jueves, 3 de septiembre de 2026

CONCIERTO DE SILVIO RODRÍGUEZ: NUNCA EN EL LICEU SE ESCUCHÓ ¡VIVA FIDEL, VIVA CUBA LIBRE!

Antes de leer esta estupenda crónica del recital con el que el cantante cubano Silvio Rodríguez inauguró en Barcelona la que posiblemente pueda ser su última gira por España, me sorprendió no ver en Google reseña alguna del evento en el diario El País. El concierto tuvo lugar en el Liceu de Barcelona con el aforo a rebosar de público, según se advierte en la imagen. De las dos crónicas que puedo leer esta mañana en los diarios, en Público y La Vanguardia, destaco esta última, firmada por Sergio Lozano, en la que este subraya -como no cabe menos por su carácter noticioso en un ámbito escénico como el del teatro catalán- los gritos de "viva Fidel, viva Cuba Libre", nunca antes escuchados allí, y que además fueron respondidos con aplausos por el público asistente. Lozano, el redactor de La Vanguardia, termina su crónica así: "Antes de recibir un largo y sonoro aplauso final, Ojalá y Por quien merece amor, ya en el bis, sonaron a fiesta entre amigos que por fin se atrevieron a alzar la voz para concluir el ruego laico que antes había lanzado con Venga la esperanza y su plegaria: “Lárguese la escarcha, vuele el colibrí”, y con él, que vuelen las verdades que anoche sonaron con la voz del viejo trovador.


Sergio Lozano

Silvio Rodríguez se dejó en casa el kaláshnikov para aparecer anoche en el teatro del Liceu, primera etapa de su gira peninsular. El cantautor, que el pasado marzo recibió el arma que había reclamado para defender a Cuba de Estados Unidos –una imitación sin poder de fuego, en realidad– prefirió subir al escenario con la máquina de matar fascistas, como llamaba Woody Guthrie a su guitarra.

Probablemente nunca antes se habían escuchado en el Liceu gritos de “viva Fidel, viva Cuba Libre”, que alguien lanzó desde el segundo piso y fueron respondidos con aplausos por el público antes de que Joan Isaac y Sílvia Comes celebraran una pequeña previa con versiones del músico cubano que incluyó Cua de núvol, Et dono una cançó, y Oli d’una dona amb barret

El protagonista hizo su aparición luciendo una gorra donde se leía “aprendiz” en la frente, aunque anoche fue maestro a la hora de expresar lo que siente y desea para su maltrecho país y para el mundo. Aquel “cúmulo de verdades esenciales que caben bajo el ala de un colibrí” como escribió José Martí en el ensayo Maestros ambulantes, del que leyó un fragmento al poco de comenzar para seguir con Ala de colibrí.

“Hoy me propongo fundar un partido de sueños” entonó el viejo músico como carta de presentación, reflejo de un espíritu libre y sólido al mismo tiempo, defensor de los ideales comunistas de la revolución, pero crítico al tiempo con ella. O como dijo Martí al poco de comenzar la velada: “Se necesita ser bueno para ser feliz” pero también “se necesita ser próspero para ser bueno”. 

Candidez en la voz -entera a sus 79 años- y terciopelo en las guitarras se mezclaron anoche con la entrega de los asistentes, afiliados todos a la poesía de Rodríguez, donde no se sabe cuándo termina el amor y dónde comienza la reivindicación. La excepción fue un grupo de seis manifestantes que a la puerta de teatro, y rodeados por un cordón policial que les doblaba en número, exhibieron pancartas y lanzaron proclamas contra el castrismo entre la curiosidad de los turistas y el rechazo del público que hacía cola. Los asistentes, tildados de “charos” y “perroflautas” por el pequeño grupo, reaccionaron entre la indiferencia, algunos puños al aire y otras tantas peinetas, que no dejan de ser un puño con el índice alzado.

No llegó el ruido al interior del Liceu, atento a la Historia de las sillas, presto a corear en susurros, con vergüenza de novicio, Quién fuera o Pequeña serenata diurna, con esas letras que tanto pueden hablar de amor como de política, o de ambas cosas a la vez. No es de extrañar que tras los ritmos tropicales de Virgen de occidente -que formará parte de su próximo disco- cantara Viene la cosa, pieza de su último disco donde bromea con el término que en Cuba se utiliza para referirse a la política sin mencionarla. 

Acompañado por siete músicos con la omnipresente flauta a cargo de su esposa, Niurka González, y la hija de ambos, Malva, en las voces, Rodríguez no se movió de la silla durante toda la actuación, que navegó por arreglos suaves, añadidos de jazz y aromas del son cubano, sobresaliente en Escaramujo. Cantó aquella Eva que, liberada, “deja de ser costilla”, así como el recuerdo del Abel Santamaría que en Canción del elegido va “matando canallas con su cañón de futuro”. Y no se olvidó de EE.UU., destinatario que la salsera Me acosa el carapálida, ni del orgullo de ser El necio, con aire de jazz idóneo para un teatro.

Con la misma voluntad fue que el trovador, en lo más explícito de una noche donde también recordó a Pepe Mujica, se enfundó la kufiya (el pañuelo palestino blanco y negro) y leyó el poema Halt!, de Luis Rogelio Nogueras, quien, tras visitar Auschwitz reprochó al pueblo judío por cómo “olvidaron tan pronto el vaho del infierno”. Ató el lamento a La era está pariendo un corazón, y logró así un momento de máxima emoción. A solas con su guitarra interpretó ¿A dónde van?, y cantó La belleza de Aute con esa voz que en el reproche lleva también el perdón y arranca aplausos incluso con los silencios.

Antes de recibir un largo y sonoro aplauso final, Ojalá y Por quien merece amor, ya en el bis, sonaron a fiesta entre amigos que por fin se atrevieron a alzar la voz para concluir el ruego laico que antes había lanzado con Venga la esperanza y su plegaria: “Lárguese la escarcha, vuele el colibrí”, y con él, que vuelen las verdades que anoche sonaron con la voz del viejo trovador.

LA VANGUARDIA  DdA, XXII/6453

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