Ana Cardo
Por el rigor con el que se persiguen las manifestaciones a favor del pueblo palestino en aquel país, a pesar de estar sufriendo un genocidio por parte del Estado de Israel, sorprenden y reconfortan las declaraciones de la ministra de Asunto Exteriores de aquella república federal. Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este pertenecen a los palestinos, ha dicho Annalena Baerbock, y también ha asegurado que desplazarlos por la fuerza viola el derecho internacional y genera más sufrimiento. Esas tierras forman la base de un futuro Estado palestino, según sus palabras. Baerbock insiste en que nadie puede expulsar a la población civil. Un traslado forzado rompe las normas internacionales. Además, tal acción solo traería más dolor y más odio. La ministra pide soluciones que incluyan a los propios palestinos. Ella respalda la idea de dos Estados que permitan vivir en paz y seguridad. Cuando declaraciones como estas se hacen públicas casi tres años después del comienzo de la invasión y masacre de la Franja de Gaza, siendo quien la hace ministra desde hace cinco años de uno de los gobiernos más importantes de Europa, cabe preguntarse por qué todo un lustro de silencio o acomodación a los criterios de ese gobierno, suministrador de armamento a Israel mientras eran asesinados miles de niños y niñas palestinos.
DdA, XXII/6428

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