Dicen “como a Maduro”, y ahí está el error primigenio, la falta de respeto hacia ustedes mismos. Cuba no es Venezuela. No hablo aquí de excepcionalidad vana, sino porque esta Isla lleva más de medio siglo preparándose para esta guerra, no con la soberbia del arsenal, sino con la templanza de la resistencia. Nosotros no nos estamos preparando desde ayer para su bloqueo genocida; nosotros hemos crecido, amado y parido en medio de su asedio. Cada célula de nuestro cuerpo nacional es una célula defensiva.
Raulito Torres/Aquí en La Habana
La historia no se secuestra por una orden de captura. La noticia, esa que llega como cuando con el teletipo frío, dice que desde el Norte se insinúa un diálogo con una mano, mientras con la otra se acelera una acusación para tender una emboscada jurídica, para “capturar” a nuestro General de Ejército como si fuera una ficha de un tablero ajeno. Leo eso y, como cubano de la calle, me asalta una certeza: no han entendido nada. Como aprendiz de poeta, me brota la metáfora de la ceiba, el árbol que no puede ser arrancado porque su alma es la tierra misma. Como trovador de la trinchera, afirmo que la historia no se secuestra con una orden de captura.
Ustedes, los que diseñan estas maniobras desde la distancia sideral del imperio, confunden la geografía del alma. Dicen “como a Maduro”, y ahí está el error primigenio, la falta de respeto hacia ustedes mismos. Cuba no es Venezuela. No hablo aquí de excepcionalidad vana, sino porque esta Isla lleva más de medio siglo preparándose para esta guerra, no con la soberbia del arsenal, sino con la templanza de la resistencia. Nosotros no nos estamos preparando desde ayer para su bloqueo genocida; nosotros hemos crecido, amado y parido en medio de su asedio. Cada célula de nuestro cuerpo nacional es una célula defensiva.
El bloqueo es un crimen, sí, pero ha sido también un pedagogo terrible: nos enseñó que la dignidad más que un concepto, es la primera trinchera. Llevamos más de sesenta años batallando, y en esa batalla, el miedo se desgastó, se hizo viejo, se jubiló. Su amenaza de captura no es un parte de guerra; es una anécdota en nuestra larga crónica de victorias morales.
Y luego, hablan de Raúl. Y aquí, disculpen, la objetividad se me hace añicos contra el pecho. Porque el General de Ejército no es una abstracción. Raúl es ese familiar al que el pueblo le tiene cariño, no por un culto a la personalidad impuesto, sino por ese vínculo íntimo y sagrado que solo se forja en la honestidad radical. Es también el hijo que cargó el luto de un hermano universal y lo transformó en una discreta e inquebrantable guardia de honor...
¿Cómo van a “capturar” ustedes un pedazo de nuestra historia? ¿Cómo se encarcela la sonrisa del que nos devolvió, sin estridencias, la certeza de que la obra puede continuar?
Él, que le habla al pueblo con la sencillez de un abuelo y a los poderosos con la firmeza del soldado de la independencia, es un Mambí vivo.
Y es que a nuestros héroes, vivos o glorificados, no se les difama, se les venera.
En nuestra religión de patria, los héroes no mueren, se siembran.
Y Raúl es un árbol gigante bajo cuya sombra nos sentimos seguros.
Me pregunto.... ¿qué concepto de victoria tienen ellos? ¿Creen que la justicia se imparte en cortes donde el fiscal es cómplice del verdugo?
Su acusación es un acto de ventriloquia, un intento de darle un cuerpo legal a la impotencia histórica.
No pueden perdonarnos que, siendo pequeños, hayamos sido tan grandes.
No pueden digerir que, frente a su bloqueo genocida, que nos niega hasta el derecho al oxígeno, nosotros levantemos un país de médicos solidarios y maestros rurales. Aceleran una acusación para distraer su fracaso.
El suyo es un sistema judicial que condena a los que no se arrodillan, y por eso,
su acusación no es una mancha para nosotros, es una condecoración.
Poéticamente, hablo de nuestra Revolución como de un amor.
Los amores se defienden no solo con la razón, sino con el instinto, con las uñas, con el corazón desbocado.
Defender a Raúl, al Ejército Rebelde, a Fidel, FIDEL, aunque físicamente ausente es un verbo conjugado en presente continuo, es defendernos a nosotros mismos. Es proteger la posibilidad de mirarnos al espejo sin bajar la cabeza. Dicen que quieren dialogar, pero ponen precio a la cabeza de nuestros padres.
No, así no. El diálogo se da entre iguales, sin amenazas, sin zancadillas en el derecho internacional. Si quieren entender a Cuba, dejen de intentar comprarla o romperla. Cuba es un sentimiento, y los sentimientos no se capturan. Se respetan.
Hoy, en esta vigilia digna, mi palabra final es de poeta de guardia: vengan a ver al General de Ejército, no en una sala de tribunal, sino en la plaza. Vengan a verlo
en medio de su pueblo, que lo cuida porque él nos ha cuidado. Vengan a sentir ese cariño que no se decreta, que brota como la hierba entre las piedras del malecón. Es la marea del pueblo la que lo envuelve, un océano de cariño infranqueable. Y contra esa marea, cualquier acusación se convierte en espuma. Nuestros héroes, los que se fueron y los que nos guían, duermen y despiertan con nosotros en esta Isla que es una casa grande. Y la casa se defiende. Sin permiso. Sin miedo. Con la Revolución flameando por siempre en el alma....
Raúl le quitó un revólver de las manos a un esbirro.... Qué no hará Cuba entonces por defender a Raúl, al pueblo y a la Revolución??? .. Piensen bien antes de tirarse!!!
DdA, XXII/6351

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