El coordinador de de la Red de Cubanos en América Latina y El Caribe considera que la mayoría de los cubanos que vivimos fuera de la isla rechazamos cualquier intervención militar. Queremos puentes, no bombas. Queremos mejoras económicas, negociaciones inteligentes, levantamiento del bloqueo, ese castigo inhumano que mata lentamente a nuestra gente,”00 libertad para viajar, invertir y ayudar. Pero sin imponer desde Miami qué gobierno debe tener La Habana, porque eso es colonialismo, no solidaridad. Llamamos a la reflexión a nuestros compatriotas dentro y fuera de la isla, no permitamos que una minoría ruidosa, con pocos lazos reales con Cuba, secuestre el sentimiento de una nación. La Cuba que soñamos no se construye con misiles, sino con trabajo, diálogo y respeto. Ni intervención ni sumisión, solución cubana a los problemas cubanos.
Diego Pérez
Una reciente encuesta publicada por el Miami Herald, realizada a 800 cubanoamericanos del sur de Florida, ha sido presentada como un presunto mandato de la comunidad cubana en el exterior, 79% apoya una intervención militar de EE. UU. en Cuba. Las primeras planas gritan que los cubanos piden bombas, invasión y cambio de régimen por la fuerza. Pero una mirada serena, patriótica y honesta a esas mismas cifras revela una verdad incómoda, dolorosa y silenciada por quienes fabrican esta narrativa, no se trata de la voz de una emigración, sino del eco de un enclave desconectado de la realidad cubana y de los intereses más profundos de la mayoría de sus propios compatriotas en el exterior.
Analicemos los números, con el corazón en la mano. El estudio se limitó a cuatro condados de Florida (Miami-Dade, Broward, Palm Beach y Monroe). Allí reside una fracción de los más de 2.5 millones de cubanos dispersos por EE. UU., América Latina y Europa.
¿Se atreverían sus autores a decir que 800 personas en un rincón de Florida hablan por los cubanos que viven en Madrid, México, Santiago de Chile o La Habana? Sería un acto de soberbia estadística, cuando no de manipulación política y de desprecio hacia quienes sufren cada día el cruel bloqueo que ahoga a nuestra isla.
Pero vayamos al corazón de las contradicciones, a esa herida que no cicatriza. Ese mismo 79% que clama por una intervención militar, con todo lo que ello implica, muertes de civiles, destrucción de hospitales, escuelas y viviendas, una nueva oleada de sufrimiento y más dolor para un pueblo ya castigado por más de seis décadas de un criminal bloqueo, resulta estar compuesto por personas que no viajan a Cuba (76%), no envían ayuda a sus familiares (59%) y no invertirían un solo dólar en la isla bajo el gobierno actual (solo el 2% estaría dispuesto a hacerlo).
Entonces
…. ¿Quién pide las bombas? ….
Aquellos que no ven con sus propios ojos el hambre que dicen querer combatir, aquellos que no mojan sus manos en las remesas que sostienen a millones de familias cubanas, aquellos cuyo único interés económico es nulo mientras exigen sacrificios ajenos. Esa es la hipocresía más cruel, la que duele en el alma de los que sí mandan cada mes un pedazo de su salario para que sus padres no pasen necesidades bajo el acoso inhumano del bloqueo.
La verdadera emigración cubana, la silenciosa, la que trabaja, envía dinero, viaja cada año para abrazar a sus padres y abuelos, la que invierte en pequeños negocios y apuesta por tiempos mejores para los de dentro, no aparece en esta encuesta. Esa mayoría, que no milita en sectores radicalizados, sabe que una intervención militar no traería democracia, sino caos, ocupación y un baño de sangre que tardaría generaciones en cicatrizar. Ningún cubano sensato quiere bombas sobre la casa de sus familiares. Ningún patriota legitima que un poder extranjero decida por las armas el destino de su patria, menos aún cuando ese mismo poder mantiene un bloqueo genocida que la comunidad internacional condena año tras año.
Y hay más, algo que nos estremece, el 78% de los encuestados rechaza cualquier acuerdo económico si el gobierno actual permanece. Es decir, prefieren prolongar el bloqueo y el sufrimiento del pueblo antes que aceptar mejoras concretas que no impliquen un cambio de régimen inmediato.
¿Eso es humanitarismo?
No. Es fundamentalismo político disfrazado de compasión, es la complicidad con el castigo colectivo que impone el bloqueo más largo y cruel que haya conocido nación alguna. Mientras tanto, los verdaderos intereses económicos de unos pocos, grupos vinculados a la industria del embargo, a litigios por propiedades expropiadas hace seis décadas, a fondos que especulan con una Cuba intervenida, se frotan las manos. Ellos sí tienen lucro personal, la reconstrucción posterior a una guerra dejaría jugosos contratos mientras el pueblo llora a sus muertos. Pero no lo dicen abiertamente, porque sus manos están manchadas de la sangre que no quieren ver.
Por eso, desde la óptica de un cubano residente en el exterior, no desde el exilio radicalizado y lleno de odio, sino desde la emigración responsable que ama a Cuba sin odiar a los que se quedaron, alzamos la voz para decir, esta encuesta no nos representa.
La mayoría de los cubanos que vivimos fuera de la isla rechazamos cualquier intervención militar. Queremos puentes, no bombas. Queremos mejoras económicas, negociaciones inteligentes, levantamiento del bloqueo, ese castigo inhumano que mata lentamente a nuestra gente,”00 libertad para viajar, invertir y ayudar. Pero sin imponer desde Miami qué gobierno debe tener La Habana, porque eso es colonialismo, no solidaridad.
Llamamos a la reflexión a nuestros compatriotas dentro y fuera de la isla, no permitamos que una minoría ruidosa, con pocos lazos reales con Cuba, secuestre el sentimiento de una nación. La Cuba que soñamos no se construye con misiles, sino con trabajo, diálogo y respeto. Ni intervención ni sumisión, solución cubana a los problemas cubanos. Esa es la verdadera voluntad. Esa es la patriótica y sensata mayoría que no sale en los titulares del Miami Herald. Porque el bloqueo es la bomba silenciosa que ya mata todos los días, y a esa sí que muchos de esos encuestados prefieren no verla.
DdA, XXII/6320
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