Lazarillo
Hace unos días, en el juicio o lo que sea contra la cúpula del Ministerio del Interior que se celebra en la Audiencia Nacional, observamos a quien fuera vicepresidenta del Gobierno de entonces con M. Rajoy en La Moncloa, Soraya Sanz de Santamaría. Algunos, hace muchos años, defendiendo el derecho a la libertad de expresión en los medios de comunicación, probamos un banquillo literal sin respaldo y debimos descruzar la piernas a requerimiento de la autoridad judicial. Mucho más tarde, el propio Pablo Iglesias hubo de hacer lo propio, pero la vicepresidenta de M. Rajoy no fue molestada en ese sentido durante su concisa y casi monosilábica comparecencia en la Audiencia Nacional. Se la ve cómoda y hasta relajada, aunque atacada de la misma amnesia que sufre su partido con el caso Kitchen. Claro que, como dice alguien a propósito de la doble imagen, ¿vas tú a comparar el valor de la vicepresidencia de un miembro del Gobierno del partido más corrupto de Europa, con la vicepresidencia del de un miembro de un partido como Podemos, denunciado e investigado por activa y por pasiva, sin una sola sentencia condenatoria en su haber? No podemos hacer otra cosa si la justicia igual para todos nos pone tan fácil la comparanza.
DdA, XXII/6328

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