jueves, 30 de abril de 2026

EL PARTIDO POPULAR Y EL PERIODISMO DE PERSECUCIÓN Y ACOSO



Félix Población

Hubo un tiempo, que sólo recordarán los mayores en edad y memoria, en que una mayoría de electores en España se caracterizaba por pensar y votar a lo que se llamaba el centro político. Ni la derecha de Fraga, franquista, ni el PSOE de Felipe, tibiamente socialdemócrata. Los de ahora no son aquellos tiempos. A la derecha de Fraga, tan derecha casi como entonces, y a la extrema derecha, se la vota hasta el punto de que su suma podría llevarnos al pasado más pasado que dábamos por pasado. El centro no existe y asistimos a lo que no ocurriría cuando este país ostentaba su centrismo para olvidarse un poco del viejo régimen: un tipo, al que algunos medios llaman agitador y otros periodista -aunque no llegó a terminar la carrera-, persigue y acosa a la esposa del Presidente del Gobierno en un restaurante, siguiendo la tónica que lo caracteriza con aquellos políticos o periodistas progresistas. Pesan sobre este individuo, al que también se le llama agitador, varias querellas y causas con la justicia por su entendimiento agresivo de la profesión, pero el tipo -respetado, alabado y hasta pagado por la derecha extrema- persiste en su actividad, manteniéndola incluso en el propio Congreso de los Diputados, donde el resto de periodistas parlamentarios ha planteado su expulsión. Todos los partidos de aquella España centrista de la transición -sin mayúscula santificadora- hubiesen condenado a este acosador, de haberse dado entonces este espécimen, pero al día de hoy, el Partido Popular no sólo no lo condena sino que, además de invitarlo a sus mítines fin de campaña como hizo no hace mucho en Aragón, toma frívolamente a chufla la reciente persecución y acoso contra Begoña Gómez, que ha denunciado al sujeto, al que vuelve a defender el PP y su lideresa Ayuso, y  sobre el que la Fiscalía pide una pena de dos años de cárcel por denigrar en una entrevista a una mujer con discapacidad intelectual del 75 por ciento. Se está llegando demasiado lejos en tolerancia con quienes, siendo capaces de esto último, ganan con sus episodios de provocación y acoso una notoriedad que no merecen en las redes sociales y también en los medios de información. Si en este país un agitador, acosador o activista hiciera lo mismo que este sujeto con políticos o periodistas de derecha o extrema derecha, todos estamos convencidos de que su trayectoria profesional hubiera sido fugaz. También deberíamos estar convencidos de que sólo desde posturas contrarias a la democracia, o que tratan de socavarla, pueden aflorar individuos como el citado, pagados en origen por el mayor partido de la oposición, que también ha vuelto a ser el de su origen.

DdA, XXII/6330

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