Cree el firmante que el votante de derechas no premia la responsabilidad ni el orden, sino el esperpento, y ahí Vox no tiene rival. En esperpento competirá el PP –Feijóo ya está en ello– y en contra o a favor de ese esperpento votará o no la población española en la gran cita de 2027. Castilla y León nos dice que el duelo PP-PSOE, incluso en las zonas de tradición de derechas, podría estar igualado, pero que, en la segunda línea del combate, Vox arrasa a la izquierda. Por eso, ante la cita con unas elecciones generales, cabe preguntarse si el votante de esa izquierda a la izquierda del PSOE se movilizará contra el esperpento derechista o con el propio tendrá bastante.
Gerardo Tecé
Tras el último ciclo electoral, una ardilla podría ir de Badajoz a Teruel casi sin cruzarse con diputados autonómicos a la izquierda del PSOE. Quizá la unidad para enfrentar a las derechas de la que tanto habla Rufián ya se haya puesto en marcha entre el electorado: el enésimo naufragio de la izquierda, esta vez en Castilla y León, coincide con la primera subida del PSOE desde que a Sánchez le brotaron con fuerza las canas. El problema ha sido el voto útil, dijo el candidato de IU-Sumar tras el desastre, sin caer en la cuenta de que el candidato de un partido no debería calificar de útil que los votos se los den a otro. Si el 15M comenzó como una denuncia contra la política profesional, quizá 15 años más tarde haya llegado el momento de pedir políticos profesionales, si por profesionalidad entendemos saber hacer lo tuyo. En el caso del fontanero, arreglar tuberías, en el del político, conseguir los votos que se traduzcan en fuerza para mejorar las cosas. En Castilla y León, como en tantas otras citas anteriores, las diferentes izquierdas a la izquierda del PSOE jugaron limpio, bonito, pimpampum, qué buen toque tienen, hablaron de lo que había que hablar, se sintieron satisfechas con sus campañas y se fueron a casa mientras la derecha celebraba la goleada. El doble de votos el friki de Alvise que Podemos, dan saltos de alegría y burla los medios de comunicación que ya no mienten contra el partido morado porque no lo necesitan. El resultado no ha sido bueno, pero estamos orgullosos de haber defendido lo correcto, repiten una y otra vez las candidaturas de izquierdas mientras son sistemáticamente devoradas por los ultras. La política, ya lo sabemos, no va de tener razón, sino de que te la den.
Si algún despistado encendió la tele el pasado domingo con el escrutinio acabado y se encontró con el PSOE de Castilla y León sobre el escenario, le dio un patatús con la sorpresa. ¿Hemos sacado mayoría absoluta?, se preguntaban desde casa los afines. ¿Veis como tenía razón Doña Isabel Durán y las elecciones están trucadas?, se encendieron los contrarios. En todo caso, un resultado sorprendente. No se entienden de otro modo las lágrimas de emoción, los gestos de celebración de gol mirando a la militancia, los abrazos de euforia o las declaraciones rotundas. “Hemos sabido entender a la perfección este territorio”, celebraba el candidato socialista en unas elecciones que, no se lo van a creer, ganó el PP de la mano de una ultraderecha que logra su récord en porcentaje de voto. Son tiempos jodidos estos. Alguien decía que, hoy, ver una serie del tirón sin mirar el móvil equivale en mérito y concentración a leerse un libro. También son tiempos en los que una derrota se saborea como un triunfo si el proyecto no colapsó. Un desastre agridulce, podríamos llamarlo. Enfrentar la extinción desde la serenidad, si fuésemos dinosaurios. Podrán quitarnos los votos, pero no las palabras con las que enmascarar derrotas.
El síntoma más claro de las sociedades en decadencia es el desprecio hacia la ciencia. Y la ciencia del día a día es la calculadora. Nadie le hace caso. Ni los que celebran derrotas como si fueran victorias ni los que creen que las victorias parciales son absolutas. Queremos gobernar solos, dicen desde un PP al que Vox le sopla la nuca. Quienes hace unos años ya se echaron en brazos de la ultraderecha creen que ahora que la ultraderecha está más fuerte que nunca va a conformarse con quedarse mirando desde fuera. Cómo de mal estará la cosa para que sean los ultras los que acierten con los números cuando responden: ni de coña. Se abre un nuevo ciclo político en el que el PP puede tener una cosa clara: Vox impondrá su agenda trumpista y el PP va a permitirlo. De lo contrario, la ultraderecha se saldrá de nuevo de los gobiernos, precipitará elecciones y volverá a subir, como ya ha ocurrido. El votante de derechas no premia la responsabilidad ni el orden, sino el esperpento, y ahí Vox no tiene rival. En esperpento competirá el PP –Feijóo ya está en ello– y en contra o a favor de ese esperpento votará o no la población española en la gran cita de 2027. Castilla y León nos dice que el duelo PP-PSOE, incluso en las zonas de tradición de derechas, podría estar igualado, pero que, en la segunda línea del combate, Vox arrasa a la izquierda. ¿Se movilizará el votante a la izquierda del PSOE contra el esperpento derechista o con el esperpento propio tendrá suficiente?
CTXT DdA, XXII/6293

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