jueves, 20 de agosto de 2026

EN MÉXICO CON EL PROFESOR MONEDERO: TODAS LAS REVOLUCIONES FRACASAN SALVO LA ÚLTIMA*

 

Félix Población

Al profesor Juan Carlos Monedero, cofundador de Podemos, ya no lo encontramos como articulista en los medios de información de nuestro país desde hace algún tiempo, a partir del -según sus palabras- “aquelarre que le montaron en todos los medios de España por unos supuestos comentarios en clase”. Ahora, para leer sus artículos o escuchar sus vídeos, hay que buscarlos en la otra orilla, como si se sintiera más implicado en la política en América Latina que en la, por otro lado, cansina actualidad política española. Le pregunto si tiene la sensación de sentirse un tanto transterrado, como les ocurriera en otras circunstancias a los republicanos del exilio, y me dice que cree que puede ayudar en América Latina porque hizo cosas en España y “además soy europeo, lo que me da una mirada que puede ser útil aquí" (nos responde estando en Ciudad de México). No obstante, aunque nos diga el profesor que en enero se incorporará a sus clases en la Universidad Complutense de Madrid, la primera pregunta parece obligada:

- ¿Tratas de curarte en esa América iberoamericana de lo que te duele de España?

América siempre es un lugar donde nosotros, gente de la Iberia crítica, podemos continuar la lucha como si fuera la misma. Aquí llegaron los republicanos españoles después de la guerra, a seguir la pelea enseñando, fundando editoriales, abriendo tiendas, trabajando, luchando. En México, en Colombia, en Venezuela, en Argentina pienso y sueño en castellano, en español como dicen por aquí, y es una manera de quitarme el “dolor” de España, ese que nos quiere regresar de tanto en cuanto la España que fusiló a Lorca y le quemó los libros a Don Quijote. En Alemania nunca me sentí en casa. En Latinoamérica sí.

-De tu último libro (Menos realidades y más promesas. El error de la izquierda, los monstruos del fascismo y el partido-movimiento, Fondo de Cultura Económica, 2025) dices que quiere ser el más sincero de los que has escrito, porque bebe de la teoría y de la práctica, muchas veces derrotada, en América Latina y en Europa. ¿Cuáles son esas teorías y prácticas y por qué eso lo puede hacer más sincero? 

Nadie podría explicar el sistema político de Marruecos con la Constitución de Marruecos. La realidad es más colorida que el gris de la teoría. Y lo que explicamos en la academia no siempre se parece a la realidad. Y cada vez más conforme los profesores renuncien a disturbar a los alumnos para evitarse problemas. Esto es válido para cualquier país, porque la Universidad es un espacio de reproducción del sistema. Cuando sucede un “error”, como fue Podemos, se activan los anticuerpos. La crítica permitida no puede ser más que un placebo. Si vas más allá, no te olvides de lo que le pasó a Gramsci. Los académicos tienen miedo de decir que la democracia española es deficiente, porque creen que eso les hace perder neutralidad. En cambio, decir lo contrario ¿acaso es hacer ciencia? Recuerdo una discusión con un catedrático que me dijo que yo no podía hacer ciencia del 15M porque había participado de las protestas. A lo que le contesté: ¿y tú puedes explicar el Parlamento y el funcionamiento de los diputados votando al PSOE y al PP?  Este libro es honesto porque ha pasado la teoría por el cedazo de la práctica en una decena de países y está escrito desde la derrota.

LLEVAR LO MEJOR DEL VIEJO MUNDO AL NUEVO

-Escribes que la decadencia de Estados Unidos arrastra al mundo y que, en frente, en el mundo de los BRICS (alianza política, económica y social formada por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), falta mucha cultura democrática. Dices que América Latina tiene una enorme responsabilidad para llevar al nuevo mundo lo mejor del mundo que se está marchando. ¿Cómo y en qué medida?

A veces veo emoción pensando a los BRICS como si fuera ese nuevo mundo que no termina de nacer y va a librarnos de la hegemonía norteamericana y Europea, o la ilusión de que la Rusia de Putin es un depositario de los valores que vio la izquierda en la URSS. Los BRICS no tienen la consistencia ideológica y cultural que tiene el mundo occidental, además de que los valores de sociedades como Irán o China no se corresponden con los valores de la Ilustración que, para nosotros, son virtuosos (los derechos de las mujeres, la libertad de culto, la separación iglesia y Estado, la libertad de expresión, de reunión, etc.). La geopolítica no va de ideologías, va de intereses, y hay que diferenciar. Lo que es cierto es que el viejo mundo se está marchando y ni Europa tiene la influencia que tuvo en América, África o Asia, ni EEUU es la única potencia global, como reconoce el propio Trump en la Estrategia de Seguridad Nacional de diciembre de 2025. No nos olvidemos que todo lo que está haciendo EEUU es para frenar a China. En lo que va a fracasar. Mi pregunta es ¿quién puede llevar lo mejor del viejo mundo -el Estado de derecho, la democracia, las libertades individuales- al nuevo? Seguramente será una tarea de la Europa antifascista y de la Latinoamérica antiimperialista en diálogo con las potencias emergentes, entre ellas China, que tendrá que ir asumiendo algunos de esos valores conforme sus tiempos así se lo den a entender.

 -Alguien escribió que todos somos Gaza, por lo que representa el poder sionista aliado a la Casa Blanca, con posibilidad de secuestrar presidentes en repúblicas no sumisas al imperio, perpetrar genocidios contra el pueblo palestino o contra el pueblo cubano. ¿Cómo crees que evolucionará la situación en Oriente Medio o en qué pararán, si paran, las pretensiones de Trump con respecto a sus afanes imperialistas en Cuba?

Todos los analistas, incluidos padres relevantes de la doctrina Neocon, como Robert Kagan, asumen que EEUU ha perdido la guerra contra Irán. Ese error táctico puede acelerar el declive norteamericano, que ha perdido en Gaza cualquier tipo de respeto moral del mundo, salvo el de presidentes lacayos que se comportan como traidores a sus propios países. Y te hago una predicción: no pocos de esos presidentes que están en el Escudo de las Américas terminarán en la cárcel, como pasó con los invitados por Felipe González a la primera Cumbre de las Américas. Trump es un imbécil por los cuatro costados, desde cuando hace que retiren una tarjeta roja a un jugador norteamericano hasta cuando revienta el orden mundial con bombas, algoritmos, amenazas y aranceles. Hemos escuchado a Trump decir que quieren acabar con el Tribunal Penal Internacional con el único objetivo de ayudar a Netanyahu. Cualquier demócrata del mundo hoy desprecia a los EEUU por el genocidio en Gaza, por su bravuconería global, por su falta de modales y de límites. La amenaza a Cuba, el cerco medieval intolerable al que está sometiendo a la isla o la estupidez de decir que es la capital del terrorismo mundial lleva a que la ciudadanía latinoamericana esté sintiendo lo mismo que ha sentido Europa con Gaza. Hata una persona moderada como Lula ya ha entendido lo que está pasando, algo que nunca entendieron otros como Boric en Chile o esa izquierda española que estaba más cerca de Trump que de Venezuela.

-Hablando de Venezuela. ¿Está la que se sigue llamando República Bolivariana de Venezuela bajo la gobernanza ya de Estados Unidos, como se sostiene desde círculos afines al chavismo, o no le cabe otra al gobierno de la presidenta encargada, cuyas promesas de devolver a Maduro a Miraflores se han ido esfumando a medida que la Casa Blanca dicta sus pretensiones?

Venezuela es a día de hoy un protectorado imperfecto donde unos y otros pretenden imponer su visión de lo que está pasando para justificar su posición. Trump presenta a Venezuela como su gran logro y, la verdad, les está robando el petróleo y los minerales, no quita las sanciones al país, no les devuelven CITGO y parece que no hay ni una sola decisión económica en Venezuela que no la apruebe previamente Marco Rubio o Wright, el Secretario de Energía. Por su parte, el gobierno de la presidenta interina, Delcy Rodríguez, libró al país de un muy probable bombardeo sobre población civil, evitó una muy probable guerra civil y, seguramente, se libraron ellos mismos de una “decapitación” como la que hemos visto que ha sufrido la dirigencia iraní. Pero la derecha global anda enfadada. Creyeron que María Corina Machado iba a ser la presidenta e iban a tener su parte del pastel, pero Trump sabía que un gobierno de esa señora implicaba repartir el botín, la desestabilización del país y una enorme dificultad para concretar el robo del petróleo. Trump siempre ha dicho que no quería otro Irán. Por parte de la izquierda hay quejas. Son quienes vieron en Venezuela el faro del antimperialismo y que hoy ven ondear la bandera de los EEUU o a genocidas israelíes tomando café en Caracas. Hablan incluso de traición a Chávez y a Maduro. No quiero ser cínico, pero ¿qué han hecho en sus países los que pedían al chavismo inmolarse? Es verdad que no hemos visto escenas de heroísmo en la dirigencia chavista como las que protagonizaron Allende, Sandino, Fidel o el Che. Venezuela hace siglos que no es amiga de esas gestas y yo no se lo reprocho. Pero ¿habría servido para algo? Delcy Rodríguez, al tiempo que está tragando sapos incomestibles, ha recordado su compromiso con Chávez, con el estado comunal, con la soberanía nacional, con su padre asesinado, pero siguen teniendo la bota gringa en el cuello. Ganar tiempo es hoy lo inteligente, aunque eso implique renunciar a la épica. El “por ahora” con el que Chávez se rindió en 1992 sirvió para que después pudiera gobernar el país. Los muertos gobiernan poco.

LA CUARTA TRANSFORMACIÓN LOGRÓ UNA SUSTITUCIÓN VIRTUOSA DEL LIDERAZGO

- Háblanos de México y de la actitud del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum con respecto a las relaciones con el vecino del norte. ¿Puede esta república seguir manteniendo sin sobresaltos su exitosa política de la Cuarta Transformación, iniciada con la presidencia de Andrés Manuel López Obrador, sin que la Casa Blanca entorpezca más allá de lo hasta ahora observado ese proceso. 

La Cuarta Transformación, como cuento en el libro, ha logrado algo que no ha conseguido ninguna otra izquierda reciente en ningún lado: una sustitución virtuosa del liderazgo. Fracasó Cristina Fernández, Rafael Correa, Evo Morales, Gabriel Boric, Pablo Iglesias… La continuación de la 4T con Claudia Sheinbaum ha permitido algo que, desde mi punto de vista, es un ejemplo virtuoso de la reconciliación que propongo en mi trabajo de revolución, reforma y rebeldía. Me refiero a una reforma judicial donde es el pueblo el que elige a los jueces, lo que, en España, nos podría haber librado de los Marchena, Escalonilla, García-Castellón, Peinado, Pedraz y todos esos jueces cuyos nombres conocemos porque los vemos detrás del vaciamiento de nuestra democracia. Han sacado a más de 14 millones de personas de la pobreza, aumentado la educación pública, la salud pública, se ha puesto en marcha un sistema de pensiones, se han reducido las desigualdades, se han recuperado empresas públicas… La maldición de México es geográfica y se llama EEUU. De allí llegan las armas que pertrechan al narco y allí no frenan el consumo de drogas que desestabiliza a Colombia, a Ecuador o a México. Trump ha sacado a la izquierda del gobierno en Honduras, en Colombia y va a por Brasil y México. Pero no lo va a tener tan fácil porque, aunque cuenta con aliados (el bolsonarismo, el PRI, el PAN) también hay consciencia popular y una mayor experiencia política que faltó en Colombia y Honduras.

- Cuál es el porvenir inmediato de Donald Trump en relación con las elecciones de medio mandato. ¿Crees posible que el actual alcalde de Nueva York, con una política muy contraria a la del presidente Trump, pueda llegar a ser el candidato demócrata a la presidencia o tal como se ofrece su programa estaría demasiado a la izquierda del que habitualmente diseña su partido?

Tenemos las brújulas desmagnetizadas. Sólo sabemos tres cosas ciertas de Trump: están asustados con los chinos, necesitan comportarse como matones porque piensan que así pueden retrasar el sorpasso, y, mientras tanto, se están enriqueciendo personalmenteAhora, cómo ejecutan esto es más errático. El baile de la yenka de los aranceles o el error Ormuz nos da pistas de esa falta de claridad. Nos gustaría predecir un fin inmediato de Trump, pero sería hacer whisful thinking, esto es, pensar deseando. EEUU sigue sacándole más de 10 billones de PIB a China (30,8 frente a 19,5), tiene el 50% del gasto militar mundial, el planeta sembrado de bases militares, capacidad de conseguir aliados (ahí está el Escudo de las Américas o la incorporación del dictador de Marruecos, Mohamed VI a ese harén), tiene buena parte de las empresas multinacionales más relevantes, un gran desarrollo en IA… EEUU no va a caer mañana. Y a Trump le votaron 77 millones de estadounidenses que sabían lo que estaban haciendo. 33 millones de ellos absolutamente lunáticos. Y el partido demócrata tampoco es bolchevique. Hay muchos dirigentes que podían estar igualmente en las filas republicanas. Y los fenómenos urbanos, como el de Mandani, con una gran presencia de inmigrantes como pasa en Nueva York, no puede extrapolarse al conjunto del país. Sin olvidar las vinculaciones incluso de la izquierda norteamericana, como Alejandra Ocasio o Bernie Sanders, con Israel. Creo que el mundo debe ayudar a los norteamericanos a salir de Trump y de su condición imperial -he imaginado muchas veces que había una retirada masiva de embajadores que les aislaba-, pero estoy convencido de que el mundo multipolar solo vendrá cuando se le plante cara a los EEUU y lo que han representado siempre, gobierne quien gobierne. Parece que nos queremos olvidar que Roosevelt entró en la Segunda Guerra Mundial por razones imperialistas y solo tras el acuerdo con Inglaterra de que iba a ser la siguiente potencia imperial e iba a tener manos libres en las antiguas colonias inglesas. Esa condición imperial, como cuenta el historiador Chamberlin en Tierra quemada es la que, igualmente, explica que tirasen las bombas atómicas sobre Japón. Nos sobran.

No quiero dejar de mencionar que las nuevas generaciones vienen con nuevas sensibilidades sobre las que estamos expectantes. Tienen una gran capacidad destituyente, como vimos en Nepal, pero mucho menos constituyente. Desconocen la historia de la izquierda en sus países y se corre el riesgo de que esa ignorancia lleve a que la historia se repita o rime con fuerza consonante. Tienen mayor aversión a la explotación (no quieren repetir el historial laboral de sus padres), mayor tolerancia a la diferencia, especialmente en las libertades individuales, mayor sensibilidad ecológica, feminista, y, creo, tienen una gran capacidad para la indignación. Todo eso puede abrir nuevos senderos a la izquierda, especialmente cuando lleguemos, como vamos a llegar, a callejones sin salida, en primer lugar medioambientales. Pero, al mismo tiempo, la existencia de alternativas por la izquierda, reales o imaginadas, va a traer el regreso del fascismo. No olvidemos que el colonialismo, tanto el exterior -con el mundo árabe y africano- como el interior -los “malos españoles” de Franco, Feijóo, Ayuso y Abascal- está en el ADN de Europa.

-Mantienes en tu libro que el ciclo de la indignación que comenzó con la crisis/estafa de 2008 no se ha agotado, pero se va polarizando, que en unos años habrá pueblos que prefieran el modelo chino o el estadounidense, sin democracia liberal uno y vaciado de democracia liberal el otro. Me gustaría que desarrollaras para los lectores de NT este pensamiento.

Podríamos decir que no se ha agotado la crisis de 1973. El sistema va de crisis en crisis, se van sumando elementos y el abanico de respuestas se acaba. Vivimos en el momento con mayores desigualdades de la historia, y eso siempre es explosivo. El Foro de Davos asume la condición de “policrisis” del mundo, donde diferentes crisis se superponen y alimentan -económica, medioambiental, demográfica, migratoria, tecnológica, democrática y, por encima de todas, la geopolítica- y eso va a polarizar las respuestas. Cada vez más, y eso se nota mucho en América Latina, la gente prefiere el orden a la democracia. Prefiere que haya seguridad y trabajo a elecciones que, además, se ven como algo amañado. Es muy probable que veamos autoritarismo con redistribución de la renta, autoritarismo sin redistribución de la renta, y formas de democracia liberal donde no hay ni habrá mucha democracia ni mucha redistribución. De ese escenario es de donde debiera salir una alternativa de izquierda.

QUE LA IZQUIERDA PIENSE EN UN LIDERAZGO INDEPENDENTISTA ES SEÑAL DE CONFUSIÓN

- No se si piensas que la división de la izquierda en España, a partir de la división en Podemos, el surgimiento de Sumar y los precarios resultados electorales cosechados hasta ahora ¿podrían ser un indicio de que si la gestación y arranque fueron singularmente apoteósicos, acaso lo sea también su apagamiento como consecuencia de la decepción popular. ¿Hay izquierda creíble en España para volver a remontar el vuelo? 

La situación de la izquierda española es deprimente. Muchos jefes y pocos indios. Y el pueblo repitiendo aquello del Cid de “Dios que buen vasallo si oviese buen señor”. El debate es de personas que se odian entre sí y que no han sacado las consecuencias democráticas de la debacle de un bloque que tuvo 6 millones de votos. ¿Dónde están los seis millones de votos de Podemos e Izquierda Unida? Eso no es recuperable, no solamente por la enorme fragmentación y balcanización territorial de las izquierdas, donde el odio de las dirigencias impide encontrar soluciones virtuosas, sino porque nos olvidamos que primero es el movimiento y luego es el partido. Y eso se ha malbaratado. El antifranquismo creó el PCE, el movimiento anti OTAN Izquierda Unida y el 15M a Podemos. Hoy no hay movimiento y la voluntad del régimen del 78 de pulverizar a la izquierda ha tenido éxito. Y, desgraciadamente, desde la propia izquierda les hemos ayudado. Pensar que un liderazgo independentista, al que respeto mucho personalmente, como es Rufián, puede representar a la izquierda española es una señal de la confusión y la falta de debate real en la que estamos. Podemos consiguió cambiar cosas, que nos diéramos cuenta del poder de los medios, de los jueces, de la podredumbre de la monarquía y del bipartidismo, logró incorporar a la izquierda vasca y catalana a un bloque de gobierno. Pero hoy es una fuerza que, a fuerza de hacer una política identitaria suicida se parece al guerrero de Los caballeros de la Mesa cuadrada de los Monty Python: totalmente amputada pero levantando la voz. Y no es porque no tenga razón en lo que dice, sino porque ha renunciado a hacer política. Me recuerda al Anguita que cuando la gente le decía en la calle: ¡Cuánta razón tienes Julio! ¡Cómo te queremos! Y él contestaba: queredme menos y votadme más. Podemos ha sacado 0’7% en Galicia, 0’9% en Castilla-León y en Andalucía nadie se atreve a explicar realmente qué pasó. Ya ni pido que nadie reconozca errores. Miro desde lejos como un espectador aterrado e impotente que también tiene, seguro, su parte de culpa.

-Acabamos de tener noticia del ataque de Ucrania a barcos iraníes, confirmando quizá lo que escribió Rafael Poch en un reciente artículo en CTXT: en Ucrania, Irán y Venezuela estamos asistiendo a una misma guerra. ¿Cuál es tu opinión al respecto y el papel que en esta guerra estaría jugando Israel con la destrucción de la Franja de Gaza y el ataque a Líbano?

La respuesta a la policrisis actual tiene una vertiente geopolítica. El auge de la extrema derecha es la expresión del “sálvese quien pueda” sembrado por el neoliberalismo. Hay una frase que resume la apuesta de eso que llamamos neoliberalismo, esa sustitución del modelo keynesiano y del estado social: no hay sociedad para todos. Es esa metáfora terrible del cumpleaños de Trump poniendo un ring de lucha libre en la Casa Blanca: son los juegos del hambre. O matas o mueres. Nadie está ahí para ayudarte. El pez grande tiene derecho a comerse al pez chico. Si te sientes solo, te compras un libro de autoayuda, te buscas una religión que te obligue muy poco, lloras escuchando a Rosalía y votas a un político que te autorice a ser un canalla. La guerra es la salida natural a la crisis del neoliberalismo. Debemos saberlo para intentar evitarla.

- ¿Qué poso te ha quedado de tus años de militancia en Podemos y de todos los avatares soportados como consecuencia del papel que jugaste como cofundador y una de las personas más significadas del partido? 

Hay mucho aprendizaje. Mucho amor acompañado de la ternura de la solidaridad. Nada hay más hermoso que pelear con otros por un mundo más decente. También la certeza de haber hecho mi parte, con el detalle de no haber querido tener cargos públicos cuando muchos se pelaban por tenerlos. No quise ser eurodiputado, diputado, senador ni alcalde de Madrid, como una manera de preservar el mensaje de que íbamos a hacer algo diferente. Pero mentiría si no dijera que hay un poso de amargura. ¿Ha merecido la pena tanto esfuerzo para terminar derrotados y peleados entre nosotros? He tenido más de 20 denuncias y querellas, que he ganado en los tribunales, pero van dejando cicatrices. La derecha no nos va a dejar en paz porque les molestamos realmente. La última querella ha sido de mi universidad, donde una antigua alumna regresó tres años después de darle clase. ¡Tres años después! a poner una denuncia por acoso sexista ambiental, es decir, que supuestamente le había insultado en clase. Me montaron un aquelarre en los medios de toda España, haciendo comparaciones intolerables con otros casos (y ahí algunas izquierdas se portaron como canallas), por supuestos comentarios en clase. Que son mentira, porque si realmente hubieran tenido lugar, si hubiera sido verdad que insulté a una alumna, los alumnos habrían saltado y se habría montado un escándalo. Y resulta que cuatro años después, al calor de una ofensiva por haber dado una clase sobre derechos humanos a la policía en Venezuela, se sustancia en esa denuncia, con una instrucción de gente del Opus Dei y una sanción que me deja fuera de la universidad hasta enero. Nunca toleraron que Podemos naciera en la Facultad de Políticas. Ya gané el primer juicio sobre este asunto, y volveré a ganar, pero tanto ataque va minando. Y es más triste aún cuando las peleas a la interna en la izquierda olvidan las elementales formas de la camaradería y todo vale para intentar debilitar a tu adversario. De dentro o de fuera. Pero no quiero ser injusto, me acuerdo de lo que tienen que pasar los compañeros y compañeras en Colombia, en México, en Argentina, en El Salvador, me acuerdo de lo que pasaron los republicanos españoles, me acuerdo de lo que han pasado muchos militantes de Podemos en sus pueblos, en sus ciudades, de cómo los han castigado pero, como no son famosos, nade lo menciona. Y entonces me digo: te levantas y sigues. Así que no me arrepiento de nada de lo que he hecho, pese a todos los sinsabores, de alguna que otra traición y de muchas tonterías. Tocará seguir fracasando cada vez un poco mejor. Todas las revoluciones fracasan salvo la última.

*Entrevista publicada también en Nueva Tribuna.

*Fotografías realizadas en la cafetería El Péndulo de  Ciudad de México.

DdA, XXII/6442


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