Valentín Martín
Se juntaron Dawn Prestwich, Nicole Yorkin, Mike Barker, Neasa Hardiman, Minkie Sipiro, Wash Westmoreland y Tim Blake Nelson para parir un ratón cojo. La cosa iba de beatificar a Zelda Sayre, esposa de Francis Scott Fitgerald, en la serie The Beginning of Everything que sirvió para confirmar a Cristina Ricci como muy buena actriz. Y para otras cosas.
Por ejemplo: tantos guionistas para una mentira. O varias mentiras. La productora que canceló la serie podría argumentar esto, pero no seamos ingenuos: se trata de dinero. Y escribir sobre escritores no resulta rentable casi nunca, aunque sea Scott Fitzgerald un excelente retratista de épocas, sociedades, y gente. Y con una corta vida donde hubo de todo menos aburrimiento.
Los guionistas se centran en Zelda para sublimar el papel de la mujer y desvaír a Scott Fitzgerald. Están mintiendo. Porque no es cierta esta primera perversión en la que tratan de denunciar que las obras de Scott las escribió Zelda. Ni Scott es Martínez Sierra, ni Zelda María Lejárraga. Tampoco hay que confundir a María, diputada del PSOE, activista, feminista, y autora de una amplia producción literaria propia, con Rosario, la esposa de Cela, a quien algunos han vinculado tanto a la obra del marido que se indignaron al verle bailar el vals en Estocolmo con otra. Rosario pasaba a máquina lo que Camilo escribía con estilográfica, eso sí.
La atrocidad de los guionistas con Scott Fitzgerald hace daño. Es verdad que todos los escritores nos nutrimos de nosotros mismos y fagocitamos a nuestros alrededores. Jorge Guillén recomendaba no escribir nunca lo que no se ha vivido. Pero no cabe una apropiación indebida como la de Churchill con Lord Byron, o la del evangelista Mateo con el Salmerio escrito antes de que naciera Cristo.
Yo no estoy a salvo de cometer una atrocidad al seguir escribiendo a pelo, porque cada minuto que pasa estoy más chaveta. En mi familia el vicio es el vicio, y mi abuelo Paco, que se murió del tabaco, agonizó chupando un caldo de gallina. Pero no puedo defraudar a Lu Pin, el chino del barrio que no escupe en el suelo, y que cuando me ve dice: tú escritor tú mucha pasta. Y chasca los dedos.
Ah, quienes se han cargado a Francis Scott Fitzgerald han sido Jeff Bezos y su mujer. ¿A que nadie se extraña?
DdA, XXII/6295
No hay comentarios:
Publicar un comentario