martes, 5 de mayo de 2026

ESTA CACERÍA TAMBIÉN LE AFECTÓ A USTED, INGENUO SEÑOR GARCÍA ORTIZ

Pensaban que, por pertenecer al llamado «establishment», aquellos que, para desgracia de todos, apestan a la tierra que pisan, simplemente se esconderían, simplemente les dispararían con balas de fogueo. Pero la realidad demostró —una vez más— ser muy diferente, y pudieron comprobar amargamente que las cuentas de la casa no coinciden con las de la plaza, algo que debieron haber previsto, sabiendo quiénes ocupan los cargos en la plaza.



Javier Batanero

Ayer estuve viendo hasta altas horas de la madrugada (en diferido) la entrevista-reportaje que Jordi Évole le hizo al ex Fiscal General del Estado, Álvaro García Ortiz. Y yo, que nunca le doy el título de "don" a nadie, porque siempre he tenido problemas con la "autoridad" y aún más con los formalismos sociales, se lo concedo con mayúsculas simplemente porque se lo merece. Porque yo no sería capaz de comportarme como él se comportó ni de no decir lo que él no dijo. Por alguna razón, él fue Procurador General del Estado y yo, desde luego, no podría serlo.
No me sorprendió la integridad ni la prudencia de García Ortiz. Tampoco su aspecto impecable y desprovisto de toda afectación. Ni su valentía al mostrar públicamente su vulnerabilidad como persona, como padre, como esposo, y mucho menos como profesional dedicado a su trabajo. Lo que sí me sorprendió, y mucho, fue su ingenuidad, su ingenuidad ante el resultado de esta implacable cacería a la que lo sometieron los corruptos poderes institucionales de este sanéte que lleva siglos actuando bajo el nombre de España.
¿Quién iba a pensar, señor García Ortiz, que no lo condenarían, más que a usted mismo, estando rodeado de una plaga que se sabe impune y que ya ni siquiera se molesta en disfrazarse, porque sabe que puede prescindir de ello, no solo sin consecuencias, sino también contando con que, en muchos casos, sus representantes se erigirán como firmes y únicos defensores de la justicia y la constitucionalidad? Hemos llegado a este punto, señor exfiscal, y usted debería saberlo mejor que nadie.
Esa ingenuidad se extiende a muchas otras figuras de la política, la cultura y el periodismo, que pensaban que, como bien señala Pablo Iglesias, esta cacería solo afectaría a los independentistas vascos y catalanes y a los de Podemos. Pensaban que, por pertenecer al llamado «establishment», aquellos que, para desgracia de todos, apestan a la tierra que pisan, simplemente se esconderían, simplemente les dispararían con balas de fogueo. Pero la realidad demostró —una vez más— ser muy diferente, y pudieron comprobar amargamente que las cuentas de la casa no coinciden con las de la plaza, algo que debieron haber previsto, sabiendo quiénes ocupan los cargos en la plaza.
No puedo decir que no admire su negativa a dejarse enredar por la estridencia de Jordi Évole para que reconociera públicamente su deseo de decir lo que realmente piensa de (casi) toda la plaga que conforma la Sala II del Tribunal Supremo. Y admiro aún más su firme defensa de la supuesta imparcialidad y profesionalidad de la plaga judicial que intentó hundirlo en la más profunda miseria profesional y reputacional. Sin embargo, debo decirle, estimado señor, que sus encomiables, legítimos y necesarios esfuerzos por mantener a flote el prestigio y la legitimidad de esta plaga judicial institucionalizada, arraigada en el franquismo y el autoritarismo más reaccionario, fueron en vano.

En lenguaje romano: la credibilidad e imparcialidad de los jueces que organizaron su juicio simulado, al igual que las de los jueces que ahora "juzgan" el caso Kitchen, y, por extensión, el prestigio y el respeto que cabría esperar de la institución judicial de este país, no se salvan ni por Cristo, y mucho menos por usted.

Solo hay una manera de solucionar este desastre. Seguramente conoce el quinto de los doce trabajos de Hércules. Se trata de los corrales de Augías, que albergaban innumerables cabezas de ganado y eran famosos por el hedor que desprendían, pues nunca se limpiaban. La acumulación de excremento alcanzó tal cantidad que tuvieron que llamar a Hércules para que se encargara de ellos, y aun así, nadie esperaba que pudiera llevar a cabo semejante tarea, a pesar de sus éxitos en misiones anteriores.
Pero como Hércules era un héroe civilizador (no todos los héroes tienen ese deseo), dijo: «Hay que limpiar toda esta porquería, aunque sea con sosa cáustica». Pero en aquel entonces, creo que la sosa aún no se había inventado. Por lo tanto, lo que hizo Hércules fue abrir un canal que atravesaba los corrales de un extremo a otro y desviar el cauce de los ríos Alfeo y Peneo a través de él, que en un solo día transportó toda la basura acumulada durante quién sabe cuántas décadas.
Esa es la única solución, señor García Ortiz. Pero, claro, ¿dónde vamos a encontrar esos ríos? ¿Dónde vamos a encontrar a otro Hércules? ¿Quién va a abrir el canal en medio de esa apestosa corte infestada de toda clase de criaturas venenosas e infecciosas?
Bueno… creo que le corresponderá a la sociedad en su conjunto hacer de Hércules, olvidando por un momento sus diferencias de clase, profesión e incluso posturas ideológicas. Lo sé, lo sé, será más fácil unir el agua e incluso el petróleo que unir nuestros ríos Alfeo y Peneo. Pero no hay otra manera. Y quizás la unión (aunque sea a regañadientes y a base de molestias) no sea tan impensable, porque tarde o temprano nos daremos cuenta de que los insectos venenosos e infecciosos no tienen otra misión en la vida que picar, infectar y envenenar.

LO DEL SUPREMO ES "SÁLVAME" Y LO DE LA AUDIENCIA NACIONAL, "OPERACIÓN TRIUNFO"


DdA, XXII/6334

No hay comentarios:

Publicar un comentario