El número de zumbados medievales al frente de Estados modernos no deja de crecer. De la Espriella, nuevo miembro del selecto club, hizo un inventario de la crème de la crème mundial aprovechando el terremoto. Sólo aceptaremos ayuda de Estados Unidos, Israel y Argentina, dijo. Sabemos gestionar crisis, declaró el norteamericano que recomendó beber lejía durante el covid. Seremos solidarios, gritó el argentino que le vendió criptomonedas fraudulentas a sus propios votantes. De cadáveres entre escombros nadie sabe más que nosotros, pensó, pero no lo dijo, el primer ministro de Israel. La realidad se parece asquerosamente a un mal chiste.
Gerardo Tecé
Abelardo de la Espriella es la última incorporación a la Familia Monster de la ultraderecha mundial. Millonario y propietario de una de esas barbas que parecen dibujadas por un tatuador amante del barroco, este abogado de 48 años decidió hacerse llamar “el tigre” en plena campaña electoral. Desde su círculo cercano explican hoy con orgullo cómo surgió tan brillante idea: “Como Milei es el león y ganó, pues Abelardo quiso ser el tigre”. Y la gente lo llamó el tigre. Y él, con su aspecto de tertuliano de Sálvame Deluxe con varios trienios cotizados, rugía como un tigre en sus mítines porque Milei rugía como un león. Y a la gente le gustaba. Y lo votaron porque el tigre prometió muchas cosas buenas y a ti cuándo te han mentido un león o un tigre. Y chao pescao, que diría Ayuso.
Nada más estrenarse De la Espriella como presidente, el gran terremoto sacudió Colombia. Al flamante mandatario, que había asegurado tener a Dios en su equipo de campaña, no le quedó más remedio que convocar a los medios para dar explicaciones por lo sucedido con su colaborador. Al parecer, Dios había decidido ponerle esa prueba en su primer día de trabajo, a ver qué tal se desenvolvía, explicó en rueda de prensa el presidente colombiano. En su mirada vimos la gravedad lógica de quien sabe que Dios no solo lo está observando, sino que, además, le mueve placas tectónicas en plan El Grand Prix. Por supuesto, explicó De la Espriella, el todopoderoso quedó la mar de satisfecho con el resultado de su test al verlo aparecer por las zonas afectadas repartiendo balones de fútbol con propaganda de su partido político.
El número de zumbados medievales al frente de Estados modernos no deja de crecer. De la Espriella, nuevo miembro del selecto club, hizo un inventario de la crème de la crème mundial aprovechando el terremoto. Sólo aceptaremos ayuda de Estados Unidos, Israel y Argentina, dijo. Sabemos gestionar crisis, declaró el norteamericano que recomendó beber lejía durante el covid. Seremos solidarios, gritó el argentino que le vendió criptomonedas fraudulentas a sus propios votantes. De cadáveres entre escombros nadie sabe más que nosotros, pensó, pero no lo dijo, el primer ministro de Israel. La realidad se parece asquerosamente a un mal chiste.
Uno observa a tipos como De la Espriella, con su aspecto extravagante, sus declaraciones de lunático, sus granjas de bots fabricando bulos para idiotas y su gestión de la crisis y se pregunta cómo hemos llegado hasta aquí. Por qué ponemos voluntariamente nuestras vidas y sociedades en manos de desequilibrados. Por qué, el votante de derechas, ha decidido apostar firmemente por darle el poder a imbéciles a los que no soportaría ni cinco minutos en la cena de Nochebuena.
Es por la inmigración, responderán los votantes más entrañables e infantiles, esos que creen que la sanidad y la vivienda son un problema porque un tipo se subió a una patera y no porque otro se subió los dividendos. Es un voto de castigo contra la corrupción de la política, dicen divertidos analistas que dejan pasar por alto el detalle de que Trump y sus discípulos multiplican su patrimonio cada curso político. Me informo por Iker Jiménez, el de los espíritus y fantasmas, porque la prensa manipula. La realidad es que no hay un motivo racional ni lógico al que agarrarse para explicar esta enfermedad abrazada en masa. Si mañana Trump anunciase que suspende las elecciones o cierra periódicos, sus votantes, los que gritaban libertad, aplaudirían hasta destrozarse las manos. Abascal, nuestro fascista de kilómetro cero, se posiciona sistemáticamente del lado de potencias extranjeras que atacan a España, pero sigue haciendo llamamientos al voto patriota, con éxito.
Al votante del odio todo le da igual. Como si de un terremoto se tratase, vecinos, familiares y amigos parecen querer derrumbarlo todo. ¿Será que la derecha tradicional, machista, racista y homófoba, vio cómo mujeres, negros y homosexuales ocuparon con naturalidad lugares a los que no debían llegar? ¿Es dispararnos a todos en el pie la venganza de la derecha moderna por la tremenda derrota social sufrida? Antes rota que roja, que se dice en España. En Colombia andan indignados los afectados del terremoto por la gestión de su nuevo presidente. Si en la próxima crisis humanitaria un De la Espriella o un Abascal le regalan un balón con propaganda, pregúntele a su vecino votante, a ver si quiere dos.
CTXT DdA, XXII/6448
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