sábado, 17 de octubre de 2026

J. C. MONEDERO: UN VIENTO PONZOÑOSO SE HA LLEVADO LA UNIDAD DE LA IZQUIERDA

Desde fuera de España, en donde estoy, me preguntan qué ha pasado. Y apenas acierto a decir, con sentimientos encontrados, que la derecha franquista come feliz palomitas viendo el bochornoso espectáculo de la fragmentación que tanto les ayuda, y que está claro que había gente interesada en que estuviéramos lejos los que entendemos todo esto como un auténtico disparate que va a dejar una dolorosa huella.



Juan Carlos Monedero

A los votantes de izquierdas les da lo mismo el relato sobre quién ha sido más culpable de esta fragmentación suicida. Suena todo falso. Nadie asume tampoco ninguna responsabilidad del fracaso, y los lamentos, sin consecuencias, parecen formar parte también de ese relato electoral. Lo indudable es que el Frente Amplio no es en verdad amplio, que MásMadrid ha preferido desde el comienzo jugar su juego, que @IreneMontero irá en las listas de ERC en Barcelona y que, junto a @gabrielrufian, harán campaña frente a @AdaColau. A ver quién lo entiende. Irene Montero haciendo campaña contra Ada Colau en la lista de un partido independentista.
Otro tanto harán Montero y Rufián en Madrid, donde @PODEMOS podrá exhibir, como suele, sus muchas y razonables cuitas frente a Sumar y MásMadrid (nacidas de una traición ya vieja que no dice nada a los jóvenes), y Rufián tendrá que explicar por qué no hay que votar a @EmilioDelgadoOr, con el que arrancó los encuentros que iban dirigidos a unificar a la izquierda. No serán pocos los que tengan la sensación de haber sido engañados.
Decir que la división en Madrid y Barcelona no afecta ni a esas provincias ni al resto de España, demuestra un insuficiente respeto a quienes se les pide el voto. Si se puede presentar en Barcelona alguien de Madrid es porque el voto es nacional, de manera que el mensaje nacional -que no hay unidad- afecta a todas y cada una de las provincias. Incluidas en la que se ha pactado gracias a que hay menos toxicidad que en las grandes capitales y porque se ha podido desterrar la rabia que han incubado las izquierdas entre ellas. La conclusión es que el trabajo que hicimos uniendo a las izquierdas de todo el Estado y por el que hemos pagado un precio tan alto se lo lleva el viento. Un viento ponzoñoso.
Desde fuera de España, en donde estoy, me preguntan qué ha pasado. Y apenas acierto a decir, con sentimientos encontrados, que la derecha franquista come feliz palomitas viendo el bochornoso espectáculo de la fragmentación que tanto les ayuda, y que está claro que había gente interesada en que estuviéramos lejos los que entendemos todo esto como un auténtico disparate que va a dejar una dolorosa huella.

DdA, XXII/6499

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