domingo, 30 de agosto de 2026

EXPECTACIÓN POR LA OLONA DE 1967 EN EL DIQUE DE LIQUERIQUE



Félix Población

En efecto, debió de ser Vegafer, el fotógrafo en vespa del diario El Comercio, el que dejó plasmada para la posteridad en la que estamos esta peculiar instantánea que ejemplifica la expectación que levantó  en la villa de Gijón la posibilidad de que una gigantesca ola estallara en su litoral. Nos lo cuenta con cierto detalle Gijón, un corazón abierto al mar, y la verdad es que para quienes vivimos aquel episodio en nuestra adolescencia, es de agradecer la información facilitada. El gentío que se aglomera en la escalera anexa a la llamada Casa de los Prácticos, lugar batido por las olas donde los haya al comienzo del dique de Liquerique, eligió el 27 de marzo de 1967 el sitio idóneo para asistir a La Olona durante la anunciada como marea del siglo. Los medios de comunicación lo anunciaron, sin que yo lo recuerde, y hubo ciudadanos que se lo tomaron tan en serio como para esperar pacientemente la ola mayor de sus vidas, en lugar de tomar las precauciones propias del caso. Fue tanta la expectación creada que hasta de fuera de Asturias llegaron curiosos en trenes y autobuses, con los periódicos y emisoras de radio cebando la singularidad del episodio con imágenes de temporales pasados. Al final, sin embargo, tal como se dice en la página citada, fue más la prudencia del mar que la de los espectadores. Todo quedó en un temporal que no pasó de inundar un poco El Muelle (puerto interior) y las habitaciones de la Casa de los Prácticos. Visto desde el presente y refrescada la memoria con la curiosa fotografía y la información correspondiente, es posible que lo que más lamentara -incluso hasta el enojo- aquel adolescente con ganas ya de ser periodista fuera la falsa expectación mediática creada, haciendo posible imágenes como esta del personal en las escaleras de Liquerique, en la que hasta podría haber estado el firmante.

DdA, XXII/6451

1 comentario:

cineforumgijon dijo...

Yo también podría haber estado en esa foto... Aunque no creo, porque tenía ocho años y vivía de aquella en "les cases del Ferrocarril de Langreo" en Los Caleros (Roces) con lo que "bajar a Gijón" era una cierta aventura (salvo para ir a la escuela) que necesitaba "apoyo de adultos" (demasiado prudentes en mi casa para llevarme a un sitio así) y ocasión propicia (normalmente comercial, para comprar ropa, ir una vez a la semana al Mercado del Sur, o una vez al año, por Navidad, a ver alguna película de Cantinflas)... Por eso me resulta entre interesante, curioso y sorprendente que las autoridades de la época no adoptasen precaución alguna ante un fenómeno que podía resultar pelibroso para la integridad física (incluso para la vida) de la gente... Como se demostró tantas veces y por lo que ahora mismo, cuando se prevén marejadas extremas con oleaje invasivo de aceras y vías próximas, se acordonan las zonas de riesgo para prohibir el paso a las mismas. Es una especie de vuelta colectiva al romanticismo de las fuerzas desatadas del mar al estilo Turner... Sin saberlo, claro.

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