lunes, 26 de octubre de 2026

ACEITUNERAS ANDALUZAS ASESINADAS

María Arriaza Calero

Félix Población

Miguel Hernández se refirió a los aceituneros altivos de Jaén en su conocido poema, que difundió y popularizó la voz de Paco Ibáñez. Fuimos muchos los que los descubrimos en nuestra adolescencia junto a la guitarra de quien es reconocido como pionero de la canción de autor en España. Hoy me he acordado de las aceituneras asesinadas en Sevilla, que también habrían podido merecer un poema del autor de Orihuela. El 24 de octubre de 1936, los sublevados contra el gobierno del Frente Popular de la Segunda República fusilaron en Sevilla a los 21 años de edad a María Arriaza Calero. Trabajaba en el campo como aceitunera y era militante de la UGT en la localidad de San Juan de Aznalfarache, su pueblo natal. Me acabo de encontrar con la belleza jovial de su rostro en una vieja fotografía. María fue detenida por las tropas franquistas por ser miembro del sindicato socialista y se la encarceló en el buque-prisión Cabo Carvoeiro, en el puerto de Sevilla, hasta la fecha de su ejecución. Este barco de vapor fue cedido por la familia Ybarra al ejército golpista para internar a una media de 500 prisioneros republicanos cada día, muchos de los cuales fueron fusilados. A María Ariza la acompañaron el 24 de octubre de 1936 ante las tapias del cementerio de San Fernando ocho mujeres, todas ellas aceituneras del mismo pueblo de San Juan de Aznalfarache: Rosario González Rodríguez, Leonisa Panadero Maya, Francisca Porro Domínguez, Gabina Isabel Porro Domínguez, Victoria Quintanilla Muñiz, Josefa Romero Barberán, Guadalupe Sánchez López y José Tierno García. La orden de matar la dio Manuel Díaz Criado, segundo del general felón Queipo de Llano, cuyos restos mortales permanecieron en la basílica de La Macarena hasta 2022, mientras la tierra callada de Andalucía se quedó sin las manos y el sudor de esas aceituneras, a las que se pretendió enterrar en el olvido cuando contaban entre 14 y 43 años de edad y dejaron huérfanos a nueve hijos*.

*Vaya también, con ocasión del nonagésimo aniversarios de aquellos asesinatos, un recuerdo solidario para los aceituneros y aceituneras del sur de Líbano, a quienes las tropas invasoras israelíes, al igual que vienen haciendo en Cisjordania e hicieron en Gaza, arrancan sus olivos para desarraigar a los campesinos de la tierra que les pertenece, dejando sembrados de explosivos de muerte los campos de aceituna, entre las centenarias raíces rotas. Lo ha contando Marta Maroto en su última crónica con la concisión y proximidad que la caracteriza.

DdA, XXII/6506

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