jueves, 4 de junio de 2026

LA MIRADA DE VICENTE DÍEZ FEIXAT SOBRE EL PUENTE DE MOSTAR



Paco Álvarez

Yo empezaba como periodista cuando él y otra gente estaban organizando el que iba a ser uno de los mayores envíos de ayuda humanitaria desde Europa Occidental a Bosnia durante la guerra de los Balcanes. Un variopinto grupo de transportistas, cooperantes y periodistas nos apuntamos a aquella expedición por carretera para transportar varias toneladas de ropa, medicinas y material escolar. Salimos desde el estadio gijonés de El Molinón y llegamos a Mostar, capital de Herzegovina, al cabo de una semana. Abría la marcha una furgoneta de alquiler que cruzó medio continente con una rosa pinzada en el limpiaparabrisas y un cartel que decía: “Humanitarna Pomôc” (Ayuda Humanitaria). Y el personal de las autopistas francesas e italianas iba levantando a nuestro paso las barreras para dejarnos pasar sin cobrarnos el peaje en algún caso, mientras intercambiábamos con ellos aplausos y toques de claxon, que son términos del idioma universal de la solidaridad humana.
Vicente fue uno de los promotores de aquella locura, de aquella hazaña en la que recorrimos el último tramo sin protección alguna, avanzando a tientas por el corredor del Neretva con un cargamento de morfina que valía más que nuestras vidas y que llevábamos escondido bajo un asiento de la furgoneta para entregar en persona al cirujano Zlakto Skikic en el hospital de Mostar. Así que cada vez que nos paraban en un control militar (sin saber si eran serbios, croatas o bosnio-musulmanes) enseñábamos nuestra sonrisa más convincente. Yo tenía 22 años, pasé miedo, pero traté de disimularlo porque iba con gente a la que admiraba y a la que sigo admirando por su irresistible capacidad para sonreír, como Vicente. Y por si no bastara la sonrisa, siempre tuvo una mirada cargada de belleza y de esperanza, de esas que sobresalen de cualquier mascarilla. De esas que te serenan cuando te asomas con él a un puente volado sobre el río Mostar.
Después de aquella hermosa locura de Bosnia, Vicente Diez Faixat, reputado arquitecto y militante endémico de la solidaridad, siguió y sigue empeñado en lo mismo: trazando líneas hacia un mundo mejor, ayudando a pie de obra a quien lo necesite de aquí o de allá (nadie mejor que un arquitecto comprometido para saber que el aquí y el allá siempre hallan líneas y puntos de encuentro). Y juraría que continúa creyendo que las fronteras no son mucho más que barreras arquitectónicas que se pueden alzar haciendo sonar los aplausos y el sonido del claxon mientras alguien las cruza con el frescor de una rosa pegado al parabrisas.

DdA, XXII/6367

No hay comentarios:

Publicar un comentario