Félix Población
El Ateneo de Madrid ha servido un desayuno al fascismo en vísperas de nonagésimo quinto aniversario de la instauración de la Segunda República, escribe Juan Tortosa en el siguiente artículo, publicado en su blog. Tal circunstancia ocurre casi al tiempo que Péter Magyar, otrora al servicio de Viktor Orbán, derrotase en las urnas a su jefe en Hungría, algo que se ha llegado a celebrar en Bruselas, como si no fuera más de lo mismo con un cierto acicalamiento (Magyar luce un tipo mas airoso y delgado que recuerda al Orbán de hace veinte años). Desconozco si el señor De los Monteros aspira a descabalgar a su exjefe Abascal, pero algo se mueve en la extrema derecha española desde hace un tiempo que podría dar pie a otra derecha extrema, posiblemente también acicalada. Hay denuncias de algunos de los exmiembros de Vox contra el que fue su partido y podría ocurrir que lo de Hungría el pasado domingo no haya caído en saco roto. Cierto que don Iván sigue en Vox, pero quizá por poco tiempo porque ya tiene su propio proyecto, al que ha llamado Atenea, como si fuera una academia de lenguas muertas. De todos modos, hubiera sido más coherente en un centro republicano y progresista como el Ateneo de Madrid, sobre todo en vísperas un año más de la conmemoración del 14 de abril, que en tal fecha se hubiese celebrado un acto en pro de la rememoración o vindicación republicanas, antes que abrirle las puertas a un político que representa la ideología que combatió a la Segunda República, llevando a nuestro país a una guerra cruel y a una larga y represora dictadura, ensalzada por Vox sin ningún reparo. La entidad presidida por Luis Arroyo debería haber actuado, según escribe el articulista, más como dique frente al fascismo que como plataforma. ¿Qué será lo próximo en esa docta casa? Podría darse el caso de invitar a Vito Quiles para que explicase su entendimiento del periodismo, teoría y práctica.
Juan Tortosa
El Ateneo madrileño sirve café al fascismo el día anterior al 95 aniversario de la Segunda República.
El Ateneo de Madrid ha decidido que no hay problema en servir café, micrófono y altavoz a Iván Espinosa de los Monteros, el Péter Magyar de Abascal. O ni eso, porque ni siquiera se ha marchado todavía de Vox. Dado el respeto profesional que les tengo a los periodistas que lo han acompañado, seguro que algo se me escapa cuando aceptaron desayunar y conversar con él este lunes en el Ateneo.
Aunque ahora nos intente vender otra película, Iván Espinosa de los Monteros es uno de los arquitectos del proyecto político que ha hecho del racismo, la homofobia, el ataque a la cultura y el negacionismo de la violencia de género la columna vertebral de la insidia en nuestro país. No hay constancia de que haya renegado de las ideas que le llevaron a ser portavoz parlamentario de la ultraderecha. Para nada se trata de un “liberal sofisticado” como algunos se empeñan en etiquetarlo, ni tampoco de un “conservador dialogante” por mucho que la mona se vista de seda. Ser fascista es como estar embarazada. No se está “un poquito” embarazada. Se está o no se está. No se es un poquito fascista. Si se es, se es.
Y ahí andaba él la mañana de este lunes, etiquetado como presidente de un think thank llamado Atenea, tratado con todo el respeto que quienes comparten sus ideas nunca nos tendrán, ahí estaba protagonizando una "inofensiva" conversación entre demócratas. No, señor, no me cansaré de repetirlo. Ser tolerante con los intolerantes que, entre otras muchas iniquidades, simpatizan con Trump y defienden el ataque de los Estados Unidos a Irán coloca a los tolerantes en inferioridad de condiciones.
Al día siguiente de la caída de Viktor Orbán en Hungría, sustituido por un personaje producto del propio sistema que promete cambios cosméticos sin cuestionar el fondo, se le otorga cancha pública a Espinosa como si de un demócrata se tratara. La noche anterior el actor Fernando Tejero, en el programa televisivo de Jordi Évole, admitió tener miedo a dejar de trabajar si la derecha ultra y la ultraderecha llegan un día al poder. Para ilustrarlo recordó que fue precisamente Espinosa de los Monteros quien, en sus días de gloria en Vox, insistía en la voluntad política de la ultraderecha de acabar con las subvenciones a las actividades culturales. Miedo fundado, pues.
Que se le allane el camino a este tipo de personajes en foros tan respetables como el Ateneo, entidad presidida por Luis Arroyo, sociólogo en la órbita de Sánchez y Zapatero, socialista de toda la vida, un espacio que debería actuar como dique de contención frente a la ultraderecha y no como altavoz, me parece grave ¿Qué mensaje envía esta institución centenaria, supuestamente republicana y progresista, al proporcionar tribuna a quien sueña con desmantelar todo lo que huela a izquierda, a memoria histórica, a derechos conquistados?
Hoy, 14 de abril, se cumplen noventa y cinco años de la proclamación de la Segunda República. Noventa y cinco años de aquel sueño de igualdad, laicidad y cultura para todos que los fascistas de entonces, antepasados de los de ahora, trituraron a sangre y fuego. Ironía macabra. Menuda manera de celebrar la víspera de una fecha tan cargada de emociones.
Allá donde hoy hagamos ondear una bandera tricolor, recordémosle a todo el mundo que el fascismo no siempre llega con botas. A veces lo hace con desayunos donde los fascistas se sirven de las reglas democráticas para ir creciendo hasta el día en que consiguen subvertirlas.
DdA, XXII/6314
1 comentario:
A mí, desde luego, se me escapa todo (pese a que comparto el respeto por los periodistas implicados)... ¿Rascar un poco más en las brechas abiertas en Vox?, ¿apoyar al "fascismo culto" (estela de una familia de "la hidalguía eterna hispana") frente al montaraz, corrupto y carroñero?, ¿precipitar la expulsión del invitado para forzar un nuevo espacio a la derecha del PP que fragmente más el voto ultra?... Podría ser cualquiera de esas razones y muchas otras, seguramente, igualmente estratégicas... Pero ¿merece la pena echar ese vomitivo altavoz (supongo que a más de una persona ataneista el desayuno le habrá sentado fatal), convertido en zurullo, sobre la memoria de presidentes de la institución como, por ejemplo, el pionero Ángel Saavedra Ramírez, Segismundo Moret, José Echegaray, el mismísimo Manuel Azaña, Fernando de los Ríos, Gumersindo de Azcárate, Laureano Figuerola, o, más recientemente, los colegas Carlos París [1997-2000 y 2009-2014] o José Luís Abellán [2001-2009]?... Supongo (y espero) que este tipo de cosas pesará sobre la imagen y futuro del actual presidente, ese adecuadito "consultor político de la progresía blanda" que es Luís Arroyo.
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