Félix Población
Pongámonos en el más que supuesto caso de existieran en activo ejercicio en este país informadores o similar campando a sus anchas por las instituciones o sus alrededores, entre cuyas frecuentes características "profesionales" estuviera la de acosar y hostigar a los senadores y diputados de ideología conservadora o ultraconservadora, tanto varones como mujeres, así como a los periodistas de similar tendencia. ¿Creen ustedes que estos provocadores serían despachados de la circulación lo más brevemente posible o se mantendrían durante meses y meses ejerciendo impunemente su papel? Me parece que coincidirán conmigo en que ese libre albedrío de persecución y hostigamiento habría tenido mucha menor recorrido de impunidad que el que se le está permitiendo a un agitador de extrema derecha que, bajo el señuelo de dedicarse al periodismo con un micrófono en la mano, ha pasado de perseguir y acosar a una comunicadora a agredirla. La víctima ha sido la tertuliana de televisión Sarah Santaolalla, que ha tenido que ser asistida en un centro sanitario. Ocurrió lo mismo con una senadora del PSOE, que también se sintió agredida por ese individuo, y tanto una como otra han pasado a denunciarlo. Todos los partidos políticos, menos el Partido Popular y Vox, instaron ayer a la Cámara Alta, a través de una iniciativa no vinculante, a “promover las medidas necesarias para garantizar que ninguna mujer vuelva a ser acosada” por tal sujeto o similares. Por la elusión de esas dos formaciones políticas cada vez más parecidas, negándose a ese respaldo, se diría que una y otra pretenden defender ese ejercicio literalmente agresor del periodismo, y por lo tanto punible, por el único motivo de es favorable a las tendencias ideológicas que uno y otro partido representan. (De hecho, el sujeto no nombrado cerró una campaña electoral del PP en Zaragoza no hace mucho). Con ello evidencian su grado de compromiso democrático y el entendimiento que tienen de una profesión primordial para valorar el grado de madurez democrática de un país. Por la salud de ésta no se debería permitir lo que la debilita, como es el caso de este tipo de inadmisibles incidencias.
DdA, XXII/6279

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