ruptura en ese dato, sino una hermosa continuidad ideológica: el hilo invisible de una familia que, generación tras generación, prefiere la militancia incómoda a la comodidad del silencio.
Al apagarse las luces del Teatro Albéniz, te queda la certeza de haber asistido a algo grande. José Mariano Benítez de Lugo demostró ante millones de espectadores que la verdadera aristocracia no reside en los títulos heredados del norte de Tenerife, sino en la nobleza de poner el derecho al servicio de los vulnerables.
Y que, para cambiar el mundo, a veces solo hace falta una toga, mucha memoria y una motocicleta.

DdA, XXII/6484

2 comentarios:

cineforumgijon dijo...

Ojalá en la justicia española hubiese más profesionales, a uno y otro lado de las mesas de los tribunales, realmente convencidos de que su situación de privilegio les hace deudores de la sociedad... Yo, desde luego, como profesor siempre lo tuve claro y, aparte de mi puesto de trabajo, me dediqué activamente a la educación no formal e informal (sin cobrar nada por ello).

Félix Población dijo...

Ayer fue un consuelo escucharle después de una jornada amarga.

Publicar un comentario