El gobierno de Estados Unidos impidió el acceso a la Casa Blanca a los medios CNN, MSNOW y Político, tal como el presidente Donald Trump amenazó un día antes. El viernes, el mandatario publicó en la red social de su propiedad que “¡los medios de comunicación no deberían poder escribir o informar constantemente ficciones y mentiras cuando cubren al presidente de Estados Unidos, la administración Trump o Estados Unidos de América!”, y amagó con extender el veto a más miembros de la prensa.
La medida es el último ataque del magnate contra la libertad de expresión, a la cual ha perseguido mediante demandas judiciales, extorsión financiera y exclusión de los edificios oficiales, como ya ocurrió con el Pentágono. En su obsesión por acallar a quien no le rinda pleitesía, el presidente ha empleado todo el poder del Estado y ha llegado a niveles de violencia verbal sin precedente, como cuando dijo “silencio, cerdita” a Catherine Lucey, reportera de Bloomberg News, al intentar preguntarle por qué no había publicado aún los archivos del caso Epstein. En respuesta a las críticas, la entonces secretaria de prensa Karoline Leavitt dijo “creo que todos en esta sala deberían apreciar la franqueza y la apertura que reciben del presidente Trump casi a diario”. Una semana después de ese incidente ocurrido en noviembre pasado, calló a Mary Bruce, de ABC News, porque la comunicadora interrogó al príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohammed bin Salman, sobre el asesinato del periodista Jamal Khashoggi. Para el mandatario, se trató de “una pregunta horrible, insubordinada y simplemente terrible”, descripción reveladora por exhibir su idea de que los medios deberían mostrarse sumisos ante él y sus amigos.
Los reporteros de Associated Press (AP) fueron expulsados del grupo de prensa de la Oficina Oval y tienen prohibido abordar el Air Force One porque la agencia se negó a acompañar el delirio del magnate de renombrar “Golfo de América” al Golfo de México. Las cadenas públicas NPR y PBS sufrieron el bloqueo de mil 100 millones de dólares en fondos federales asignados por el Congreso por no dar una cobertura que complaciera a Trump. La Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) amenaza sistemáticamente con revocar las licencias de transmisión de cadenas como NBC, ABC y CBS. Periodistas han sido despedidos y programas cancelados a petición expresa del mandatario.
Lamentablemente, los comunicadores se encuentran desprotegidos ante la censura y la persecución, pues muchos de los medios corporativos para los que trabajan prefieren contemporizar con el magnate antes que defender a sus empleados y su misión ante la sociedad. Así, Bloomberg News se limitó a asegurar que sigue “centrada en informar sobre cuestiones de interés público con imparcialidad y precisión”. El dueño de dicho conglomerado es Michael Bloomberg, una de las 20 personas más ricas del planeta, con una fortuna de más de 100 mil millones de dólares (alrededor de un billón 722 mil millones de pesos). Paramount Global pagó 16 millones de dólares a Trump para calmar su disgusto por la manera en que su filial CBS News entrevistó a la ex candidata presidencial Kamala Harris. Después del arreglo extrajudicial, difícil de interpretar como algo diferente de un soborno, el presidente autorizó la fusión de Paramount con Skydance, lo cual reportó importantes ganancias a los accionistas de la primera.
Cuando el poder político está decidido a destruir toda disidencia y el poder económico está dispuesto a cualquier concesión para incrementar sus ganancias, la sociedad se encuentra a merced de la desinformación y el ocultamiento. El aplastamiento de la libertad de expresión se suma a todas las evidencias de que Estados Unidos ha dejado de ser una democracia.
LA JORNADA DdA, XXII/6471

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