Ayer La Sexta, la de Ferreras, íntimo de Pérez, ofreció una larga y sumisa entrevista sorpresa con Florentino, presidente del Real Madrid, que fue de lo más denigrante para la profesión periodística, dado que el periodista se limitó a acatar las interrupciones continuas de su entrevistado, insistiendo hasta el hartazgo en que defendía a los socios del club, auténticos propietarios del mismo, y que por eso se presenta a las elecciones que ha convocado otra vez. Hoy nos dice Tecé en CTXT que lo que lo que hasta ayer era una tragedia de medios en manos del nacional-madridismo podría convertirse en algo cómico tras el show de Florentino.
Gerardo Tecé
Sentados en el sofá, con el niño acostado y el mando de la tele en la mano, convencí a mi novia para cambiar la serie por el vídeo de la rueda de prensa que Florentino había dado por la tarde. Ni de coña, dijo en un primer momento de negociación. Te va a gustar, tiene muy buenas críticas, respondí. Ni muerta. Dura una hora, como un capítulo. Me divorcio. Tengo que escribir una columna mañana sobre esto –jugué sucio–, es un tema de trabajo. Pásame el cuaderno de crucigramas y déjame en paz para siempre, acabó aceptando encantada. Como el viejo Logan Roy en Succession, el capo del Real Madrid llegó a la rueda de prensa que había convocado de urgencia con esa cara de pocos amigos tan característica en gente que amasa enormes cantidades de poder y dinero. Buenas tardes, no voy a dimitir, voy a convocar elecciones porque hay gente que quiere robarnos el Real Madrid. ¿Ves? Es un thriller, le dije, pero ella andaba con el 8 horizontal –símbolo del cobalto, CO–. No tengo cáncer, como se ha dicho por ahí. Si lo tuviera, alguien me habría visto entrar en una clínica o algo, ¿no?, explicaba el presidente y ella, orgullosa y cabreada, fijaba la vista en un país europeo de cinco letras negándose al placer de aquella maravilla televisada.
He visto un artículo en el ABC que no me ha gustado, sacó el móvil Florentino y preguntó si estaba allí presente el despojo humano capaz de escribir con tono negativo sobre el mejor club de la historia de la Vía Láctea. Tras encararse con un periodista presente en la sala y decirle aquello de me llamo Íñigo Montoya, tú mataste a mi padre del disgusto, prepárate a morir, Florentino anunció que mañana mismo se daría de baja del periódico del Grupo Vocento al que su padre lo suscribió hace 40 años. Un drama familiar, le dije a ella, que ya había llegado a la conclusión de que el país era Suiza y andaba por un guiso de carne picada de seis letras y sin inmutarse ante el acontecimiento cinematográfico de la década. Si entrase ahora desnudo Ferreras y se sentase junto a Florentino, ¿aceptaría que esto es majestuoso o seguiría negando la realidad por pura cabezonería?, me llegué a preguntar en plan con quién comparto mi vida.
¿Por qué se meten los periodistas con el Madrid?, se lamentaba Florentino una y otra vez en lo que ya hacía rato había pasado a ser un homenaje a Donald Trump. Make Real Great Again, Great, Again: MR. GAGA. Hay una mujer que ha escrito un artículo sobre el Real Madrid y ni siquiera sé si esta señora sabe de fútbol, denunciaba Florentino que hay gente –mujeres para más inri– que no ha superado el Floren-test que permite ejercer el oficio en España. Y sin embargo ahí están, escribiendo en medios como si tal cosa. Indignante. Gracias a mí, los niños de África ven el fútbol gratis. Soy el mejor presidente de la Historia. Todos los años se dan de hostias varios jugadores en el vestuario –mira, ¿ves? A ti te gustó El club de la lucha, le dije, y el guiso de seis letras era gigote–. Esto es lo normal en el vestuario del club más señor del planeta, lo indignante es que la prensa lo cuente, explicaba Florentino, que de ahí pasó a denunciar que le han robado siete ligas. Es decir, que la carrera futbolística de Messi fue una estafa, un cuento, un invento perpetrado por aquellos que tanto odian al Real Madrid, que son muchos. Turno de preguntas. Venga, niña, pregunta tú que estos son muy feos. Es The Office, le dije, y ella que si río de Italia PO.
Tras cinco años usando su poder para censurar la publicación de sus famosos audios crucificando a periodistas y jugadores, Florentino Pérez convocó a los medios para insultar a todo bicho viviente, esta vez sin grabadora oculta, mostrando lo de aquellos audios en directo y televisado. Una estrategia curiosa, un guion difícil de entender como una peli de Christopher Nolan –¿de verdad va a terminar este espectáculo y tú sin mirar? Nave es Nao– en el que el argumento central es que existe gente que opina cosas sobre el Real Madrid sin permiso de Florentino y eso no se va a tolerar más. Como en la escena de El Padrino en la que durante el bautizo del hijo de Michael Corleone se aprovecha para ajustar cuentas pendientes, Florentino dirigía su propia eucaristía mientras en la sede de Vocento, editor de ABC, se anunciaba un repentino cambio en la presidencia. Tras años de litigio, en la mañana posterior al show florentiniano, la Audiencia Provincial de Madrid anuncia que lo del ruido de los conciertos del Bernabéu no tiene nada que ver con el Real Madrid. Las quejas vecinales han sido, una vez más, un movimiento malintencionado. Puro antimadridismo, tal vez. O, quién sabe, el vecino del quinto infiltrado en la trama Negreira para dañar al club más grande, limpio y admirado de la historia universal del fútbol mundial.
Conocimiento de las propias limitaciones y defectos, ocho letras, humildad. Me van a tener que echar de aquí a tiros, dejó como gran titular Florentino y no era fácil elegir ante tal avalancha de señorío y saber estar desplegado durante más de una hora. ¿Por qué los madridistas tenemos que soportar leer o escuchar cosas que no nos gustan? No hay derecho. Los florentiners, doloridos como quien durmió anoche en el –asiento cómodo para dos o más personas– sofá, lamen las heridas de su amo a la espera de que los terribles enemigos anunciados aparezcan por algún lado. Si no lo hacen, si todos esos enemigos finalmente no llegan, a alguien se le va a poner cara de Quijote. Quijote con poder suficiente para poner y quitar periodistas. Para obligar a este oficio a llevar en portada que hay molinos moviéndose. Lo que hasta ayer era una tragedia de medios en manos del nacionalmadridismo podría convertirse en algo cómico tras el show de Florentino. Estaremos atentos.
DdA, XXII/6345
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