miércoles, 22 de abril de 2026

LO QUE "EL CASO" CONTABA DE LA ESPAÑA DE LA DICTADURA



Paco Arenas

Con Franco había tanta seguridad que podías dejar la puerta abierta... principalmente para que los vecinos no tuvieran que echarla abajo cuando oyeran los gritos de la pequeña anomalía de turno.
Había mucho cariño y respeto en la familia, como podemos ver en esta noticia:
«Anciana apaleada por su sobrino pedigüeño» El chaval solo pedía con insistencia veinte duros para comprar caballo:
—¿Cómo que veinte duros para caballo, si tú eres más borrico que el asno de mi hermano?
El muchacho tuvo un pronto. Lo de apalear a la tía no fue violencia, fue violencia intrafamiliar por culpa de un pequeño equívoco intergeneracional. También por una falta de liquidez en el sector equino. Seguramente, en el juicio, el abogado argumentó que la anciana provocó al sobrino al no tener cambio de cinco duros, hiriendo su sensibilidad de pariente pobre.
Las mujeres no necesitaban ir en minifalda para que los machos ibéricos se sintiesen provocados. Algunos con mala memoria decían que las mujeres podían cruzar España solas con un collar de perlas puesto. Bueno, si eras una «gitanilla», la seguridad consistía en que te «cosieran a puñaladas» tras ser violada. Pero claro, aquello no contaba como inseguridad ciudadana; era, como mucho, un «incidente folclórico y pintoresco». En aquellos tiempos no sé les podía echar la culpa a los extranjeros, ¿quién iba a venir aquí a trabajar si había cuatro millones de españoles trabajando en el extranjero? En un país sin extranjeros, el cupo de odio racista lo cubríamos, al estilo de Carlos Baute, con el producto nacional, que para eso éramos muy patriotas.
Pero también estaban en aquella época los pandilleros, esos que iban espiando a las parejas con navaja en mano, y que tras pegarle paliza al novio, a ella…
Y qué decir del «basurero borracho e infiel que ahoga a su esposa». Un caballero español de los pies a la cabeza. Si es que la culpa era de ellas, que se empeñaban en no flotar mientras ellos ejercían su derecho constitucional al uxoricidio por honor, porque si ante un juez alegaban que la infiel era ella, tenían derecho a matarla, porque era suya, y eso cualquier juez de la época lo comprendía a las mil maravillas, los de ahora, algunos también. Entre el Soberano (que era cosa de hombres) y el Código Penal (que también lo era), matar a la mujer era casi un trámite administrativo, como renovarse el carné de identidad, pero con más agua de por medio. Lo de ser basurero, eso era secundario.
Había tanta seguridad que incluso en el cementerio te daban sorpresas: «Veló a un muerto que no era el suyo» En la España de Franco, ni los muertos estaban seguros de ser quienes decían ser. Entonces las pruebas de ADN, no existían; de eso no tenía la culpa nadie.
En definitiva, El Caso era un noticiario, o un parte de guerra testigo de una sociedad que, de tanto orden que tenía, se deshacía en crímenes pasionales, navajazos en descampados y borracheras de honor. Había tanta seguridad que, si te mataban, podías estar tranquilo: saldrías en la portada de los sábados por solo un par de pesetas.
De todo lo bueno que dicen de aquellos tiempos, (ahora que ya sabemos quién era M. Rajoy, bueno menos los jueces) Todo es mentira salvo alguna cosa, ¿o era al revés?

DdA, XXII/6322

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