Víctor Claudín
Se nos sigue yendo la gente querida. Ayer murió Carmen Abenza (no confundir con una periodista andaluza). Tenía 98 años. No la vais a encontrar en la wikipedia, y, salvo alguna rara referencia escondida, en ningún lugar de estas redes que son el mundo que vivimos. Pero, en cambio, si forma parte del corazón de muchos que la conocimos y la quisimos. Una mujer pequeñita, muy manejable, pero con una energía, una vitalidad y una grandeza, difíciles de superar. Su vida fue dura, incluso trágica, a lo largo de un montón de años. Luego, autodidacta, empezó a ser feliz y a contar por escrito su historia, lo que pensaba de la vida y cómo veía el mundo. De esa guisa se autoeditó dos o tres libros. Luego, con Herminio, el librero y editor de Collado Mediano, Librería HG, publicó otros dos, Niños de la guerra y Una mujer vista por dentro, ambas con portadas realizadas por su hija Susana Abenza. Juntando toda su obra una especie de autobiografía llena de sentimiento, de luz y de dolor, de pensamientos, de principios, de Historia. Con más de 85 años se apuntó al taller de creación literaria que yo conducía en la librería, porque ella quería seguir aprendiendo, tratando de escribir cada vez mejor. Una luchadora con la que me encontré en muchos combates. Una mujer de la estirpe de las grandes personas, cuando para las mujeres decir eso es mucho más complicado que para los hombres, que tenemos todas las ventajas imaginables. Ayer, el abrazo con su preciosa y querida hija Susana, me permitió volver a recordar todo lo bueno de la abuela de Collado Mediano que, ya, cansada de batallar, desaparecía. Eternamente en nuestra memoria, Carmen Abenza.
DdA, XXII/6445

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