domingo, 23 de agosto de 2026

EL BLOQUEO ES UN NEGOCIO, PERO CAERÁ PORQUE SE HACE CONTRA LA DIGNIDAD HUMANA



Raulito Torres/Aquí en La Habana

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Alguien por estos días me hizo una pregunta recurrente....que qué haríamos si de pronto tumban el bloqueo...y yo:

Vamos a abrir los ojos mi gente...somos un pueblo que ha hecho de la escasez una escuela de prodigios y de la voluntad un músculo insomne. La grandeza no viene del tamaño de la isla, viene del tamaño de su alma. Donde el mundo ve falta, nosotros sembramos ingenio; donde falta el repuesto, ponemos el alma; donde falta el pan, compartimos la dignidad. Hemos atravesado ciclones, sanciones y asedios, y aun así amanecemos con el mismo sol tercamente hermoso. Si con las manos casi vacías levantamos hospitales, alfabetizamos montañas y parimos vacunas, ¿qué no haríamos con las manos llenas?
Si sin recursos sobrevivimos y hasta asombramos, imagínese sin el bloqueo, con recursos: los laboratorios floreciendo como jardines, los campos devolviendo cosechas sin pedir permiso, los niños sin otro techo que su talento y sin más frontera que su vocación. Seríamos LA POTENCIA DE LA TERNURA y a eso le tienen miedo los bloqueadores..., la fábrica de solidaridad que ya asombra al mundo, multiplicada por la técnica y el descanso. Porque el cubano no pide riqueza para acumular: pide recursos para crear, para curar, para enseñar, para seguir partiendo el pan con el que llega hambriento.
El bloqueo es el miedo de los imperios a un pueblo que demuestra que se puede vivir con decoro sin arrodillarse. Nos castigan por no rendirnos, por creer que la salud y la educación no son mercancías, por atrevernos a soñar en colectivo. Pero el imperialismo no sabe que el amor es un motor que no necesita gasolina, y que la memoria de los mártires es un combustible infinito. Cada pieza negada se convierte en vergüenza para el bloqueador y en escuela de valentía para nosotros.
Sin bloqueo, Cuba no sería una isla más en el mercado: sería un faro para los pueblos, la prueba viva de que la humanidad puede organizarse desde la justicia y no desde la codicia. Seríamos científicos y poetas, agricultores y arquitectos de la esperanza, sin dejar de ser ese pueblo abrazador que cura en Haití, alfabetiza en África y comparte la vacuna con los pobres de la Tierra. El bloqueo es un negocio pero caerá, porque todo muro levantado contra la dignidad termina en ruinas sean cuales sean sus componentes; y ese día, el mundo entero verá lo que esta isla guarda en el pecho: un volcán de amor con forma de archipiélago, desparramando alegría y buenas energías a ese mundo que hoy sigue mostrándole apenas su espalda, salvo santas excepciones....

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Este señor que me preguntaba sobre Cuba sin bloqueo..., no quedó conforme con la respuesta anterior ...pues a continuación expongo en mi muro su cuestionario y debajo mi nueva respuesta, esta vez con más argumentos ...espero que vaya bien servido en esta ocasión!!
Tu respuesta es hermosa desde el punto de vista literario y expresa un profundo amor por Cuba. En eso podemos coincidir. Pero mi pregunta iba por otro camino: ¿qué ocurriría realmente si mañana desaparecieran todas las sanciones de Estados Unidos?
Supongamos que mañana Washington elimina completamente el embargo. Cuba podría comerciar con Estados Unidos sin esas restricciones, acceder con mayor facilidad a financiamiento, atraer determinadas inversiones y reducir muchos costos y obstáculos comerciales.
Perfecto.
Pero al día siguiente seguirían existiendo preguntas que el embargo no puede responder:
¿Quién hará producir una agricultura que durante décadas ha estado sometida a controles, restricciones y decisiones burocráticas?
¿Quién devolverá productividad a empresas estatales deficitarias?
¿De dónde saldrá el capital si no existe suficiente seguridad jurídica para quien invierte?
¿Cómo se recuperarán la infraestructura eléctrica, el transporte, los acueductos, las viviendas y una industria deteriorada durante décadas?
¿Quién detendrá la emigración de médicos, ingenieros, técnicos, agricultores y jóvenes?
Y, sobre todo, ¿cuánto tiempo necesitaría Cuba para recuperarse?
Porque eliminar el embargo no significa que al día siguiente aparezcan barcos cargados de mercancías gratis. Comerciar significa comprar, vender, producir, financiar y pagar.
Además, Cuba no ha estado completamente aislada del mundo. Durante décadas ha comerciado con Europa, China, Canadá, Rusia, México, Brasil y muchos otros países. Incluso ha comprado alimentos y productos agrícolas a Estados Unidos bajo las excepciones permitidas por la legislación estadounidense.
Por eso mi planteamiento no pretende negar que las sanciones estadounidenses tengan costos reales. Los tienen. Mi pregunta es otra:
Si mañana desapareciera el embargo y cinco o diez años después Cuba continuara con baja productividad, escasez, deterioro de servicios y emigración, ¿a quién responsabilizaríamos entonces?
Amar a Cuba también significa hacernos esa pregunta.
Yo también creo profundamente en la capacidad del cubano. Precisamente por eso pienso que Cuba necesita algo más que el levantamiento del embargo: necesita liberar las fuerzas productivas, garantizar propiedad y seguridad jurídica, permitir verdadera iniciativa privada, atraer capital, producir riqueza y dejar que el talento de los cubanos pueda desarrollarse sin tantas trabas internas.
Entonces sí podremos comprobar hasta dónde somos capaces de llegar.
Porque quitar el embargo puede quitar una parte del problema; pero ningún decreto firmado en Washington puede sustituir las reformas que corresponde hacer en La Habana.
Mi respuesta:
.... tu pregunta es legítima y la recojo con el respeto de quien no teme a la verdad. Pero permíteme decirte que como casi siempre pasa, hay en ella una trampa sutil: la de separar el bloqueo de la realidad interna como si fueran dos mundos que no se tocan. Y no es así. El bloqueo no es una anécdota; es una guerra económica de más de sesenta años que ha condicionado cada ladrillo, cada semilla, cada decisión, cada sueño. No se puede juzgar la productividad de un pueblo al que le han atado las manos a la espalda y luego preguntarle por qué no nada.
Tú dices: “¿Quién hará producir una agricultura sometida a controles burocráticos?”. Y yo te respondo: la hará producir el campesino cubano cuando pueda comprar un tractor sin persecución financiera, cuando el fertilizante no tenga que llegar por otras vías dificultosas, cuando cada semilla no sea un milagro de resistencia. Porque la creatividad del cubano no está muerta: está comprimida, como un resorte, esperando el momento de saltar. ¿O acaso no viste cómo en los peores años del Período Especial, sin combustible, sin insumos, sin créditos, Cuba reinventó la agricultura urbana, la organoponía, la medicina verde? Eso no lo hizo la burocracia: lo hizo el pueblo, con las uñas, con la inteligencia, con la terquedad de quien se niega a morir.
Tú preguntas: “¿Quién devolverá productividad a empresas estatales deficitarias?”. Yo te digo: la devolverán los trabajadores cubanos cuando no tengan que elegir entre reparar una máquina o alimentar a sus hijos, cuando cada pieza de repuesto no sea una odisea diplomática, cuando el acceso a tecnología no sea un delito castigado por la extraterritorialidad de las leyes estadounidenses. Porque el bloqueo no es solo prohibición de comerciar: es persecución bancaria, es veto a navieras, es cierre de puertos, es miedo inducido a cualquier inversor. Quítale eso, y verás cómo la empresa estatal cubana, con sus profesionales formados gratuitamente, con su cultura de innovación, puede levantarse. No es un problema de propiedad: es un problema de asfixia.
Dices: “¿De dónde saldrá el capital si no hay seguridad jurídica?”. Y te respondo: la seguridad jurídica no se decreta en el vacío; se construye en la práctica. Cuba ha aprobado una nueva Constitución, ha abierto zonas de desarrollo, ha firmado acuerdos de protección de inversiones. Pero dime: ¿qué inversor sensato arriesga su capital si sabe que Estados Unidos puede multarlo, encarcelarlo o incluirlo en listas negras solo por negociar con Cuba? El bloqueo es un muro de miedo que ahuyenta hasta al más valiente. Levántalo, y la seguridad jurídica cubana se pondrá a prueba en un terreno real, no en un campo minado.
Tú preguntas: “¿Cómo se recuperarán la infraestructura eléctrica, el transporte, las viviendas?”. Y yo te digo: con el mismo ingenio con que Cuba fabricó sus propias vacunas contra la COVID-19 mientras el mundo rico acaparaba patentes. ¿Sabes lo que significa producir Soberana, Abdala, Mambisa, sin acceso a insumos básicos, sin divisas, sin créditos? Significa que hay una capacidad científica y técnica que el bloqueo ha reprimido, pero no destruido. ¿Cómo no va a poder reparar una termoeléctrica un país que ha formado a cientos de miles de ingenieros? El problema no es la capacidad: es el acceso a los recursos, a las piezas, a los créditos, a los mercados. Todo eso se lo niega el bloqueo.
Tú dices: “¿Quién detendrá la emigración de médicos, ingenieros, técnicos, agricultores y jóvenes?”. Y yo te respondo: la detendrá la esperanza. Porque el cubano no emigra por falta de talento; emigra porque el talento no encuentra espacio para respirar en una isla bloqueada. Dale a un joven cubano la posibilidad de crear, de emprender, de producir, de importar, de exportar, y se quedará. Dale a un médico cubano un consultorio con insumos, una perspectiva de vida, y no tendrá que elegir entre curar en su tierra o sobrevivir en el extranjero. La emigración no es un destino: es una consecuencia del estrangulamiento. Abre las compuertas y verás cuántos regresan, cuántos invierten, cuántos construyen.
Ahora, tu pregunta más dura: “Si mañana desapareciera el embargo y cinco o diez años después Cuba continuara con baja productividad, escasez, deterioro de servicios y emigración, ¿a quién responsabilizaríamos entonces?”.
Te respondo con la seriedad de quien ha estudiado un poquito la historia y la economía, pero también con la fe de quien ha visto al pueblo cubano sobrevivir a lo imposible. No va a pasar. Porque Cuba no es un país quebrado: es un país herido. La diferencia es fundamental. Un país quebrado ha perdido la capacidad de regenerarse; un país herido tiene una fuerza vital impresionante, una memoria, una cultura de resistencia, una educación universal, una salud pública, una cohesión social que el capitalismo neoliberal ni sueña. Si con el bloqueo logró alfabetizar a toda su población, reducir la mortalidad infantil a niveles de primer mundo, crear un sistema de salud que exporta solidaridad a cien países, desarrollar biotecnología de punta, ganar campeonatos mundiales y producir una cultura admirada en todo el planeta, ¿qué no hará sin el bloqueo?
No digo que no haya que hacer reformas. La Revolución Cubana ha sido, desde el primer día, un proceso de transformación constante. Pero esas reformas no son un requisito previo para que el bloqueo se levante; son un derecho soberano del pueblo cubano, que las hará a su ritmo, con su propia lógica, sin imposiciones externas. Y digo más: el bloqueo ha sido precisamente el mayor obstáculo para que esas reformas den frutos. Porque reformar en medio de una guerra económica es como sembrar en un huracán. Se puede, pero los resultados son magros.
El decreto de Washington no sustituye las reformas de La Habana, es cierto. Pero la ausencia del decreto de Washington las hace casi imposibles. Es un falso dilema plantearlo como si fueran alternativas excluyentes: no se trata de “o bloqueo o reformas”, sino de “fin del bloqueo y reformas”. Sin embargo, mientras exista el bloqueo, cualquier reforma nace con una soga al cuello.
Yo amo a Cuba. Y precisamente porque la amo, me niego a aceptar la narrativa de que su destino depende de lo que haga Washington. Cuba ya ha demostrado que puede levantarse de las cenizas; lo hizo en 1959, lo hizo en el Período Especial, lo hizo tras cada huracán, lo hace cada día en cada barrio, en cada escuela, en cada hospital. El bloqueo no ha logrado doblegarla porque el pueblo cubano tiene una capacidad de resistencia que es también una capacidad de creación.
La creatividad reprimida por el bloqueo es una realidad tangible. Miremos a los cuentapropistas, a los artistas, a los científicos, a los campesinos, a los maestros, a los médicos. Todos ellos, bajo condiciones de asfixia, han logrado milagros. ¿Te imaginas lo que harán cuando respiren? Porque el talento cubano no necesita permiso para existir; necesita oxígeno para florecer. Y el bloqueo es la mano que aprieta la garganta.
Así que no, no esperaré diez años para saber si Cuba puede. Sé que puede. Lo sé porque la he visto levantarse una y otra vez, con dignidad, con alegría, con solidaridad, sin perder el alma. Y sé que el día en que el bloqueo caiga, no será Washington quien salve a Cuba: será Cuba la que, al fin, podrá mostrar al mundo todo lo que ya era, todo lo que siempre fue, todo lo que el imperio intentó ocultar con bombas económicas.
Porque Cuba es un faro que ha resistido la tormenta más larga de la historia. Y cuando amaine el viento, su luz iluminará no solo el Caribe, sino el mundo entero.
Esa es mi respuesta, hermano, sin ingenuidad pero con certeza histórica, sin dogma, pero con la evidencia de un pueblo que ha convertido la resistencia en un arte y la creatividad en un arma. El bloqueo caerá, y cuando caiga, Cuba no tendrá que pedir permiso para ser grande: ya lo es. Solo necesitará que le quiten las cadenas para volar.

DdA, XXII/6445

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