miércoles, 11 de marzo de 2026

ESA MÁQUINA DE BILLETES LLAMADA VOX

Las continuas denuncias de autoritarismo, las descripciones detalladas de comportamientos mafiosos, las trampas internas, tienen preocupadísimos a los votantes de la ultraderecha. Gente exigente a la que le quita el sueño este asunto como se lo quitaba, en su momento, las denuncias de Macarena Olona, pionera en la huida, cuando hablaba del desvío de 11 millones de euros de dinero público desde el partido hasta una cuenta bancaria a nombre de Abascal. ¿Qué será lo próximo?, se preguntan los huidos y expulsados de la formación ultraderechista, aún consternados. ¿Que descubramos que Vox es un partido, no sé, machista? No se lo van a creer, pero hay rumores de ello. Aunque desde fuera algo se podía intuir, la confirmación llegó tras la salida de otra ilustre víctima, Rocío Monasterio.

Gerardo Tecé

Empieza a ser costumbre. Cada vez que un miembro de Vox sale escopeteado del partido, se dirige a España cual concursante de Gran Hermano para contar los secretos de la casa: no os lo vais a creer, pero es un chiringuito turbio y autoritario, dicen. Claro, la gente no da crédito: ¿Vox turbio y autoritario? Que alguien nos pellizque. Las últimas víctimas en la batalla por el control de esa máquina de billetes llamada Vox han sido Ortega Smith y Antelo, caras visibles de la ultraderecha madrileña y murciana, respectivamente. El intelectual Ortega Smith –no confundir con Gasset– será recordado por hazañas políticas tales como haber memorizado el brindis de los Tercios de Flandes, sacar a pasear la mano en el Ayuntamiento o explicar que el franquismo era un régimen democrático porque había elecciones que siempre ganaba Franco con soltura. Difícil hablar de fuga de cerebros en según qué purgas. Antelo, tipo con gran trayectoria profesional porque antes de ser apartado de Vox ya fue apartado de la selección española de baloncesto por “problemas de compañerismo”, lamenta, como Ortega Smith, que en el partido de Abascal se practique el bullyng, que los modales brillen por su ausencia. Qué es Vox, sino educación y cuidados, se preguntan ambos, ahora convertidos en iconos woke. No somos nadie.

Las continuas denuncias de autoritarismo, las descripciones detalladas de comportamientos mafiosos, las trampas internas, tienen preocupadísimos a los votantes de la ultraderecha. Gente exigente a la que le quita el sueño este asunto como se lo quitaba, en su momento, las denuncias de Macarena Olona, pionera en la huida, cuando hablaba del desvío de 11 millones de euros de dinero público desde el partido hasta una cuenta bancaria a nombre de Abascal. Que te calles, guarra, argumentaban por aquel entonces centenares de simpatizantes, dejando claro que las bases del partido, tras analizar la situación con detenimiento, discrepaban o no compartían las acusaciones de Olona. Cuando las encuestas castigan a Vox, lo hacen con más votos. Si mañana apareciese el nombre de su líder en los papeles de Epstein, la tendencia seguiría al alza. Es más. Si mañana Abascal se fotografiase sonriente con un genocida, con un asesino de miles de niños, con un tipo que amenaza con dañar a España o que bombardea poblaciones cristianas en Israel, aun así, los votos a Vox aumentarían. Pensé poco, recé mucho, decía un pasaje del brindis que tan célebre hizo a Ortega Smith.

¿Qué será lo próximo?, se preguntan los huidos y expulsados de la formación ultraderechista, aún consternados. ¿Que descubramos que Vox es un partido, no sé, machista? No se lo van a creer, pero hay rumores de ello. Aunque desde fuera algo se podía intuir, la confirmación llegó tras la salida de otra ilustre víctima, Rocío Monasterio. “Me han tratado de manera machista ahí dentro”, dijo al despedirse. ¿Será una denuncia falsa?, se pregunta Soto Ivars sin saber con certeza si son rumores alentados con maldad por quienes quieren dañar al que fuera su partido o si hay algo cierto en estas denuncias hechas por miembros de Vox. Las hay de todos los tipos. Hay quien, incluso, asegura que Vox podría ser un partido homófobo, racista o, no se lo van a creer, fascista. La imaginación al poder. Y la ultraderecha, incapaz de desplazar de las portadas y tertulias a Begoña Gómez ni cuando se multiplican los escándalos y sus fundadores se sinceran, pues también al poder.

CTXT  DdA, XXII/6284


No hay comentarios:

Publicar un comentario