Francisco Luis M. Brasero
La culpa fue de la profesora y de la camiseta verde.
La culpa fue de la profesora. Más aún, siendo profesora, debería haberlo sabido. A estas alturas resulta imprudente salir a la calle con una camiseta verde para defender la educación pública. Hay códigos no escritos que conviene conocer. Si hubiera acudido envuelta en una bandera preconstitucional, gritando consignas ultras o luciendo una esvástica, probablemente nadie la habría confundido con una amenaza. Pero apareció vestida con una camiseta verde de profesora.
Las imágenes muestran a una jubilada en el suelo con el tabique nasal roto. Sin embargo, conviene no precipitarse. Antes de juzgar hay que analizar el contexto, estudiar los protocolos, escuchar todas las versiones y redactar diecisiete artículos explicando que quizá la gravedad no estaba en el empujón, sino en la peligrosa actividad que desarrollaba la víctima. Porque enseñar nunca ha dejado de ser sospechoso para ciertos sectores.
Especialmente enseñar a pensar.
Lo curioso es que en este país uno puede encontrarse manifestaciones donde desfilan neonazis, fanáticos y nostálgicos de la camisa azul sin que cunda semejante alarma. Ahí suele respirarse un ambiente más relajado. Más cordial. Más paciente. Como si el odio formara parte del paisaje y una profesora jubilada representara una amenaza para la seguridad nacional.
Será casualidad. O quizá algunos siguen sintiéndose más cómodos con los grises del pasado, aunque ahora lleven otros uniformes, que con quienes preguntan por qué faltan recursos en las aulas. Quién sabe.
Y, por supuesto, tampoco conviene descartar la explicación científica. Siempre aparece alguien dispuesto a invocar complejas leyes de la física para demostrar que las lesiones no las provoca un golpe, sino una desafortunada interacción entre la masa corporal, la aceleración, el pavimento y la mala suerte.
Lo único seguro es que la profesora cometió un error imperdonable. Confundió la democracia con el derecho a protestar.
Y salió con una camiseta verde cuando quizá habría estado más segura disfrazada de fascista.
DdA, XXII/6366
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