"Demasiados cautivo", en efecto, lo suficientes como para parecernos improcedente cualquier expresión periodística del tipo "León llora a Ponderoso". En nuestro tiempo, el largo cautiverio al que se sometió a Luna y a Ponderoso desde los años noventa debió de requerir, por parte de la ciudadanía, una frontal oposición al mantenimiento de la pareja de plantígrados en esa situación durante treinta años, como si nos encontráramos en los distantes tiempos de la osa Petra y el oso Perico en la jaula del parque de San Francisco de la ciudad de Oviedo. Todavía a Petra tuve el disgusto de conocerla por lo años sesenta del pasado siglo. La Asociación Protectora de Animales "Sacrificio cero" nos participa este escrito:
Hoy, el bosque alemán guarda un silencio distinto. Es un silencio que pesa, pero que también lleva consigo una profunda lección de paz. Nos ha dejado Ponderoso, ese alma noble que, tras décadas de medir su mundo con los barrotes de una jaula, en el Coto escolar de León, finalmente conoció la verdadera medida de la libertad junto a su querida Luna.
Durante años, sus horizontes fueron el frío acero y el cemento. Perdieron la cuenta de las estaciones, pero nunca perdieron la compañía mutua; ella fue su refugio y él el suyo, sosteniéndose en la sombra del encierro. Esa espera, llena de una paciencia infinita, fue recompensada con un último año que, en realidad, valió por una vida entera gracias a la generosidad y el compromiso del santuario de Múnich.
Qué privilegio fue verlos caminar por fin sobre la tierra blanda, sentir el rocío fresco en sus patas y descubrir que el cielo no tiene límites cuando dejas de mirar hacia arriba buscando un techo. En este último año, Ponderoso no solo habitó un espacio de semilibertad, sino que pudo recorrerlo con Luna a su lado, reafirmando que no hay mayor libertad que la de estar juntos. Queremos agradecer profundamente al equipo del santuario de Múnich por haberles devuelto la dignidad, permitiéndoles descubrir que el viento no es algo que se soporta, sino algo que se siente, y que el sol no es una luz ajena, sino un abrazo cálido que les pertenecía por derecho.
Ponderoso se va habiendo conocido el sabor de la hierba, la sombra protectora de los árboles y la tranquilidad de un sueño profundo, sin el sobresalto de los barrotes. Y aunque Luna ahora sienta su ausencia en el bosque, tendrá nuevos compañeros de vida.
No lloramos su partida como quien pierde una oportunidad, sino que celebramos que, gracias a quienes les abrieron las puertas a una vida nueva, su espíritu pudo finalmente ser oso. Ponderoso ya no está encerrado, ni física, ni emocionalmente. Ahora es, al fin, parte del bosque, parte del viento y parte de la libertad que tanto le costó alcanzar.
Descansa, Ponderoso. Has llegado a casa, y allí siempre habitarás en la memoria de quien compartió contigo cada latido.
DdA, XXII/6398

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