lunes, 20 de abril de 2026

EL HECHO FEROZ DE LA MUERTE COMO SISTEMA DE ELIMINACIÓN Y CONQUISTA

 


Lo que impera hoy en todas las geografías del mundo, escribe en este artículo el escritor y periodista argentino cuyas obras han sido traducidas a más de veinte idiomas, ya no es solamente la muerte, ni solamente la injusticia. Lo que interpela hoy no es sólo la imposibilidad de acuerdos sino el hecho feroz de la muerte como sistema de eliminación y conquista. Ése es, en sí, el mandato maldito que se pretende ocultar para justificar lo injustificable. Por eso la gravedad de esta hora en la que el horror que cubre al Planeta Tierra se define mediante la eliminación masiva de seres humanos.

Mempo Giardinelli

El mamarracho político de la Argentina en las últimas dos semanas, por lo menos, no puede ser soslayado. Por eso esta nota está dedicada en primer lugar a la memoria del Papa Francisco –Jorge Mario Bergoglio (1936-2025)– quien nació en Buenos Aires y fue el primer Papa Latinoamericano y el primero con nombre de Jesuita.

Austero y moderadamente reformista, en su estilo discreto Francisco asumió la defensa de los pobres y la reforma de la iglesia católica, enfocado en la compasión y el diálogo. Y puede apreciarse que marcó un estilo si se observa que incluso su sucesor el actual Papa –el norteamericano León 14– ha quebrado su inicial rol pasivo presumiblemente porque todo lo que hoy desquicia al planeta tiene responsables concretos, y esos responsables no son otros que dos presidentes –el estadounidense Donald Trump y el israelita Benjamin Netanyahu– a quienes quizás podrían empatarse algunos más, pero lo cierto es que esta 3ª Guerra mundial que hoy vive el planeta se siente más indetenible que lo que muchos bienpensantes cree. Las matazones, los feroces bombardeos, la violencia generalizada y la renovada barbarie están hoy descontroladas y no parece haber otros máximos responsables además de Trump y Netayanhu, quienes, guste que se diga o no, son quienes desataron las más bestiales matazones al pueblo Palestino –en Gaza, donde prácticamente los extinguieron – y ahora sobre el pueblo Libanés al Sur de Israel.

Sonará disgustoso para algunos –cierto es– pero sin eufemismos hay que reconocer que también estas brutalidades pusieron en marcha los motores de esta 3ª Guerra mundial aún no declarada pero fácticamente ya desatada con total ferocidad. Y es indesmentible que si esta guerra empezó fue porque hubo líderes que la iniciaron y hoy la sostienen.

Todo lo demás es muy doloroso en los más variados sentidos: las pérdidas humanas, de judíos y musulmanes, de católicos y no católicos, de todas las edades y procedencias, han sido las numerosas víctimas de las crueles decisiones de esos dos presidentes, quienes lideran y deciden el actual y perverso sistema bélico que configura una guerra que es más horrible y perversa que todas las registradas en la Historia de la Humanidad, porque también si se la considera no-guerra ofende, ya que potencialmente puede matar a toda la especie humana.

De ahí que lo que están haciendo estos Señores de la Guerra –ensoberbecidos y violentos y que encima distorsionan y predican mentiras en la tele mundial– es lisa y llanamente imperdonable.

Y lo demás, lo que completa esa brutalidad es el hecho cierto e indesmentible de que a esos señores, devenidos humanoides que matan por decenas y por cientos, no les importa –y probadamente no les importa– lanzar bombazos para un lado o para el otro. Como no les importa establecer si fue un miembro de ésta o aquella presidencia, o si el que daba las órdenes de disparar era cristiano, judío o musulmán.

Lo que hay que decir, y subrayar, es que todas las participaciones, excusas, aspiraciones, justificaciones y discursos de cada una de las partes asesinas son injustificables, y esto condena a los más cautos y a los disimulados, y obviamente a los más soberbios. No hay palabras en todo el planeta ni en todas las lenguas para justificar esta locura universal que hoy definitivamente se mantiene y hasta pretende ser justificada por personajes impresentables.

Y es que lo que impera hoy en todas las geografías del mundo ya no es solamente la muerte, ni solamente la injusticia. Lo que interpela hoy no es sólo la imposibilidad de acuerdos sino el hecho feroz de la muerte como sistema de eliminación y conquista. Ése es, en sí, el mandato maldito que se pretende ocultar para justificar lo injustificable. Por eso la gravedad de esta hora en la que el horror que cubre al Planeta Tierra se define mediante la eliminación masiva de seres humanos.

En esencia, y sea meramente culposo o injustificado, lo que espanta es el dolor que imponen y representan esos presidentes dedicados a exterminar a millones de seres humanos de todas las edades que –sean palestinos, libaneses, persas, negros, blancos, europeos y/o de cualesquiera otras etnias– todo lo que quieren es sobrevivir y recuperar la paz productiva.

Porque todos han sido víctimas, todos fueron y son manipulados, y todos fueron culpados y apaleados imperdonablemente. He aquí, pues, que ése es hoy en día el drama de la Humanidad: uno en el que claramente falta el Papa Francisco y ya algunos procuran ningunear al Papa León 14. Y particularmente a nosotros, argentinas y argentinos que nos encontramos maniatados por una bestia gobernante y también –todo sea dicho– por la cagonería de chorros que gobiernan mintiendo y que en todas las provincias roban y falsean y así despedazan y entregan nuestra Patria, pedacito a pedacito, corrompiendo y robando como las largas catervas de supuestos “libertarios” que de opositores pasaron velozmente a saqueadores.

Y además de ademases lo peor de todo es que a este ritmo lo que se viene puede llegar a ser peor que todo lo peor ya conocido. Y disculparán lectoras y lectores el dolor que impregna esta nota. Pero es que no tiene sentido fingir cuando lo que está imperando es la muerte, no la justicia y mucho menos la esperanza.

Las matazones, los feroces bombardeos, la violencia generalizada y la renovada barbarie están hoy descontroladas y no parece haber otros máximos responsables además de Trump y Netayanhu, quienes, guste que se diga o no, son quienes desataron las más bestiales matazones al pueblo Palestino –en Gaza, donde prácticamente los extinguieron – y ahora sobre el pueblo Libanés al Sur de Israel.

Sonará disgustoso para algunos –cierto es– pero sin eufemismos hay que reconocer que también estas brutalidades pusieron en marcha los motores de esta 3ª Guerra mundial aún no declarada pero fácticamente ya desatada con total ferocidad. Y es indesmentible que si esta guerra empezó fue porque hubo líderes que la iniciaron y hoy la sostienen.

Todo lo demás es muy doloroso en los más variados sentidos: las pérdidas humanas, de judíos y musulmanes, de católicos y no católicos, de todas las edades y procedencias, han sido las numerosas víctimas de las crueles decisiones de esos dos presidentes, quienes lideran y deciden el actual y perverso sistema bélico que configura una guerra que es más horrible y perversa que todas las registradas en la Historia de la Humanidad, porque también si se la considera no-guerra ofende, ya que potencialmente puede matar a toda la especie humana.

De ahí que lo que están haciendo estos Señores de la Guerra –ensoberbecidos y violentos y que encima distorsionan y predican mentiras en la tele mundial– es lisa y llanamente imperdonable.

Y lo demás, lo que completa esa brutalidad es el hecho cierto e indesmentible de que a esos señores, devenidos humanoides que matan por decenas y por cientos, no les importa –y probadamente no les importa– lanzar bombazos para un lado o para el otro. Como no les importa establecer si fue un miembro de ésta o aquella presidencia, o si el que daba las órdenes de disparar era cristiano, judío o musulmán.

Lo que hay que decir, y subrayar, es que todas las participaciones, excusas, aspiraciones, justificaciones y discursos de cada una de las partes asesinas son injustificables, y esto condena a los más cautos y a los disimulados, y obviamente a los más soberbios. No hay palabras en todo el planeta ni en todas las lenguas para justificar esta locura universal que hoy definitivamente se mantiene y hasta pretende ser justificada por personajes impresentables.

Y es que lo que impera hoy en todas las geografías del mundo ya no es solamente la muerte, ni solamente la injusticia. Lo que interpela hoy no es sólo la imposibilidad de acuerdos sino el hecho feroz de la muerte como sistema de eliminación y conquista. Ése es, en sí, el mandato maldito que se pretende ocultar para justificar lo injustificable. Por eso la gravedad de esta hora en la que el horror que cubre al Planeta Tierra se define mediante la eliminación masiva de seres humanos.

En esencia, y sea meramente culposo o injustificado, lo que espanta es el dolor que imponen y representan esos presidentes dedicados a exterminar a millones de seres humanos de todas las edades que –sean palestinos, libaneses, persas, negros, blancos, europeos y/o de cualesquiera otras etnias– todo lo que quieren es sobrevivir y recuperar la paz productiva.

Porque todos han sido víctimas, todos fueron y son manipulados, y todos fueron culpados y apaleados imperdonablemente. He aquí, pues, que ése es hoy en día el drama de la Humanidad: uno en el que claramente falta el Papa Francisco y ya algunos procuran ningunear al Papa León 14. Y particularmente a nosotros, argentinas y argentinos que nos encontramos maniatados por una bestia gobernante y también –todo sea dicho– por la cagonería de chorros que gobiernan mintiendo y que en todas las provincias roban y falsean y así despedazan y entregan nuestra Patria, pedacito a pedacito, corrompiendo y robando como las largas catervas de supuestos “libertarios” que de opositores pasaron velozmente a saqueadores.

Y además de ademases lo peor de todo es que a este ritmo lo que se viene puede llegar a ser peor que todo lo peor ya conocido. Y disculparán lectoras y lectores el dolor que impregna esta nota. Pero es que no tiene sentido fingir cuando lo que está imperando es la muerte, no la justicia y mucho menos la esperanza.

PÁGINA/12 DdA, XXII/6320

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