Alberto Gil
Gonzalo Suárez, en la gala de los Goya (lo recordaba Amelia Magro Ruiz en este foro), señalaba a ese personaje “que juega al golf con nuestro mundo impunemente, tratando de meterlo en el agujero más negro”. Y creo que el sabio cineasta y escritor ha acertado en esa alusión al agujero más negro.
A veces, uno tiene la sensación de que el pozo sin fondo de hedor y miseria moral encarnado por el sujeto, sus lugartenientes, siervos y aliados, es un gigantesco sumidero en la historia. Un lugar por el que transitas y que te tragará sin remedio y sin que haya vuelta atrás, porque es demasiado poderoso para sortearlo.
Duele descubrir cómo su oscura presencia se ha vuelto una constante en los medios, desde hace tiempo y bajo distintas “etiquetas”: Venezuela, Ucrania, ICE, Gaza, Cuba, Teherán… Todas ellas le dan un protagonismo excesivo y provocan cierto pesimismo. Hasta el punto de que a veces hay que reafirmarse en que la realidad sigue siendo rica, diversa y estimulante fuera de ese profundo agujero negro. Y que si te asomas a él y te llega su fetidez significa que todavía estás en condiciones de preservar una buena dosis de humanidad.

No hay comentarios:
Publicar un comentario