Si quienes estaban entonces siguen ahora, escribe Miñano, no hay ruptura, no hay limpieza, no hay regeneración. Hay continuidad. Y ahí está el núcleo del problema: no es solo lo que ocurrió, sino lo que se mantiene. Cuando un partido intenta cerrar en falso sus episodios más oscuros apelando al tiempo, pero conserva a los mismos protagonistas en posiciones de poder, la corrupción deja de ser pasado para convertirse en presente.
Es Javier Arenas: toda una vida instalado en la política, ejemplo de esa cultura de poder que convierte lo público en una carrera perpetua. Un “señorito” político sostenido por los impuestos de los ciudadanos, con un historial de declaraciones cuestionadas y una forma de actuar que muchos consideran ajena a cualquier exigencia real de responsabilidades.
Declaró en la trama Kitchen, uno de los episodios más graves por el presunto uso de recursos del Estado para tapar corrupción. Y aquí llega el argumento recurrente del Partido Popular: dicen que eso ocurrió “hace cuatro legislaturas”, como si el paso del tiempo borrara los hechos o diluyera las responsabilidades. Pero lo que no dicen es lo importante: que hasta una veintena de dirigentes vinculados a esa etapa siguen hoy dentro del partido, ocupando cargos o influyendo directamente en su rumbo.
Ese silencio no es casual. Porque desmonta el relato de renovación. Si quienes estaban entonces siguen ahora, no hay ruptura, no hay limpieza, no hay regeneración. Hay continuidad.
Y ahí está el núcleo del problema: no es solo lo que ocurrió, sino lo que se mantiene. Cuando un partido intenta cerrar en falso sus episodios más oscuros apelando al tiempo, pero conserva a los mismos protagonistas en posiciones de poder, la corrupción deja de ser pasado para convertirse en presente.
No es una cuestión de memoria, es una cuestión de coherencia. Y mientras esa coherencia no exista, el discurso de cambio no será más que eso: discurso.
La conclusión es incómoda pero difícil de esquivar: cuando no hay una ruptura real, cuando los protagonistas siguen siendo los mismos dentro del PP, la corrupción deja de ser un episodio para convertirse en una característica persistente. No es algo que “pasó”, es algo que no se ha resuelto.
DdA, XXII/6329

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