lunes, 7 de septiembre de 2026

CUANDO LA PRENSA APOYABA LAS LIGAS CONTRA LA BLASFEMIA

 En los años finales del siglo XIX, la blasfemia, fuese de palabra o con gestos, era tema recurrente en las Pastorales del Obispo de Oviedo Ramón Martínez Vigil, asunto por el que hasta se llegó a celebrar un mitin y se impulsaron las "Ligas contra la Blasfemia". Tal prelado lo fue de aquella diócesis en los tiempos en que Leopoldo Alas "Clarín" publicó su novela La Regenta, prohibida todavía en las primeras décadas del franquismo. Era blasfemia –según la Pastoral de marzo de 1898 con motivo de la Cuaresma–cualquier injuria o contumelia proferida contra Dios. Distinguiendo que podía ser de palabra o de gestos: gestos externos e incluso internos. "No blasfema", aclaraba la Pastoral, "únicamente el obrero ebrio sino que, y además con mayor malicia, algunos sabios en sus cátedras o escritores en sus libros. Todos influenciados por esos conceptos blasfemos que nos vienen del Norte como las hordas bárbaras del siglo V". El Obispo Fr. Ramón Martínez Vigil aclaraba también que incluso blasfemaba quien llama Diosa a una persona querida o quien juraba por Baco o Júpiter y por supuesto quien llamaba Todopoderoso a Satanás. Esto es lo que nos dice Luis Miguel Piñera en su última Crónica gijonesa, publicada hoy en el diario La Nueva España (Contumelias contra Dios. Aunque les cueste creerlo a quienes olvidan la historia que tenemos detrás, el diario conservador ovetense El Carbayón, de larga vida en Vetusta, llegó a publicar el 23 de abril de 1909: "Si fuera posible restablecer los castigos de otras edades contra el blasfemo, cuando se le atravesaba la lengua con un hierro candente, entonces sí que se conseguiría aminorar esa costumbre irracional de todo punto, siquiera por aquello de que miedo guarda viña o el loco por la pena es cuerdo".


Luis Migue Piñera

Ese mismo año de 1898 vemos varias veces en el diario gijonés "El Noroeste", por ejemplo en el del 15 de marzo, diversas noticias sobre la cantidad de blasfemias que se producían en Gijón. Muchas veces entre las dependientas y clientas de la Pescadería y que motivan escándalo de las "muchas señoras que tienen que hacer sus compras en la Pescadería". Sobre la Cuaresma y el guardar los preceptos o no guardarlos también se debatía en Gijón. Llama la atención algún anuncio de comerciantes como el insertado en el diario "El Comercio" el 4 de abril de 1885. La carnicería de Angelina en el Mercado de Jovellanos –que estaba en el solar que desde la década de 1940 es conocido como El Parchís– celebraba la Pascua tras la Cuaresma con "ricos y excelentes cabritos" que ofrecía a los gijoneses "tras los días con el estómago molestado por las insalubres vigilias".
El día 17 de junio de 1912 tuvo lugar en Oviedo un mitin contra la blasfemia y en los días previos varios ciudadanos solicitaron a los concejales del Ayuntamiento de Gijón su asistencia a él. Los firmantes de la carta eran: Ángel Regueras, presidente de la junta organizadora; por el Círculo Católico del Obrero firmaba el Marqués de Mohias; por la Juventud Jaimista, Gonzalo Meras; por la Juventud Conservadora, Luis Acebal y por la Academia de Santo Tomás de Aquino, Secundino Prieto de la Torre.
En efecto el mitin se celebró en el teatro Campoamor y manifestaron su preocupación por ser Asturias donde más se blasfemaba y donde más palabras contra Dios se decían. Se escuchó también que las blasfemias del carretero (de las clases bajas) eran consecuencia de esos centros que Menéndez Pelayo llamaba "blasfemaderos públicos" e insistieron, todos los oradores, en que para condenar la blasfemia no hace falta ser creyente sino educado, culto y honrado. Además coincidieron en que el olvido de las enseñanzas de Cristo había llegado al Parlamento, donde algún Diputado se había convertido en arriero, renegando de Dios y de la Virgen. Quedó claro en este encuentro y en los artículos en prensa en días anteriores y posteriores al encuentro, que en Gijón y en toda Asturias se blasfemaba mucho y que podían tener cierta disculpa en ello la clase obrera pero que era imperdonable en las gentes ilustradas que también cometían faltas contra el Altísimo y contra los Santos.
Incluso la prensa apoyó formar (como así se hizo) "Ligas contra la Blasfemia" con reflexiones tan impresionantes como la que leemos en el diario ovetense "El Carbayón" del 23 de abril de 1909: "Así se evitarían estos espectáculos muchas veces unidos a la embriaguez. Si fuera posible restablecer los castigos de otras edades contra el blasfemo, cuando se le atravesaba la lengua con un hierro candente, entonces sí que se conseguiría aminorar esa costumbre irracional de todo punto, siquiera por aquello de que miedo guarda viña o el loco por la pena es cuerdo".
En ocasiones con ese grandonismo que siempre tuvo el gijonés, blasfemias verdaderamente fuertes eran calificadas como "cagamento y medio". Eso en el pasado pero en la actualidad son eufemismos locales derivados de blasfemias "mecago en la mar", "mecachis" o "meca". En el diario local "El Popular", del 1 de noviembre de 1904, vemos cómo era elogiado el industrial Julio Kessler que en los talleres de su fundición, La Begoñesa, tenía colocado un cartel con el lema "Se prohibe blasfemar"
Anacleto Moreno publicó en 1930, en Oviedo, el libro "La blasfemia". En la primera página el autor agradece al marqués de la Vega de Anzo el costear esta edición. En realidad se trata de una "Memoria" que fue presentada a la asamblea del Apostolado de la Oración, que se celebró en Oviedo en mayo de 1930 y en ella Moreno nos informa sobre qué es la blasfemia, sobre su malicia y sobre "los remedios que han de ponerse para eliminar tan horrendo mal".
Dos noticias.
―El Señor Alcalde de Gijón, Carlos Cienfuegos Jovellanos, impuso ayer las siguientes multas: de 15 pesetas a un vecino de la carretera de Oviedo que era portador de una navaja de uso prohibido. De 10 pesetas a un vecino de la calle Numa Guilhou por embriaguez, también a un vecino de Bernueces que llevaba consigo un revólver cargado y a un joven de El Llano, por blasfemo. Diario "El Noroeste", 18 de noviembre de 1909.
―Ayer fue detenido un individuo llamado Gumersindo Álvarez por hallarse en medio de la vía pública blasfemando del Santo Nombre de Dios, y en completo estado de embriaguez. Diario "El Pueblo Astur", 23 de octubre de 1913.

ASTURIAS LAICA DdA, XXII/6457

No hay comentarios:

Publicar un comentario