jueves, 13 de agosto de 2026

EL ECLIPSE QUE TODO LO ECLIPSA, HASTA LO DE CEUTA


Ante esta situación social, política y de defensa de nuestro país, nadie nos está dando seguridades de que se resolverá rápidamente y no podrá volver a repetirse, porque todos los medios de comunicación están ocupadísimos ofreciéndonos datos de lo que supone el eclipse de sol que se va a producir en pocos minutos, mientras estoy escribiendo, para la vida de los españoles.

Lidia Falcón

Si ante el conocimiento de la llegada de los miles de marroquíes a Ceuta las autoridades y las televisiones hubiesen estado informando tanto a los medios de comunicación como a la ciudadanía con el interés con que lo están haciendo del eclipse de sol, otro hubiera sido el comportamiento del Presidente de la ciudad, del presidente del gobierno, de los ministros, de los partidos políticos, de las fuerzas de seguridad, y otra muy distinta la situación de los emigrantes, de los menores no acompañados, de los vecinos ceutíes y del Ejército, de la Guardia Civil y del gobierno del Estado.

No sabemos cuánto tiempo atrás estuvieron intercambiando por las redes sociales el plan del viaje los miles de marroquíes que se preparaban para cruzar a nado desde el continente africano hasta la ciudad española. No lo sabemos porque no nos lo han explicado, como en cambio nos tienen aburridos contando las vicisitudes que pasarán los que se disponen a recorrer medio planeta para ver como se hace de noche media hora antes de lo normal en esta época del año.

Aquí, en este país miembro de la Unión Europea, el continente más rico, liberal, democrático y defensor de los derechos humanos del mundo, ninguno de los que gobiernan y dirigen la defensa de nuestro territorio, vigilan los movimientos migratorios y controlan el tráfico terrestre y marítimo, son responsables de la seguridad de los que habitan esa ciudad, y deben garantizar la paz y la convivencia de los ceutíes, se enteraron de la invasión que se preparaba. Fueron espectadores sobresaltados cuando miles y miles de hombres, muchachos adolescentes, niños, y hasta algunas mujeres que portaban bebés aparecieron desafiando los riesgos del mar, con sus solos brazos, en las playas de Ceuta.

Una semana después de esta gesta multitudinaria, los representantes del gobierno de la ciudad, los ministros y el presidente del gobierno de España, nos muestran sus semblantes desconcertados, y balbucean declaraciones incomprensibles mientras los políticos de la oposición les insultan y piden severas represalias, no sé contra quien, porque aparte de los ahogados, los supervivientes mal respiran echados en el suelo de cemento de los muelles, al sol, esperando que algunos ceutíes caritativos les lleven una botella de agua. Porque tampoco ninguno de los representantes españoles, ni del gobierno ni de la oposición, se atreve a pedirle explicaciones a Marruecos, que ya sabemos que su ilustre y democrático rey es omnipotente e impune y no da explicaciones, y sus ministros y sus fuerzas de seguridad nunca hemos sabido a qué se dedican.

Los responsables de la seguridad de nuestra nación, los que sea que trabajan para ello en el llamado CNI (Centro Nacional de Inteligencia) no han dado muestra alguna de que posean esa cualidad. No sabemos si vigilan las redes sociales para saber lo que en ellas se organiza y amenaza, y si lo hicieron y leyeron algunos de los miles de mensajes que estaban convocando a sus iguales a iniciar ese insólito y peligroso éxodo, los tomaron en serio o se quedaron con la idea de que eran bromas como las que se difunden por el tenebroso mundo que ha creado Internet. El resultado, ya visto, es que no reaccionaron al peligro que se venía encima, ni avisaron a sus superiores, ni informaron a los gobernantes de la ciudad ni del Estado ni siquiera hicieron alguna llamada a sus amigos periodistas. Y todos, todos, se quedaron pasmados, cayéndoseles la baba mientras la mayoría de los marroquíes, que tienen genes de conquistadores, alcanzaban las playas y se acercaban a la ciudad.

La ministra de Defensa, no debe de tener instrucciones de en lo que consiste su ministerio, muy sonriente, proclamaba con un tono enfático y solemne que el ejército español está siempre defendiendo a su patria.

El ministro de Interior, el que fue ilustre juez y ahora se ocupa de proteger a los españoles de los robos y agresiones de vagos y maleantes, balbuceó algunas frases ante el micrófono de la televisión, pero he de confesar que no me enteré de lo que dijo , por lo que deduzco que no debió de ser trascendental. Pero supongo que los ceutíes deben estar anhelantes de saber qué les va a suceder si no se resuelve rápidamente el destino de los miles de marroquíes que siguen en las calles, las plazas y las playas de su ciudad.

El Presidente de Ceuta insiste, con algo de desesperación, que ellos no tienen medios con los que hacerse cargo ni de la vigilancia de las playas ni del mantenimiento del orden en la ciudad, ni del alojamiento de los menores no acompañados, que hasta que llegó la avalancha eran 89.

Otros personajes que han aceptado contestar a algunas preguntas de los periodistas, aseguran que no sabían nada, el Presidente del Gobierno confirma, con tranquilidad, que el servicio de inteligencia no le avisó, y no nos explica que piensa hacer para remediar tal comportamiento.

A los únicos que vemos llevarles agua a los náufragos, algunos trapos para que se tiendan en el suelo, y hasta atenderlos psicológicamente es a los voluntarios de la Cruz Roja, como son las vecinas ceutíes las únicas que entregan bocadillos a menores y exhaustos nadadores.

Es decir, en resumidas cuentas, el gobierno de España repite con la boca llena de pasión que Ceuta es España, eso también afirman los políticos de la oposición, eso chillan los ceutíes, ese es el estribillo más contundente contra las reclamaciones del rey Mohamed VI de que le devuelvan las ciudades que le robaron en tiempos pretéritos, y en ese cantar llevan, que yo sea testigo, noventa años, y cuando, dicen que, por su cuenta, los jóvenes marroquíes, y mujeres y menores, asaltan la ciudad modelo de la españolidad, ni el Presidente de la ciudad, ni el Ejército, ni la Guardia Civil, ni la policía nacional, ni aún siquiera la policía municipal, ni los aguerridos militantes de la oposición política, salen a la calle a defender España.

Y por supuesto, nadie de los que gobiernan y administran y defienden nuestro país explica cómo van a alojar y alimentar a los mil quinientos niños que se deshidratan en las playas y en los muelles de la ciudad, donde van a meter a los adultos que vagan por las calles sin comida ni albergue, ni cómo van a proteger y a tranquilizar a los ceutíes, que se han encontrado con la invasión de su ciudad más inimaginable. Pero supongo que seguirán cobrando su sueldo.

Ante esta situación social, política y de defensa de nuestro país, nadie nos está dando seguridades de que se resolverá rápidamente y no podrá volver a repetirse, porque todos los medios de comunicación están ocupadísimos ofreciéndonos datos de lo que supone el eclipse de sol que se va a producir en pocos minutos, mientras estoy escribiendo, para la vida de los españoles.

DdA, XXII/6435

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