Mi generación hubiera tenido muchas más oportunidades de relacionarse con la generación de los abuelos, porque por los años cincuenta y sesenta era bastante habitual, sobre todo entre las familias modestas, que bien los abuelos paternos o maternos vivieran con nuestros padres. Lo que ocurría también entonces es que su fallecimiento llegaba antes y la relación solía ser muy corta. En los días que corren pasan otras cosas. Las jóvenes generaciones tienen menos posibilidades de mantener unos lazos con los abuelos, a pesar de haber avanzado bastante la edad media por fallecimiento. Los estudios, el trabajo o la residencia separan a los abuelos de los nietos, así que, siendo más prolongado el ciclo vital de los mayores, ocurren circunstancias como la que tan bien ha descrito Mónica Sierra Gil en esta carta al director publicada recientemente en el diario El País.
DdA, XXII/6415

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