jueves, 2 de abril de 2026

LA SEMANA SANTA Y LA GUERRA CULTURAL QUE ESTÁ GANANDO LA EXTREMA DERECHA

 ¿Al suelo! Que vuelve el pasado 

Después de evocar las magníficas dotes de narrador oral que caracterizaban a nuestro recordado colega Gregorio Morán, del que se sirve su amigo Xuan Cándano para el titular de su artículo, el periodista asturiano considera que llegada la democracia y el Estado aconfesional, aquella España negra y lúgubre de la Semana Santa nacionalcatólica nunca se llegó a ir del todo, aunque la ley y los avances sociales obligaran a curas y militares a regresar a sus espacios naturales, que no son las calles, sino las iglesias y los cuarteles. La ola reaccionaria que invade el mundo entero está haciendo que vuelvan por sus pasos, y no solo en Semana Santa. Desde hace ya años proliferan en España inventos disfrazados de tradición en las calles, como la Semana Santa en Oviedo, impulsada por el Ayuntamiento del PP, y juras de bandera y otras exaltaciones militares en Escuelas e Institutos públicos con presencia de uniformados. También se organizan exhibiciones policiales para los chavales en grandes recintos al aire libre.

Salida de la procesión de la Hermandad de Santa Cruz, iglesia de San José (Xixón) | Foto: David Aguilar Sánchez
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Xuan CándanoNortes 

Gregorio Morán era un fantástico narrador oral. De sus historias, contadas ante un mantel o en interminables conversaciones telefónicas, disfruté tanto que las echo en falta con la misma nostalgia que a sus artículos sabatinos. Una de las que mejor recuerdo evocaba sus años de adolescente en Oviedo en los años 50, cuando la Semana Santa, exaltación del nacional-catolicismo y de la represión franquista, era un espectáculo tenebroso que provocaba recelo y miedo en un chaval curioso como Gregorio. Nunca olvidó una ocasión en la que al cruzar una esquina de la ciudad se encontró con una procesión en la que iba su padre y de golpe se oyó el grito estremecedor de un varón con modos militares, dando una orden a la multitud que se agolpaba en la calle:

– !Al suelo!, !Al suelo!

Y la gente, creyentes, curiosos o paseantes como Gregorio, tenían que hincar las rodillas al suelo mientras pasaba lo que para aquel rapaz era una tétrica procesión con curas y militares ejerciendo la autoridad en los años más duros de la dictadura.

Llegó la democracia y con ella el Estado aconfesional que proclama la Constitución, pero aquella España negra y lúgubre nunca se llegó a ir del todo, aunque la ley y los avances sociales obligaran a curas y militares a regresar a sus espacios naturales, que no son las calles, sino las iglesias y los cuarteles. La ola reaccionaria que invade el mundo entero está haciendo que vuelvan por sus pasos, y no solo en Semana Santa.

Desde hace ya años proliferan en España inventos disfrazados de tradición en las calles, como la Semana Santa en Oviedo, impulsada por el Ayuntamiento del PP, y juras de bandera y otras exaltaciones militares en Escuelas e Institutos públicos con presencia de uniformados. También se organizan exhibiciones policiales para los chavales en grandes recintos al aire libre.

La Semana Santa ovetense es un artificio copiado de Andalucía, en pasos, procesiones y hermandades, algo totalmente ajeno a las tradiciones asturianas. Celebrar “La Madrugá” en la capital asturiana es como si en Sevilla se pusieran a festejar la alborá, que es como en Asturias denominamos al amanecer, con una espicha en el centro de la ciudad el Día de la Virgen de Covadonga. En la sevillana Semana Santa importada a Asturias resalta el protagonismo de la Hermandad de los Estudiantes, donde en realidad los que destacan entre sus miembros son policías y militares.

Procesión en Avilés, en 1963
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Los Estudiantes no ocultan su andalucismo, desde el pregón hasta el último acto de su programación, ni su identificación con el ideario ultraconservador, en la línea del Arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, a quien acaban de homenajear y con quien mantienen una estrecha relación. Sanz Montes les orienta en sus proyectos, como en una nueva procesión que comenzó a celebrarse este año antes de la Semana Santa, el Martes de Pasión, por recomendación del Arzobispo. La preside la imagen el Cristo de Lombardía, sacado para la ocasión del Acuartelamiento militar Cabo Noval.

Otra procesión que se celebró por primera vez este año en Oviedo, también la semana pasada, tuvo por protagonistas a estudiantes de verdad, casi sesenta niños y niñas del colegio público Villafría. Salieron a la calle con dos pasos, el Cristo Crucificado y la Virgen de la Esperanza, con capirotes, hábitos, mantillas, peinetas, cirios y el acompañamiento de una banda musical, además de padres, madres y profesores. La de Religión era la organizadora, con la aprobación del Consejo Escolar, como si se tratara de una actividad extraescolar. “Es como si fuera llingua o Cultura Asturiana”, se justificaba el director del colegio ante la prensa.

O sea, como si le diera a la profesora de llingua por sacar en manifestación a los escolinos por las calles de Uviéu pidiendo la cooficialidá, un despropósito similar que sin duda el director o el Consejo Escolar no consentirían. “La actividad extraescolar” de Religión acabó en una iglesia con los alumnos entonando “Que canten los niños” de José Luis Perales incitados por la profesora. Para un demócrata, sea católico, agnóstico, ateo o seguidor de cualquier religión, todo este espectáculo resulta efectivamente un verdadero cante, con los niños de intérpretes. “¿Dónde está el mandato constitucional de respeto a las creencias individuales?”, se preguntaba en estas mismas páginas Luis Fernández [1]

También la semana pasada representantes del Ejército, la Guardia Civil y la Policía Nacional acudieron uniformados al IES de La Ería de Oviedo para animar a cientos de estudiantes, durante Las Jornadas de Orientación Laboral, a ingresar en estos cuerpos. El Jefe de Reclutamiento de la Delegación de Defensa afirmó que “a los jóvenes les gusta la disciplina, el uniforme y les gusta su país”. Su país le gusta a prácticamente a la totalidad de los ciudadanos del mundo, con excepción de los apátridas o la gente condenada al desarraigo. Pero si es cierto lo que dice el comandante y a los chavales les gusta la disciplina y el uniforme estamos ante una excepcionalidad similar, porque es consustancial a la juventud la indisciplina y la rebeldía. Una curiosa singularidad de estos tiempos de regresión reaccionaria, que evidencia el éxito entre los jóvenes de las propuestas de la extrema derecha.

Adoctrinar no es explicar a los estudiantes el golpe de Estado de 1936 o la represión de la dictadura franquista, eso es una obligación docente

Estos actos están impulsados por los orientadores de los centros, una profesora en el caso del IES de La Ería. Otra singularidad, porque los docentes deberían orientar y educar a sus alumnos en el pacifismo y la no violencia, especialmente ahora con guerras agitadas por estadistas imperiales, fanáticos enloquecidos capaces de arrastrar a esos chavales a otros desastres como los que estudian en las aulas, para los que serían carne de cañón.

Harían bien en orientarlos hacia las lecturas de pensadores y escritores como Leon Tolstói, Bertrand Russell o George Orwell, humanistas que padecieron la tragedia de las guerras y dejaron para los jóvenes obras memorables que incitan a la paz, en el mundo y en el espíritu del ser humano. También podrían proyectar en los centros escolares, y luego comentar con los alumnos, obras maestras del cine como “Senderos de gloria” de Stanley Kubrick, donde en las trincheras invadidas por el frío, el barro, las ratas y el miedo nunca resisten los ricos y los poderosos que provocan las guerras, sino los pobres que las padecen. O llevar a los chavales a los museos a contemplar cuadros de Rubens, Goya o Picasso, en los que el drama de los conflictos bélicos sobrecoge y entra directamente por los ojos. Y sin moverse de las aulas podrían escuchar canciones antibelicistas de George Brasens o Víctor Manuel, capaces de conmover e instruir al mismo tiempo.

La extrema derecha ha iniciado en el mundo, asolado por otras reales, incluso en Europa, una guerra cultural. Y la está ganando, estas exhibiciones militares y religiosas en centros escolares públicos son buena muestra de ello. No sé si resultan más deprimentes este tipo de celebraciones en un Estado democrático, que no existe sin separación de poderes y laicismo, o la escasa inquietud que despiertan en la ciudanía, más allá de la perplejidad de los demócratas. En Asturias solo ha alzado la voz el sindicato SUATEA [2]

Izado de bandera en el colegio público La Gesta
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Adoctrinar no es explicar a los estudiantes el golpe de Estado de 1936 o la represión de la dictadura franquista, eso es una obligación docente. Orientar a los chavales en los centros escolares públicos hacia la religión, cualquiera de ellas, o hacia el agnosticismo o el ateísmo, los uniformes y la disciplina militar, o la anarquía y la indisciplina, como si no tuvieran el derecho a tener una educación de calidad y a elegir libremente sus ideas y sus destinos al llegar a la edad madura, es una auténtica aberración.

En eso consiste exactamente el adoctrinamiento. El que reinaba en aquellos tiempos en los que tenías que obedecer incluso a una voz insolente que te ordenaba arrodillarte en el suelo al paso de una procesión religiosa. Que parezca que vuelven ahora produce los mismos escalofríos que sentía Gregorio Morán, que cuando creció y se hizo maduro decidió no volver a hincar las rodillas.

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Notas Asturias Laica
En el blog de Asturias Laica:

[1] Fantasmas del pasado | Luis Fernández

[2] SUATEA cuestiona la “procesión escolar” en el CP Villafría de Uviéu

ASTURIAS LAICA  DdA, XXII/6304

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