Vivimos una era en la que Iker Jiménez, el de los fantasmas, es el referente informativo de buena parte de la población española mientras en el mundo manda la ideología de quien recomendaba beber lejía para combatir un virus. Cuando lo que debería ser un chiste es la pura realidad, el humor y la sociedad tienen un gran problema.
Gerardo Tecé
Mucho se habla de la mujer y el inmigrante como víctimas del tsunami derechista y poco de la comedia. No me refiero a que las teles generalistas, repletas de nazis tertulianos hablando de libertad, censuren a humoristas que se atreven a desnudar al facherío. Tampoco a que jueces metidos a caudillo dibujen los límites del humor donde les salga de los cojones, siendo siempre casualmente el cojón izquierdo el elegido. Un saludo a los amigos de Mongolia, Héctor de Miguel, etc. Me refiero a la suplantación, al robo de la risa que la derecha está perpetrando a ojos de todos en los últimos tiempos.
He trabajado muchos años escribiendo comedia para tele y radio y esta semana me ponía en la piel de los pobres equipos de guion que tuviesen que tratar, desde el humor, el asunto ceutí. Imaginen una habitación repleta de personas con lápices afilados y ganas de generar risa entrando al asunto café en mano. Lo de Pedro Sánchez negando que Marruecos haya tenido algo que ver tendría un enfoque relativamente sencillo. Sánchez ha dicho que aparecerá por Ceuta cuando los Pegasus vuelen, propondría un guionista, y el chiste tendría luz verde rápidamente. ¿Y si hacemos un doblaje de Yolanda Díaz amenazando firmemente con dejar de respirar durante un minuto si el Mundial se juega en Marruecos?, propondría otro, y la idea sería comprada. El marrón y el drama de época llegan cuando la derecha aparece por la costa ceutí.
Un montón de barcos que se hacen llamar Armada Solidaria han ido este fin de semana a Ceuta para navegar por las costas mostrando sus banderas de España. Están liderados por el patriota Marcos de Quinto, explicaría el jefe de guion. ¿El millonario que tributaba en Portugal? Ese. Podríamos hacer una parodia diciendo que esta Armada va en yates. No, verás, es que realmente van en yates. Mierda. ¿Y si decimos que hay barcos capitaneados, no sé, por gente de la nobleza, un conde por ejemplo? No, es que sí que va un conde, el tío de Froilán, Amalio de Marichalar y Sáenz de Tejada, conde de Ripalda, es otro de los promotores de esto. Shit. Cuando las manos abandonan el café para apoyarse en la frente buscando estimular las estupefactas neuronas, una idea parece ser la solución. Lo tengo, ¿y si los presentamos vestidos con ropa de marcas caras, pegándose una comilona a costa de los ceutíes? Ha pasado. ¿Y explicando que han venido a defender España mientras sujetan un botellín de cerveza en la mano? Mirad, vamos a parar la reunión un rato, echadle un ojo a estos vídeos. Si el Grinch se robó la Navidad, tipos como Marcos de Quinto se han robado la parodia.
Dicen que la parte más importante de la estrategia de bulos de la ultraderecha no es tanto que te creas las miles de mentiras puestas en circulación, como que ya no sepas diferenciar qué es verdad y qué no. Lo mismo parece estar pasando con el humor. ¿Cómo hacer parodia cuando todo lo es? ¿Cómo bromear sobre Ayuso pillándose áticos con tu dinero y culpando al comunismo cuando la realidad es un chiste en sí misma? De Aznar hablando de corrupción, de Soto Ivars quejándose de la cancelación en prime time o del niño Figaredo de Vox mencionando la meritocracia. Vivimos una era en la que Iker Jiménez, el de los fantasmas, es el referente informativo de buena parte de la población española mientras en el mundo manda la ideología de quien recomendaba beber lejía para combatir un virus. Cuando lo que debería ser un chiste es la pura realidad, el humor y la sociedad tienen un gran problema.
CTXT DdA, XXII/6451
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