martes, 23 de junio de 2026

IMPAGABLE LABOR DEL JUEZ PEINADO PARA EXPLICAR ESTE TIEMPO

La labor del juez Peinado con el caso de la esposa del Presidente del Gobierno, a partir de unos recortes de prensa presentados por un sindicato ultra que resultaron ser falsos, resultará impagable para explicar este tiempo que vivimos, comenta Tecé. Un tiempo en el que casi la mitad de la población considera que la justicia no actúa de modo imparcial. Peinado, al que ha abierto expediente el Consejo del Poder Judicial, está satisfecho con su trabajo ha cerrado el caso de su vida, subraya el articulista. Ese en el que intentó responder a qué huelen las nubes, a qué huelen las cosas que no huelen y si la sospechosa falta de olor es un indicio imputable.


Gerardo Tecé

Tengo un amigo que es un prestigioso jurista con el que me río más que aprendo. No es que aprenda poco, es que me río mucho. Hasta hace unas semanas, mi amigo, fervoroso defensor y creyente de la Justicia, defendía que Peinado era un juez de dudosa calidad técnica, sin más. Hasta me ponía ejemplos futboleros para que lo entendiese: un Chygrynskyi en el Barça, un Gravesen en el Real Madrid. Un tipo que de verdad cree en lo que hace, solo que lo hace con tal torpeza que levanta sospechas, me decía. Un accidente puntual en el generalmente virtuoso mundo de la judicatura. Los amantes pasajeros en la filmografía de Almodóvar, un disco de Pitingo que no nace con el ánimo de joder a nadie: al autor le suena bien. Un tipo que había logrado llegar al final de su carrera como juez mediocre y que, debido a cierta desinhibición, se jubilará siendo ejemplo para los alumnos de Derecho que quieran saber cómo no deberían conducir una instrucción, defendía mi amigo. El pasado viernes, tras conocerse que Peinado le había imputado a primera hora de la mañana un par de nuevos delitos a Begoña Gómez terrorismo o falsificación de obras de arte, ya no recuerdo cuáles eran las ofertas last minute– y que, al cabo del rato, ya no consideraba que hubiera cometido tales delitos –no encajaban bien con el plan de un jurado popular, dicen los expertos–, mi amigo me llamó. Te reconozco que estoy empezando a tener dudas porque hasta Chygrynskyi sabía que la pelota era redonda. Como siempre, nos acabamos riendo un rato.

Mientras el CGPJ expedienta a Peinado –también en El Padrino Sonny apaliza a su cuñado para que guarde las formas– por decir que la mujer del presidente podría fugarse de España con ayuda de la policía, conocemos una encuesta. La mayoría de los ciudadanos de este país cuestiona la imparcialidad de la Justicia. El 47,8% considera que la Justicia no actúa de forma imparcial en España, frente a un 34,9% que cree que jueces y fiscales siempre son objetivos. Y que Arriba España, coño, añaden los últimos. La mayoría de encuestados, además, siente que la Justicia, por lo que sea, tiende a inclinarse hacia la derecha. ¿De dónde se sacará la gente estas conclusiones? El deterioro social de la Justicia, institución respetada por la mayoría absoluta de la población hace no tantos años, es hoy evidente. No era fácil que esto sucediese. No hay una línea directa entre lo que ocurre en los tribunales y la cola de la panadería, pero los jueces más descarados del planeta y de la historia han permitido que la gente se haga una buena idea de lo que se mueve políticamente en esos despachos. Tanta pedagogía es de agradecer.

El origen del caso Begoña Gómez arrancó por unos recortes de prensa presentados por un sindicato ultra. Aquellos recortes se demostraron falsos, pero las continuas ampliaciones de la investigación se convirtieron en el sello de Peinado. Luego, las conclusiones más exóticas. Tras eso, las visitas a La Moncloa o las negativas a permitir que el presidente ejerciese su derecho a declarar por escrito, sin una cámara delante. Continuas filtraciones de la investigación que nunca eran investigadas –oh, dios mío, en España se filtra– o intentos de imputaciones de ministros que sus propios compañeros de carrera tenían que frenar, recordándole a Peinado que se necesitan indicios para imputar a alguien. Los cierres de las vías de investigación. Las reaperturas cortando un lacito con la bandera de España y la banda municipal tocando por Manolo Escobar. Las advertencias de detención a la mujer de un presidente democráticamente elegido si esta no se presentaba el sábado a las diez en el juzgado o en misa de doce. La retirada del pasaporte para evitar el supuesto de que la policía, sanchista como todos sabemos, se alíe con la delincuente Gómez preparando la gran huida a Brasil y dejando así impunes los más terribles delitos. Cayéndose de los maletines fajos de mails personales enviados por una secretaria o lingotes de software universitario. Quizá Begoña no robó en el sentido estricto del asunto, pero en la calle se le llama corrupta. Cuando se convirtió en mujer del presidente y la gente la percibía como mujer de un presidente, cada buenos días recibido está bajo sospecha de tráfico de influencias. Anda anonadada Ana Botella. Peinado, satisfecho con su trabajo, cierra el caso de su vida. Ese en el que intentó responder a qué huelen las nubes, a qué huelen las cosas que no huelen y si la sospechosa falta de olor es un indicio imputable.

Probablemente Peinado crea pasar a la historia de España como salvador de algo, pero lo hará por algo diferente. Su macrocausa –podemos llamarla así tras haberse extendido en el tiempo tanto como las investigaciones contra el narcotráfico gallego en los noventa o los atentados del 11M a principios de milenio– ha sido en demasiadas ocasiones polémica, repiten hoy columnas y editoriales, incluso en la prensa de derechas tras el señalamiento de Peinado a la escolta policial. Hablando de prensa de derechas, El País denuncia que la actuación de Peinado le da alas a todos esos conspiranoicos que creen, absurdamente, que en la justicia española pasan cosas extrañas últimamente. Cómo están las cabezas, ¿verdad?

Ha hecho Soto Ivars carrera literaria explicando, en mitad de un drama con decenas de mujeres asesinadas al año en España, que existen algunas denuncias que son falsas. Ya. Claro. El foco puesto en la anécdota en mitad de un mar de normas. Siguiendo su ejemplo, la derecha trata de explicarnos en estos momentos de descrédito judicial que existen casos Ábalos reales y jueces que, como el de Zapatero, no retiran pasaportes a lo puto loco. Ya. Claro. Lo cual vendría a decirnos que, si el caso Ábalos es real, significa que no existen casos “exóticos”. No existe el tufo, ni el descaro que percibe la mayoría de la población. Es burdo pero lo burdo funciona, así que irán con esta estrategia. Este es el método elegido porque, como diría hoy aquel diputado del PP pillado in fraganti presumiendo de controlar la Justicia por detrás, si la gente deja de creer en ella, ¿de qué sirve controlarla? Serán muchas las capas de maquillaje que extenderán en el rostro judicial cuando este tiempo pase. Todo se hizo de manera profesional y escrupulosa, repetirán como loros coordinados los altavoces políticos, mediáticos y judiciales intentando que la propaganda machacona se convierta en realidad. Será entonces cuando el legado de tipos como Peinado salga a la luz. Será ahí cuando sea recordado. No por la derecha como él piensa, sino por la izquierda. Su labor fue impagable para explicar este tiempo, dirán.

CTXT  DdA, XXII/6387

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