martes, 18 de agosto de 2026

GRITOS CON CITA Y GLOSA (LXXXIX): SOBRE OPROBIOS GLOBALIZADOS Y LA DULZURA DE LA VIDA

 


José Ignacio Fernández del Castro

«Quiero sentir el peso del mundo...
Volver a oír
entre las olas del mar,
del mar profundo,
la voz lejana que me susurra:
“La vida es dulce”.»
José María López Sanfeliu, conocido artísticamente como Kiko VENENO (Figueras, Gerona, 3 de abril de 1952): Inicio de “La vida es dulce”, 
primera canción del álbum Sensación térmica, (2013).

Mucha gente querría que, en cualquier mar (aunque no fuese muy profundo), las olas que llegan hasta su orilla le susurrasen con voz lejana que “la vida es dulce”... O, al menos, que “puede llegar a ser dulce”… O, simplemente, que tal vez pueda llegar un día, acaso por un instante, a tornarse dulce.

Pero no puede... Porque no tiene una orilla ni un mar a los que acercarse (todos están ya en proceso de privatización bajo la tutela de cualquier impulso de las políticas neoliberales: las orillas del mar y sus susurros para quien pueda pagárselos)...
Así que, desesperada por tantos desahucios vitales, la buena gente prefiere no acercarse a las orillas de mar alguno (sobre todo cuando toman la forma de acantilado) para evitar la tentación de acabar con todo de una vez... Porque ofuscada por las consecuencias concretas de las sucesivas crisis-estafa sobre su persona, se ha ido  quedando sorda para cualquier rumor marino... Y, hundida bajo el oprobio globalizado y demonizado su grito de queja como un desafuero antidemocrático, se halla definitivamente persuadida de que, en su indisimulable condición de lumpen, no merece dulzura alguna de la vida...
Y, sin embargo, Kiko Veneno tiene razón... El propio peso del mundo nos hace sentir que la vida es dulce... O que puede serlo... O que debiera serlo.
Por eso la voz colectiva debe crecer para reclamar el derecho de cada cual a participar de esa dulzura de la vida...  Puede y debe hacerlo señalando nítidamente a los responsables del injusto reparto de la dulzura de la vida.
Aunque los poderosos, sus testaferros políticos y sus voceros de turno descalifiquen torticeramente ese comprensible, necesario y urgente (y, por definición, absolutamente pacífico) escrache vital.
Porque en la defensa del derecho universal a la dulzura nos va la posibilidad misma de reinventar la vida… ¡Sin piedad!.

DdA, XXII/6340

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