Félix Población
Mi siempre apreciada Remedios Palomo nos recuerda hoy, con motivo del fallecimiento de nuestro admirado Gregorio Morán, el efecto que tuvieron en su día en el escritor asturiano las palabras que Hilda Farfante pronunció en el cementerio de la localidad asturiana de Cangas del Narcea el 18 de diciembre de 2001 en memoria y como homenaje a los 84 vecinos asesinados por las tropas golpistas en 1936, entre los que estaban sus padres, maestros republicanos.
Recordaba ayer Diego Díaz en la revista Nortes la querencia que Morán sintió siempre por su tierra, en donde estuvo el pasado verano, según consta en una fotografía tomada en Ribadesella en la que aparecen el escritor junto al cantautor Jerónimo Granda y el periodista Xuan Cándano, del que pronto leeremos un artículo sobre el fallecido columnista.
Hubo una oportunidad para que tanto a Jerónimo Granda como a Gregorio Morán les reconociera Oviedo con la distinción que ambos merecen, propuesta precisamente por Cándano, fundador y director durante toda una década de la revista Atlántica XXI, todo un ejemplo de periodismo independiente y crítico. La iniciativa de hacer del cantautor y el escritor hijos predilectos de Oviedo contó con el respaldo de Somos Oviedo e Izquierda Unida, pero fue vetada por un sector del Partido Socialista, que formaba parte del tripartito de izquierdas que administraba entonces la ciudad. El PSOE no le perdonó a Gregorio Morán las críticas que esta formación política recibió por parte del escritor ovetense.
Es difícil que haya una segunda oportunidad para quien, junto a Jerónimo Granda, dejó y sigue dejando constancia -en el caso de este último- de una obra avalada por su total independencia de criterio y afilada capacidad crítica ante lo establecido, sin casarse nunca con el poder. No deja de ser curioso que Gregorio Morán haya fallecido el mismo día que se perpetró aquel esperpéntico intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, siendo como fue él quien con más denuedo y lucidez desveló las interioridades de la llamada transición democrática a lo largo de sus libros.
Mi estimada Remedios ha querido rescatar hoy uno de los artículos -entre los muchos otros que podrían servirnos para admirar a su autor- por los que Gregorio Morán merece figurar entre los columnistas más sobresalientes de la historia del periodismo español. El grito de Hilda Farfante, publicado en su sección Sabatinas intempestivas del diario La Vanguardia, versa sobre la intervención de la mencionada en el cementerio de Cangas del Narcea aquel día de diciembre: "Hay que pasar 65 años esperando a gritar por los tuyos para poder hablar así, con esa fuerza y con esa fe".
Me temo que vamos a tener que esperar también mucho para que otro columnista como Morán pueda compararse con lo que Gregorio nos ha dejado escrito en libros y periódicos.
PODER Y MANIPULACIÓN
Léase@también: Gran cronista de la Transición y azote del nacionalismo catalán, por Iñaki Ellacuría: Los últimos años de vida Morán no fueron un camino amable. Su vocación de francotirador, su incorrección política y su desprecio por lo que consideraba inane e idiota -como el nuevo periodismo de redes sociales e influencers- le pasaron factura. Especialmente desde que la dirección de La Vanguardia, dirigida por aquel entonces por Màrius Carol, prohibiese en 2017 la publicación de su artículo "Los medios (de comunicación) del Movimiento Nacional", lo que supuso su salida de la cabecera tras tres décadas. Una ruptura que le dejó sin su tribuna preferencial y, lo que es más contraproducente en Cataluña, sin el aval del diario que define quién está en el lado del bien.
DdA, XXII/6272

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