Paco Arenas
No salen las palabras
A Trump no le importa la democracia en Venezuela, Cuba o Irán. Tampoco las libertades y derechos de las mujeres iraníes, del mismo modo que a Joe Biden no le importó dejar abandonadas a las mujeres afganas después de la retirada estadounidense de Afganistán, donde muchas vieron sus derechos retroceder de golpe ante el silencio hipócrita de Europa.
A Trump le importa el petróleo de Venezuela y de Irán o las tierras raras de Groenlandia, y tal vez mañana decida otro país, para acallar sus escándalos sexuales en la isla Epstein, y porque necesita una guerra para que no se hable de que está hundiendo además la economía estadounidense, y la única forma de resucitarla es incrementado la producción de armas.
Mientras que Israel sueña con Gran Israel, a costa del sufrimiento de generaciones enteras.
La guerra no empieza con un disparo. Empieza mucho antes: cuando alguien decide que la vida de otro vale menos que sus intereses personales. Empieza cuando la persona deja de ser persona y se convierte en cifra, en daño colateral.
Las 153 niñas asesinadas no son un número. No hay cifra en el mundo que dé sentido a un solo cuerpo que dejó de crecer. No son estadísticas: son cuadernos abiertos con dibujos. Son risas que ya no volverán a escucharse, hijas, hermanas, amigas que ya no podrán plantar cara ni a la opresión de la tiranía del régimen iraní, ni a quienes las han matado.
No en mi nombre.
DdA, XXII/6276

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