Unos días antes: "Gianni Infantino debe irse“. Con esa frase, el prestigioso diario británico The Telegraph exigió que el presidente de la FIFA, de origen suizo-italiano, renuncie luego de la polémica por el retiro de la tarjeta roja al estadounidense Folarin Balogun, tras la intervención del presidente norteamericano Donald Trump. “Este escándalo amenaza con empañar lo que de otro modo podría haber sido un éxito rotundo para Estados Unidos. El señor Infantino ha deteriorado aún más la reputación de una organización que ya se había convertido en sinónimo de corrupción bajo su predecesor, Sepp Blatter. Debería dimitir", dice el editorial de The Telegraph.
Félix Población
Son muchos los comentarios que hablan hoy de la injusta derrota de la selección egipcia en su partido contra la selección argentina, actual campeona del mundo. Entre quienes vieron en su integridad la contienda deportiva -yo no lo hice porque temía lo ocurrido-, hay una mayoría que considera que el arbitraje favoreció claramente (gol anulado incluido) al equipo en el que, por última vez, participa un futbolista considerado por buen parte de los entendidos el mejor del mundo. A Lionel Messi, aparte de por su meritoria carrera, no se le ha dejado de ensalzar durante los partidos celebrados por su selección en este Mundial, si bien la actuación de Argentina hasta ahora no está siendo como para mantenerla entre las selecciones favoritas a lograr el título de la actual edición. Probablemente sea en la próxima eliminatoria, durante su enfrentamiento con la selección suiza, cuando podamos evaluar realmente las posibilidades de Messi y sus compañeros de revalidar el título. Lo cierto es que, tanto frente a la selección de Cabo Verde como frente a la de Egipto, la victoria fue de esas que se califican agónicas y, en el caso del partido disputado ayer, injusta para muchos. La selección egipcia tenía en su contra a la propia FIFA, sumisa a Trump como vimos en el caso de la tarjeta roja anulada al futbolista goleador estadounidense en su eliminatoria con la selección suiza. Y Trump ya sabemos las buenas migas sionistas que hace con Milei, el presidente argentino. Siendo así, ¿cómo iba a permitir una FIFA sumisa a Trump permitir que la selección del único entrenador que denunció la masacre sionista pasara a la siguiente ronda? Precedida de la injusticia de la tarjeta roja anulada, ayer se cometió otra injusticia mucho más evidente y de mayor repercusión ante cientos de millones de telespectadores. En el marcador de la FIFA, Trump, Netanyahu y Milei habrá vencido la selección argentina, pero para muchos entre los que me encuentro -visto un resumen del partido-, tanto futbolística como éticamente la victoria de la selección egipcia ha sido clamorosa, dejando como ejemplo su entrenador la denuncia expresa de un genocidio mientras se celebraba las más afamada competición mundial de fútbol. Vergonzoso*.
*El lamento de Infantino en el palco de autoridades ante el segundo gol de Egipto lo explica todo. Se trata de un valioso documento gráfico, que tendrá aún más valor dependiendo del derrotero de la selección argentina en este Mundial, con ocho penaltis pitados a su favor en doce partidos.
Léase@además: No es común que se pueda asistir al mayor escándalo mundial de fútbol de esta manera. La brillante e inesperada actuación de Egipto ante Argentina, poniéndose dos goles arriba en el marcador, hizo que el margen de estafa fuera muy visible. Messi no colaboró al errar un tiro penal, muy dudoso por cierto, y los minutos corrieron en contra de la “lógica”. De allí en adelante, la actuación del francés Letexier fue cada vez más cuestionada:
Mohammad al-Wahidi
DdA, XXII/6401


1 comentario:
Es cierto que en toda jugada polémica o dudosa el árbitro se decantó en favor de Argentina (lo que no quita para reconocer que en el gol anulado a Egipto pisotón hay, otra cosa es determinar si suficiente para hacer perder el equilibrio al jugador argentino o no, y eso es una cuestión eminentemente arbitral, sólo el lo puede juzgar; el penalti de Egipto es tonto -propio de un jugador que, evidentemente, no está acostumbrado al compromiso defensivo-, pero es claro; el posible penalti a Egipto justo antes del tercer gol argentino parece más un deseo que una realidad reseñable...)... Es decir que no parece que el árbitro haya sido la clave de la remontada (de hecho, un contrataque de Egipto estuvo a punto de poner el tercer gol en el marcador instantes antes de que Argentina marcase el primero, pero no lo marcaron por falta de precisiòn en la finalización, no por el árbitro). Por otra parte es muy cierto que, incluso en la remontada, Argentina careció de brillo en su juego (los goles llegaron más bien en destellos indivicuales de calidad -el segundo de Messi con su perfecto y rápido golpeo desde fuera del área- o por errores clarísimos (casi infantiles) de marcaje por el centro de la defensa egipcio que permite que Cuti Romero se desmarque colándose en tre los dos en el primero y luego, cuando iban tres minutos del añadido, que Enzo Fernández pueda rematar sin siguiera dificultar el salto pese a la cercanía... O sea que, en efecto, el fútbol que se vio en el partido lo puso Egipto y el árbitro fue más que dudosamente neutral, pero también es cierto que resulta difícil atribuir la remontada a decisiones arbitrales manifiestamente parciales, pues más bien se debión (como ya había ocurrido en la capacidad para evitar la moneda al aire de los penaltis en el caso de Costa Verde) a eso que se suele llamar "gen competitivo" (que casi siempre es lo que está detrás de lo que llamamos "suerte") y la tremenda diferencia a nivel de esperiencia jugándosela en la élite. Han sido una bendición ver a Curaçao marcar su primer gol mundialista, ver a Cabo Verde (con menos de medio millón de habitantes y seis jugadores del equipo titular que llegaron al Mundial sin un contrato profesional en vigente), ver a Irán haciendo un encomiable ejercicio de resistencia, ver a Japón o Corea hacer algún partido notable y mostrar su entrega sin excusas... Ver el gran nivel de Marruecos o Egipto. Pero, al final, es (todavía) la alegría de los fuegos artificiales: al final quienes se van a "jugar los cuartos" son seis equipos europeos (con tres de las cinco grandes ligas presentes, un africano emergente (con la práctica totalidad de sus jugadores nacidos, formados y desarrollados en Europa) y un sudamericano (que ha mostrado todas sus costuras de vigente campeón del mundo envejecido pese a haber tenido el camino más senciallo hasta los cuartos -y también los cuartos a priori más asequibles-)... Acaso, entonces, no es tanto una cuestión de sionismo frente a universalismo como una cuestión de "star system"... La ejecución sublime está donde el negocio (el dinero) sirve al gran espectáculo desde la tradición... Y ello arrastra también el talento de otros lares (África o Asia) dejando cierta herencia de mejora a niveles de selección. No es un diseño de Trump-Netanyahu-Milei (en la selección de Argentina no brilla el talento, por eso al final hay que recurrir a Messi y, aún asi, la práctita totalidad de sus jugadores juegan fuera de Argentina, los que están en pleno desarrollo en Europa y los que ya tocan el final de su carrera en USA o Asia). Es lo que hay.
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