Gabriel Boric
Mañana en Brasil se enfrentan dos proyectos de mundo muy distintos. Y en vez de referirme a Bolsonaro y lo que representa prefiero hablarles de Lula, de ese viejo lindo que con 80 años sigue luchando por y con todos nosotros.
Lula siempre te recibe con una sonrisa, y con toda la historia y experiencia que tiene, nunca deja de preguntar “cómo estás”. Pero lo pregunta en serio, no por una mera formalidad. De él aprendí que puedes no saber el nombre de una persona que te saluda, pero que siempre, siempre, tenemos que darnos el tiempo de mirar a los ojos. En esos segundos de conexión, cuando es genuina, se transmite un mundo. Y les prometo que mirando a los ojos del pueblo, como lo hace Lula, se aprende más de historia y de la vida que en cualquier doctorado.
Lula ha cambiado para mejor la existencia de mucha gente, y nunca está satisfecho porque sabe que se puede más. Que en un mundo más rico que nunca no podemos quedarnos tranquilos mientras siga habiendo pobres. También es claro en que hay que generar riqueza, y no olvida nunca, como obrero que es, que esa riqueza debe ser justamente distribuida y trabaja duro para ello.
Lula ha sido un guardián también del planeta, en especial de su pulmón más importante que es el Amazonas. Frente a la desforestación ha dicho basta, pero también ante la crisis climática se ha plantado frente a los países ricos a exigirles que son ellos los que más responsabilidad tienen.
Lula ha estado en la cárcel por persecuciones de diverso tipo, pero no guarda rencor, es un hombre de paz. Quizás eso lo aprendió del gran Pepe, que también fue su amigo. En cualquier caso me consta que a él lo mueve el amor, y no el odio.
Yo estoy agradecido de Lula porque ha sido generoso con nuestra generación, pero no solo enseñando sino que también dispuesto a aprender. Y siempre con cariño. Una vez me dijo que quería vivir hasta los 120 años, porque tenía mucha energía y ganas de compartir lo que hasta ahora le ha tocado. Yo le creo.
Mañana son las elecciones y espero de todo corazón que Lula gane. Porque al final del día, Lula es humanidad.
Con la esperanza intacta!
DdA, XXII/6505

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