José Ignacio Fernández del Castro
«...La rima es el tirano empurpurado, |
Es el estigma del esclavo, el grillo |
Que acongoja la marcha de la Idea. |
No aleguéis que es de oro! El Pensamiento |
No se esclaviza a un vil cascabeleo!. |
Ha de ser libre de escalar las cumbres |
Entero como un dios, la crin revuelta, |
La frente al sol, al viento. Acaso importa |
Que adorne el ala lo que oprime el vuelo?. |
. . . .Él es por sí, por su divina esencia, |
Música, luz, color, fuerza, belleza!. |
¿A qué el carmín, los perfumados pomos?... |
¿Por qué ceñir sus manos enguantadas |
A herir teclados y brindar bombones |
Si libres pueden cosechar estrellas, |
Desviar montañas, empuñar los rayos?. |
¡Si la cruz de sus brazos redentores |
Abarca el mundo y acaricia el cielo!. |
Y la Belleza sufre y se subleva... |
¡Si es herir a la diosa en pleno pecho |
Mermar el torso divinal de Apolo |
Para ajustarlo á ínfima librea!. |
. . . .Para morir como su ley impone |
El mar no quiere diques, quiere playas!. |
Así la Idea cuando surca el verso |
Quiere al final de la ardua galería, |
Más que una puerta de cristal ó de oro, |
La pampa abierta que le grita “¡Libre!”.» |
Delmira AGUSTINI (Montevideo, Uruguay, 24 de octubre de 1886 -
6 de julio de 1914): “Rebelión” en “El Libro Blanco”, quinta parte de
Los Cálices Vacíos (1913).
Curioso espectáculo el de esa casta política postmoderna, sobrada de afeites y tinturas capilares, que, en aras de la libertad del “¡todo vale!”, todo, en realidad, lo someten a norma, para imponerla luego a porra y toga como metafísico resultado de supuestos (y desconocidos) consensos... O, incluso compartiendo (presuntamente) espacio ideológico, renuevan aquellos tiempos de hace medio siglo en los que el aparato de “agitación y propaganda” (eso que el triunfo de la nomenclatura neoliberal ha convertido ahora en “secretarías de comunicación”) de cada partido empeñaba buena parte de sus esfuerzos en descalificar al más próximo (eso sí, ya sin tra,a ideológica alguna, en un puro ya descarnado situacionismo personalista).
Unos hablan, con ufano desprecio neoliberal, de lo trasnochado del pensamiento igualitario, mientras tratan de aplastar cualquier diversidad orgullosa que perciban como potencial peligro para sus unidades sacralizadas, en base a un principio centralista de igualdad. Otros sitúan términos como “unidad” o “amplitud” en sus nuevos nombres mientras mantienen el mismo ánimo de discordia en busca del “¡quítate tú para que me ponga yo!”.
Son como quienes, practicando una lírica modernista llena de obediencias endecasílabas, sonsonetes ritualizados y cultismos cargantes, se quejaban de la tiranía de la rima como un ataque intolerable a “las ideas que surcaban sus versos”.
Contra los contradictorios excesos culteranos de estas plumas nacieron otras auténticas libertades pegadas a la vida y sus latidos, incluso al exabrupto o el balbuceo, a los desafíos y penurias de las calles.
Esperemos (actuando más allá de la lógica desesperanza) que, contra los contradictorios excesos del individualismo liberal, renazca también el aliento verdaderamente libertario (de libertad ajena a los mercados) capaz de fundirse con el anhelo de igualdad en aras de la justicia... Así, cotidianas, sin mayúsculas, vitales, abiertas al afán de transgresión con alegría... Porque se trata de hacerlo posible, no simplemente de hacer lo posible. Y la humanidad lo agradecería bastante.
DdA, XXII/6502
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