En años de oposición a este Gobierno nunca ha habido reivindicación. Nunca nadie pedía nada concreto, un hospital, una escuela, una tienda Louis Vuitton en el barrio, si me apuras. Nada. No me sale de los cojones. No me sale de los cojones que mi criada no venga a hacerme la comida por las medidas sanitarias. No me sale de los cojones que pacten con catalanes. No me sale de los cojones que Sánchez tenga mayoría. Tan irracional era la cosa que, en una de esas, pudimos ver a la plana mayor del PP manifestándose, tan pichi, contra la corrupción: no me sale de los cojones que estos también roben. Igual que en Instagram, los pijos arrasan en la España política de hoy convirtiendo sus filias, sus fobias y sus formas en tendencia. El hedor a pijo hipócrita es insoportable. Y es la fragancia que sostiene a Sánchez.
Gerardo Tecé
Los pijos siempre sacan lo peor de uno mismo. En este caso, lo peor de uno mismo es verse defendiendo a Pedro Sánchez porque Borjamari lo tenga entre ceja y ceja. Me cruzo con un vídeo de aquellas míticas manifestaciones del barrio de Salamanca en las que manadas de cayetanos protestaban porque el Gobierno les impedía irse de compras en plena pandemia y descubro algo. Tras aquellas manifestaciones vinieron muchas más, y cada vez más numerosas, pero el argumento central siempre se mantuvo inalterable desde aquel chico que golpeaba una farola: no me sale de los cojones. Como un mono golpeando una roca, aquello fue el germen, algo fundacional. No me sale de los cojones. En años de oposición a este Gobierno nunca ha habido reivindicación. Nunca nadie pedía nada concreto, un hospital, una escuela, una tienda Louis Vuitton en el barrio, si me apuras. Nada. No me sale de los cojones. No me sale de los cojones que mi criada no venga a hacerme la comida por las medidas sanitarias. No me sale de los cojones que pacten con catalanes. No me sale de los cojones que Sánchez tenga mayoría. Tan irracional era la cosa que, en una de esas, pudimos ver a la plana mayor del PP manifestándose, tan pichi, contra la corrupción: no me sale de los cojones que estos también roben. Igual que en Instagram, los pijos arrasan en la España política de hoy convirtiendo sus filias, sus fobias y sus formas en tendencia.
Uno ve a los secretarios de organización de Sánchez pringados hasta las cejas y a un gobierno sin mayoría parlamentaria, incapaz de aprobar unos tristes presupuestos y la conclusión de que este ciclo político está muerto es evidente. Váyase, señor Sánchez, le diríamos muchos si no fuera porque, tras recordar a Ábalos y Cerdán, también recordamos a los pijos con toga. Recordamos a la mujer del presidente con el pasaporte retirado porque su secretaria mandó unos mails. Al hermano con peticiones de prisión por currar en un conservatorio en Badajoz o a un fiscal general sentenciado sin pruebas. Váyase, señor Sánchez, habría que decir porque si los tuyos robaron y lo sabías eres cómplice y si no lo sabías eres tonto. Y ni cómplices ni tontos son buenos gobernantes. Pero entonces llega el Aznar de los chorrocientos ministros mangantes pidiendo que se vaya. Es ese rechazo lo que los pijos propietarios de medios de comunicación llaman sanchismo. No habría sanchismo sin pijos victimizándose. No habría sanchismo sin una derecha desquiciada que un día asegura vivir en una dictadura y al siguiente te recuerda que España es suya. Que un día grita viva la libertad y al siguiente anuncia que encarcelará hasta al apuntador porque sí. Conozco gente que nunca ha votado al PSOE y que asegura que lo hará en 2027 porque, ¿qué es el sanchismo, sino el rechazo a este tufazo tan cínico?
Feijóo, ese tipo cuya familia tiene importantes ingresos sin que la Justicia les haga desfilar por el banquillo ni Pablo Motos abra su programa de entretenimiento hablando de ello, anunció este fin de semana que, por su parte, lo del procés de Catalunya ya estaría superado. Traducido del pepés al castellano: que piensa pactar con Junts en cuanto pueda, que ya no será una traición a la patria que Puigdemont sea socio preferente, que no habrá manifestaciones ni denunciarán el final de la democracia algunos pijos con toga a las puertas del juzgado. Anuncia Feijóo que una nueva época está a punto de llegar. Para que de verdad llegue, disimulen, por favor. Dejen de gritar que viva la UCO y que vivan los jueces como si, ejem, ejem, la UCO y los jueces les pertenecieran, como si sintieran que juegan en su equipo. Disimulen. Dejen de hablar de dictadura mediática si en RTVE aún no tienen programa Bertín Osborne y Mariló Montero. Pronto lo tendrán, y España por fin será democrática, ya que todos los canales, sin excepción, los controlará la derecha. Si de verdad quieren que el sanchismo llegue a su fin –yo creo que ya tocaría– dejen de victimizarse ridículamente los dueños de todo. El hedor a pijo hipócrita es insoportable. Y es la fragancia que sostiene a Sánchez.
CTXT DdA, XXII/6382
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