Ricardo Miñana
Un aliado no mantiene aspiraciones sobre territorios que España considera propios. Un aliado no utiliza la presión migratoria como herramienta de presión política. Y un aliado no debería poner a prueba constantemente la capacidad de respuesta de un país con el que supuestamente mantiene una relación de amistad y cooperación.
España debe dejar de actuar desde la dependencia y empezar a actuar desde la firmeza. La soberanía y la integridad territorial no se negocian. Las fronteras tampoco pueden utilizarse como instrumento de chantaje.
Si Marruecos decide utilizar la presión contra España, España debe responder con medidas proporcionales y contundentes: control y cierre de las fronteras cuando sea necesario, refuerzo y militarización de su vigilancia, revisión de toda la cooperación económica y de las ayudas, y utilización de nuestras relaciones energéticas y comerciales como instrumentos de presión diplomática.
No se puede exigir respeto mientras se financia, se facilita o se sostiene económicamente a quien actúa contra nuestros intereses.
España no necesita enemigos, pero tampoco necesita aliados que solo sean aliados cuando les interesa. Porque una cosa debería estar por encima de cualquier gobierno, cualquier tratado y cualquier interés económico: España debe defender sus fronteras, su soberanía y su dignidad nacional.
DdA, XXII/6451

No hay comentarios:
Publicar un comentario