Ana Cardo
Después de la acción armada y el secuestro del presidente de la República Bolivariana de Venezuela y su esposa, perpetrados por su país y que se saldó con la muerte de un centenar de ciudadanos de aquel país entre los que estuvo la guardia cubana de Nicolás Maduro Moros, el secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio, de ascendencia cubana, nos viene con el cuento -resaltado con titular en el diario El País- de "hemos hablado con ellos y les hemos dicho lo que tienen que hacer para recuperar su economía". Se trata sin duda de un titular insultantemente provocativo. El cinismo y la desvergüenza de Rubio, tanto en esto como en seguir haciendo creer que Cuba representa un peligro para Estados Unidos con inverosímiles historietas de acechanzas rusas o chinas, es auténticamente repugnante. Para que la economía cubana se recupere sólo bastaría con que los sucesivos gobiernos estadounidenses desde el lejano 1962 no hubieran aplicado a la isla el brutal bloqueo que viene padeciendo su ciudadanía. El gobierno del actual secretario de Estado, haciendo aún más dura esa situación con un bloqueo energético y diciendo lo que Rubio ha manifestado, sólo debería merecer y de hecho merece la repulsa que la mayoría de los países del planeta viene expresando repetidamente en la asamblea de la ONU: ¡Dejen vivir a Cuba!
DdD, XXII/6367

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