viernes, 20 de febrero de 2026

REPUBLICANISMO Y OBRERISMO: PENSAR EN LA GENTE Y PENSAR EN LA HUMANIDAD



Pablo Batalla

La izquierda tiene dos tradiciones: la obrera y la republicana. Ambas son importantes. La republicana obliga a la obrera a no ser gremial y posibilista; la obrera obliga a la republicana a no ser fantasiosa, a bajar de las nubes.
El obrerismo sin republicanismo es amagüestar con la dictadura de Primo, es moral conservadora o directamente reaccionaria, es ser ramplones y amarrateguis; o es el 'riot porn' y la barricada por la barricada; es venirle muy bien al statu quo en cualquiera de los dos casos. El republicanismo sin obrerismo es lerrouxismo, vacuo alboroto anticlerical, utopismo aventado, una confianza pánfila en el parlamentarismo y la oratoria, reemplazar a los economistas por «expertos en relato», promulgar leyes bonitas que no se cumplan y nos dé igual. Y en ambos casos, es acabar en el fascismo con bastante facilidad en cuanto la Historia sube un par de grados la rueda del termostato. Porque el fascismo vino de ahí; de la degeneración y la degenerada confluencia de esas dos tradiciones.
Cuando desapareció la clase, nos volvimos solo republicanos y empezamos a disparatar. Luego otros decidieron desprenderse del ideal progresista, volverse solo obreristas, y también empezaron a disparatar. En ambos casos estoy viendo a gente querida adentrarse en parajes chungos. El republicanismo ama a la humanidad, pero no piensa en la gente. El obrerismo piensa en la gente, pero no en la humanidad. Y hay que hacer las dos cosas: pensar en la gente y pensar en la humanidad.

DdA, XXII/6268

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