Ana Cardo
La informaciones de Palestine TV no merecen ninguna atención en los medios de información de nuestro país. Las encontramos en las redes sociales, difundidas en este caso por la agencia turca Anadolu y TRT World. Lo que leemos y vemos, a través del vídeo correspondiente, son las heridas provocadas por soldados israelíes sobre la piel de un bebé palestino de 18 meses. Ocurrió en el centro de la Franja de Gaza. La criatura se llama Karim y es hijo de Osama Abu Nasar, que estaba siendo sometido a un interrogatorio en las proximidades del campo de refugiados de Al-Maghazi. Según la versión de los medios citados, Abu Nassar salió con su hijo a buscar suministros y se encontró con disparos cerca de su vivienda. Los soldado le obligaron a dejar al bebé en el suelo para ser desnudado e interrogado. La denuncia, según declaraciones atribuidas al periodista Osama Al-Kahlout, afirma que buscando una confesión del padre, el bebé habría sido torturado con cigarrillos y se le habría incrustado un clavo. Tanto Anadolu como TRT World señalan que un informe médico registró esas quemaduras y esa herida punzante. Cuesta hacerse a la idea de asumir tanto horror, pero la relatora de la ONU para Palestina, Francesca Albanesa, no deja de presentar informes en el Consejo de Derechos Humanos en los que denuncia una y otra vez la tortura que Israel aplica al pueblo palestino, no solo en las cárceles, sino en “todos los territorios”, a través de desplazamientos forzados, bombardeos, asesinatos masivos, privación “y destrucción de todos los medios de vida para causar dolor y sufrimiento colectivo a largo plazo”. Lo que parecía inimaginable es que torturas como la difundida por los medios de comunicación mencionados, empleando la brasa de un cigarrillo sobre la piel de una vida tan tierna como la de un bebé de año y medio, pudiese formar parte de la estrategia de barbarie israelí. Para creerlo, aparte de las informaciones correspondientes, contamos con el balance de la brutal masacre de menores palestinos perpetrada por Israel. El niño fue liberado diez horas después y entregado a su familia a través del Comité Internacional de la Cruz Roja en Al-Maghazi, mientras el padre sigue detenido en Israel. Que este tipo de torturas se den, además, en medio de un supuesto alto el fuego no deja de ser una crudelísima paradoja. Si nuestra Europa ha venido siendo tan indulgente y colaboradora con la barbarie israelí asesinando menores, es abominable que esa indulgencia y colaboración hayan facilitado también a Israel llegar a extremos de sádica crueldad como los de herir así la tierna piel de un bebé delante de su padre.
DdA, XXII/6296



No hay comentarios:
Publicar un comentario