lunes, 2 de marzo de 2026

153 NIÑAS ASESINADAS NO ES UN NÚMERO, ES LA CONTINUIDAD DE LA BARBARIE


 Convendría no olvidar que los ataques de ayer a Irán se iniciaron con el asesinato masivo de menores, como en la Franja de Gaza, víctimas de un misil israelí contra una escuela iraní. La barbarie estaba asegurada desde el comienzo porque formaba parte de la realidad, no de la IA, como enlodó Musk. ¡Y nuestra Europa le dice a Irán que se deje abatir...! Los grandes países europeos piden a Irán que cese sus ataques indiscriminados, leemos. ¡Qué vergüenza de gobiernos! Lo inmediato será juntarse con quienes iniciaron la barbarie.

Paco Arenas

No salen las palabras
A Trump no le importa la democracia en Venezuela, Cuba o Irán. Tampoco las libertades y derechos de las mujeres iraníes, del mismo modo que a Joe Biden no le importó dejar abandonadas a las mujeres afganas después de la retirada estadounidense de Afganistán, donde muchas vieron sus derechos retroceder de golpe ante el silencio hipócrita de Europa.
A Trump le importa el petróleo de Venezuela y de Irán o las tierras raras de Groenlandia, y tal vez mañana decida otro país, para acallar sus escándalos sexuales en la isla Epstein, y porque necesita una guerra para que no se hable de que está hundiendo además la economía estadounidense, y la única forma de resucitarla es incrementado la producción de armas.
Mientras que Israel sueña con Gran Israel, a costa del sufrimiento de generaciones enteras.
La guerra no empieza con un disparo. Empieza mucho antes: cuando alguien decide que la vida de otro vale menos que sus intereses personales. Empieza cuando la persona deja de ser persona y se convierte en cifra, en daño colateral.
Las 153 niñas asesinadas no son un número. No hay cifra en el mundo que dé sentido a un solo cuerpo que dejó de crecer. No son estadísticas: son cuadernos abiertos con dibujos. Son risas que ya no volverán a escucharse, hijas, hermanas, amigas que ya no podrán plantar cara ni a la opresión de la tiranía del régimen iraní, ni a quienes las han matado.
No en mi nombre.

DdA, XXII/6276

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