Alberto Gil
Gonzalo Suárez, en la gala de los Goya (lo recordaba Amelia Magro Ruiz en este foro), señalaba a ese personaje “que juega al golf con nuestro mundo impunemente, tratando de meterlo en el agujero más negro”. Y creo que el sabio cineasta y escritor ha acertado en esa alusión al agujero más negro.
A veces, uno tiene la sensación de que el pozo sin fondo de hedor y miseria moral encarnado por el sujeto, sus lugartenientes, siervos y aliados, es un gigantesco sumidero en la historia. Un lugar por el que transitas y que te tragará sin remedio y sin que haya vuelta atrás, porque es demasiado poderoso para sortearlo.
Duele descubrir cómo su oscura presencia se ha vuelto una constante en los medios, desde hace tiempo y bajo distintas “etiquetas”: Venezuela, Ucrania, ICE, Gaza, Cuba, Teherán… Todas ellas le dan un protagonismo excesivo y provocan cierto pesimismo. Hasta el punto de que a veces hay que reafirmarse en que la realidad sigue siendo rica, diversa y estimulante fuera de ese profundo agujero negro. Y que si te asomas a él y te llega su fetidez significa que todavía estás en condiciones de preservar una buena dosis de humanidad.

2 comentarios:
No sé si el símil del "agujero negro" es muy ilustrativo... A no ser, claro, que se trate más de una metáfora escatológica (lo que podría venir indicado por la insistencia en la "fetidez", pero entonces, ¿en el culo de quién se quiere meter/ocultar la humanidad?, ¿de algún Dios legitimador de tanta barbarie?, ¿de los amos del mundo que mueven el sistema a su capricho?)... Porque, desde el punto de vista físico, es difícil decir que hay una pretensión de llevar la humanidad hacia un agujero negro como región del espacio-tiempo con una gravedad tan intensa que nada ni nadie, ni siquiera la luz, puede escapar (porque, además, ¿del colapso de qué estrella masiva en los estertores finales se ha formado ese agujero negro?, ¿cuál sería su límite, su "horizonte de sucesos", entendido como el punto de no retorno, que lo convierte en un objeto invisible que sólo se podría detectar por sus efectos en la materia cercana; porque si todo lo humano queda sumido en el agujero negro, ¿quién puede dar cuenta de su existencia?, o, más aún, ¿qué importancia tendría ya para nadie?). En definitiva, es peligroso el uso de analogías, símiles o metáforas científicas (o escatológicas) sin calibrar bien todas sus consecuencias... Es algo que los dialécticos materialistas criticamos siempre a los postmodernos, por su tendencia a hacerlo convirtiendo el discurso en una mera forma de hablar sin sentido específico.
Es evidente que el artículo tiene unas valiosas intenciones humanistas que no podemos por menos que compartir... Pero se trata de primar y argumentar esas intenciones explícitamente, sin analogías con derivadas que oscurecen más que aclaran.
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